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sábado, 25 de diciembre de 2010

Porno Mental

¿Qué tanto difieren las ideas de límite y fin? ¿Qué tan irrecuperable es el fin?
Mientras releo a Frank Kermode (El sentido de un final. Estudios sobre la teoría de la ficción) pienso en la eficacia de estos términos ¿de qué modo recomienza lo destinado a recomenzar?

Ninguna otra época tuvo tanta memoria disponible como ésta. No regresaré otra vez a Borges y su Funes, sino más bien a los hemisferios que nos tensionan: ¿de qué modo subsisten, culturalmente, la operatividad RAM y el almacenamiento de datos en nuestras vidas? ¿Qué tanto nos pertenece todo lo precedido-almacenado?

Simplemente dedico un tiempo a observar el paisaje de los archivos que fui almacenando en mi disco duro durante los últimos 365 días. Es decir, toda esa información que pasó por mí, del modo que sea. Carpetas dentro de carpetas dentro de carpetas, archivos de imagen, de texto, de video que conforman grupos y subgrupos vecinos en tanto bits.

Si un hacker intentara definirnos por aquello que encuentra en nuestro armario digital ¿a qué conclusión llegaría?

Wikileaks pone en juego la potencia simbólica de lo público y lo privado ¿Cuánto vale nuestra privacidad en la era de la interconexión global? Si estamos hechos de información ¿cuál y cuánto de la información que producimos es realmente privada? ¿Nos resulta realmente saludable estar compuestos de información absolutamente pública?

Pensemos en esta utopía (si es que se trata de una utopía o más bien de un infierno) ¿cómo sería una sociedad en la que todos pudiéramos leer la mente de todos? No se entiendan estas palabras como un ataque a Wikileaks, nada más lejano a eso.

Al contrario, estoy intentando repreguntarme por el nuevo orden de nuestras privacidades ¿Realmente nos gustaría que cada una de nuestras horas transcurriera en un CAM 4 ininterrumpido? ¿Resulta simpático pensarnos en nuestro propio Show de Truman?

¿Quién sos para mí si sólo te conozco de Facebook? Información pública: somos nuestros consumos. Nuestros usos. Nuestras elecciones. ¿Por cuáles de nuestros consumos y elecciones nos gustaría ser recordados?


Odio los obituarios. Sin embargo, esta vez no puedo no regresar a Captain Beefheart, que acaba de abandonarnos hace algunos días.
Trece álbumes imprescindibles (incluso aquellos que él consideraba prescindibles), decenas de pinturas y dibujos que siguen pareciéndonos tan potentes como su voz.

En la teoría narratológica el modelo del iceberg goza de buena salud. Nunca es necesario narrarlo todo ¿todavía no vieron Sinécdoque Nueva York, de Charlie Kaufman?

Una narración no es sino una selección de gestos, una curaduría de actos y perfiles. Para que una narración funcione (así fuimos formateados) no toda la información debe estar disponible. Si existe algo a lo que llamamos pornografía, existe porque vulnera (fuerza, tensiona) los límites de lo privado y lo publico. Sartre fue categórico al respecto: “L'enfer, c'est les autres”.

Desconfío de la utopía de la visibilidad absoluta.

Regreso a los archivos acumulados durante un año. No son más que caminos, y simultáneamente rastros. Son partes de un puzzle que puede rearmarse de mil modos. Son partes de la pluralidad que nos compone. ¿De qué forma vas a armarme esta vez? ¿Y si el hacker trata de definirnos eligiendo los archivos equivocados? ¿Y si nosotros, en tanto hackers, armamos a los demás con los archivos equivocados?

¿Los títulos que leemos en la biblioteca de alguien a quien visitamos son exactamente aquellos que definen lo que es? O mejor ¿qué hacemos con esos títulos?

Volvamos al porno. ¿Qué intimidad es la que ofrecemos en espectáculo?
¿Qué tiene que poseer nuestra intimidad para ser interesante a los demás? El espectáculo es ese lugar donde muchos dirigen sus miradas. ¿Por qué esos muchos miran ahí y solamente ahí en tiempos de Long Tail?
¿Es que no podemos elegir nuestros espectáculos favoritos?
¿Adónde nos dirigimos cada vez que prendemos nuestra computadora?
¿Qué es la web para nosotros?

Captain Beefheart simplemente estaba ahí, pintando sólo en su taller.
Hoy sigue pintando en mi cabeza, y en la de tantos otros.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Tu software es mi biología

La diversidad cultural esta vez en código fuente

Veamos ¿de cuántas formas el software participa en nosotros? Y me refiero a esa invasión cultural que transforma nuestros hábitos y percepciones (casi) sin que nos demos cuenta, conectándonos al mundo mediante una sobrecarga informativa inmune al cansancio (o al menos a cierta clase de cansancio que creíamos conocer).

No debemos ahondar demasiado en la cuestión para percatarnos que, aunque no sepamos ni siquiera enchufar una computadora, el software ya nos atraviesa y constituye. Antes decíamos: el ser humano es un compuesto de hidrógeno, oxígeno, carbono, nitrógeno, calcio, fósforo, cloro y potasio. Hace tiempo que sabemos que el software es parte de esta lista.

Sin dudas, la pregunta inicial es muy tramposa: el software jamás será algo homogéneo, sino otro territorio de disputas (una marca de poder, de la que aún desconfiamos porque no nos resignamos a formar parte de ella. No hay caso, seguimos siendo campeones en paranoia social).

Directa o indirectamente cada uno de nosotros usa y es usado por algún programa (esto ya Donna Harawaylo sabía cuando, hace un cuarto de siglo, publicó su tan glosado Manifiesto Cyborg): así no uses celular, ni te hagas ecografías, ni utilices ningún servicio de correo electrónico, el Wi Fi, sin ir más lejos, es cada vez más parte del aire que estás respirando.

Por supuesto, no estoy sugiriendo que no exista la brecha tecnológica -la desigualdad de oportunidades para acceder a las aún denominadas nuevas tecnologías-, nada más lejos que eso. Incluso Bernard Kouchner, entusiasta Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, quien no deja de festejar que dentro de cinco años la mitad de la humanidad (3500 millones de personas) tendrá acceso a la web, se deja ver preocupado por las condiciones de disponibilidad. Sin dudas preferimos el software libre al corporativo, teniendo muy en cuenta que se trata de una guerra ideológica que va tanto más allá (por favor no dejen de leer el indispensable Crímenes de la razón, del Premio Nobel Robert Laughlin sobre el salvaje abuso de las patentes).

Lo que trato de señalar es que no resulta suficiente intentar acortar esa brecha, sino más exactamente seguir repensando como reinventamos la virtualidad, de qué modo incidimos en ella en tanto usuarios y prosumidores (algo así como consumidores críticos y activos –consumidores en tanto productores-).

Es sabido, Michel Maffesoli (quien acuñó el término tribus urbanas) reconoce la impronta de Internet en los nuevos modos tribales. Al fin de cuentas ¿qué serían los floggers sin la web? Si la red promueve otros modos de sociabilidad anfibia (pues se desarrollan simultáneamente en contextos virtuales y físicos) es porque estos intercambios implican una dinámica que excede los usos que los programadores puedan haber previsto. ¿Estos nuevos tribalismos implican software tribal y programadores tribales?

Obviamente exagero, pero resulta cada vez más evidente que dentro de las currículas básicas de alfabetización se impone la enseñanza de escritura de código fuente (textos instructivos que hacen al funcionamiento de cualquier computadora). Parafraseando a Lautreámont, el software sólo será realmente libre cuando el código fuente pueda ser hecho por todos.

Addenda: Hace ya unos cuantos meses (este año quizá haya sido uno de los más extensos de mi vida) Daniel Molina me encargó dos notas para un número de la revista Gazpacho, del Centro Cultural de España en Buenos Aires. Entonces se publicó –por problemas de espacio y edición- uno de mis textos, quedando el otro inédito hasta el día de hoy. Más que nunca se trata de un texto-remix, una variación-escorzo diferencial en la que sintetizo y a la vez retomo algunos de los tópicos de investigación del Cippodromo.

Digámoslo de otro modo: el remix textual como el más operativo de los estilos para reproblematizar un objeto cultural. El remix no sólo como lifting cognitivo sino, y sobre todo, como estilo de acción.

martes, 31 de agosto de 2010

Esto no es ni un ensayo ni un apunte

Odio que utilicen el espacio de los comentarios para contactarme. A partir de ahora comenzaré a borrar sistemática y militantemente todos aquellos comentarios que no refieran a los temas tratados en los posteos.

Es cierto, muchas veces suelo tardar en contestar los mails. Recibo muchos y cada vez tengo menos tiempo ocioso. No es una buena combinación. Pero es la que vivo y de algún modo soy feliz así.

Paciencia con los mails que me envían. Suelo leerlos todos y tenerlos en cuenta. Hace rato que estoy bastante sobrepasado, y suelo perderme muchas cosas que me gustan e interesan. Incluso de postear, que me hace bien, me equilibra. Puro footing mental. Escribir ensayos es lo mismo, pero con otros elementos. Parcelas de mis formas de estar en el mundo.

Escribo posteos (no son ensayos remozados, sino posteos) que tienen básicamente dos disparadores: links que voy recolectando (adoro navegar por la web) y fotografías que en su inmensa mayoría encuentro en la red y enseguida captan mi atención. Los comentarios de este blog están habilitados abriendo la posibilidad de diálogo sobre lo que me va interesando a cada momento. Son rastros, trato de saber de qué modo consumo información y qué hago con ella.

Victoria Lescano escribió un libro encantador, Prêt-à-Rocker. Su libro anterior también es una maravilla. Me encantó que Damián Tabarovsky acercara nuestras escrituras bajo un mismo síntoma: la información como derroche o don, una hipótesis que ya aventuró en la contratapa de mi colección de ensayos Contagiosa paranoia. (A propósito aclaro: la última versión de un texto mío es la única que tomo en cuenta.

Considero idiota abandonar un texto cualquiera en aras de originalidad, no repetirme o lo que sea. Lo que escribo es un rastro, algo que queda y que reutilizo tanto como se me da la gana. Todo lo que escribo es provisorio. La versión más reciente de cualquier cosa que haya escrito es una versión también provisoria, pero más cercana a mi actualidad. Si vuelvo sobre esas palabras es porque algo diferente quise hacer con ellas).

Mis posteos se repiten. Y siempre incorporo todo lo que me comentan. Me gusta pensar a la blogósfera como una comunidad de conversación. Estoy sumamente agradecido a todos los que me acompañan desde hace mucho tiempo en esta tarea. Diego de Instantes de, Fabiana de Artilunio, Ana de Mao y Lenin, entre algunos otros. Hay quienes experimento virtualmente como muy cercanos sin que nos comentemos mucho, como me sucede con un blog como Ciudad Multicolor (en todos los casos observen mi roll en la columna izquierda.) Me resulta fundante su valentía para avanzar entre conceptos de modo tan desenfadado.

Este posteo está siendo escrito de otro modo: sin la dirección rectora de links ni de imágenes. De las segundas sólo diré que me resultan excelentes disparadores para algunas ideas u ocurrencias que me están revoloteando desde hace un tiempo. Buenísimo el retrato de espaldas de Vicente Grondona de Rosana Schoijett, una amiga cuya producción admiro hace años. No sé si se acuerda, pero nos conocimos en un festipunk cuando todavía éramos teenagers. Me parece buenísima también la foto que mis editores de Caja Negra (Ezequiel Fanego y Diego Esteras) publicaron de la reunión que profesaron en la salida de La Revolución electrónica, de William Burroughs (ahí estoy, en el escenario del desaparecido centro Cultural Moca, junto al dúo de Pablos, Schanton y Martín. Mis reverencias a ambos y a los Cajanegra.

En términos de blogs, especialmente de este díptico titulado Cippodromo y Cippodromon, se trata de un mes muy singular: jamás había posteado tan poco. Al punto en que éste es el único posteo del Cippodromo en agosto. Por otra parte, cada posteo, los ocasionales lectores lo saben, obedece a una hipótesis en sintonía web. En éste no hay hipótesis alguna. Simplemente estoy acumulando algo de lo que dejé en el tintero. Un blog no sólo es una radiografía mínima de un cerebro, sino de la vida a secas. Todo lo insoportable que suelo ser se da cita en esta bitácora.

Ojalá estén terminando bien el mes.
Ojalá tengan un buen balance.
Por lo pronto, este posteo concluye acá.

viernes, 16 de julio de 2010

Criogenizándonos

Blogs muertos, blooks, pulso, tiempo virtual

Miles. Miles de miles de blogs muertos. Detenidos.
Criogenados en la virtualidad. Algunos breves (con pocos posteos). Otros extensos. Un blog sobrevive cuando, aún detenido, sigue recibiendo visitas.

Un libro (y la inmensa mayoría de los websites) se presentan terminados. Completos. El blog (o mismo Twitter) por definición es incompleto. ¿Cuántas veces te encontraste con un blog genial cuyo último posteo está fechado hace meses o años? Creo que fue Cocteau (¿o Rimbaud? ¡confusión imperdonable!) quien describió las horas en movimiento desde el reloj pulsera de un soldado muerto. Un blog muerto suele ser exactamente al revés.
Es un tiempo personal que se detiene.
Un hábito puesto en suspenso.

No debería ser curioso que siempre transitamos la virtualidad. Y lo hacemos de tantísimos modos. Podríamos también definir la virtualidad como unos de los tantos tiempos diversos al biológico.

La virtualidad es contagiosa. Adictiva. Twitter es un síntoma de ese “no poder salirse”. Un blog muerto puede ser sólo un punto final que deviene en otro blog. Sucede mucho. Pero también un abandono, un modo de desintoxicarnos de una de las presencias culturales de lo virtual.

¿Acaso un blook (un libro compilatorio o antológico de posteos de blog) no es una avanzada anfibia de un blog muerto? Es la diferencia fundante entre libros, cuadernos, blogs y revistas. Los dos primeros se acaban. Incitan a una completud. Los últimos pueden continuar, siempre. Hace unos veinte años le pregunté a César Aira cuántos números se editaron de la revista El Cielo (que dirigía junto a Arturo Carrera.) “El próximo está al salir”, me contestó. Desde 1969 que no tenemos más noticias de la publicación.

Podríamos parafrasear a Mallarmé y afirmar: “el mundo existe para terminar en un buen blog”. O mejor: la blogósfera no es más que otro estado del mundo. Estilos de nombrarlo, de exorcizarlo. Un blog, como toda bitácora, es una relación de tiempo y escala. Pero sobre todo de ritmo.
Es tu pulso. El de tu escritura, el de tu lectura.
Nos hacemos adictos a blogs por temporadas. Son capítulos de una historia, por más abstracta o teórica que sea ésta. Lo mismo que un Fotolog.
La blogósfera es otra biblioteca interminable.

Pero ¿qué es la blogósfera? Un estado de navegación. Ingresar a un tiempo desde muchas voces. La frecuencia (la periodicidad) logran que una voz (un modo de realizar posteos) se convierta en familiar. Un blog es un modo de construir familiaridad, por más radical o anómala que ésta quiera ser.
La extrañeza también se instala como familiaridad, si ese es tu deseo.
Siempre buscamos historias.

Aunque estas cada vez se parezca menos a las articuladas según los clásicos modelos del siglo XIX. Ya no sabemos dónde comienza, dónde prosigue, cuál de sus conflictos es el más atendible, ni cuando puede terminar.

Por lo mismo un blog en suspenso (un blog cuyo último posteo hace demasiado que no es actual), siempre señala una incertidumbre ¿qué sucedió con esa voz? ¿Regresará?
¿En qué mutó?

Este también es un pequeño homenaje a Napoleón Baroque, avatar que abandonó Second Life para tomarse unas vacaciones de cinco años, pero nos dejó sus blogs,

detenidos en la virtualidad hasta –supuestamente- que su regreso al metaverso se haga efectivo.
Es una situación vital: o imponemos nuestro pulso a la virtualidad, o ésta nos obliga a ofrendarle más horas, días, meses y años.

Estoy releyendo el epistolario entre Leiris y Bataille. Qué placer con sólo leer las fechas de cada carta. Tiempos reposados de lectura y escritura, incluso en la urgencia. Qué bueno cuando no escribimos únicamente para “dar noticia”. Los diarios personales siguen agradándome infinitamente más que las agendas.
16 de julio de 2010. El blog de la tan promocionada bloguera Lola Copacabana (Naughty Bits) se detuvo en septiembre último.
Las relaciones entre visualidad y virtualidad se redefinen ininterrumpidamente.

Cuando falleció Dani The O, pasé muchas veces por su blog intentando mitigar el absurdo de su ausencia.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Ultra porno

Lo que pone en juego el porno es la condición moral de la visualidad.
Y cuando digo moral esto implica un nivel de resguardo ¿qué es lo que debe preservarse de las miradas?

No un secreto –el sexo plantea interrogantes, no secretos- , sino un peculiar status de espectador.
Esto es lo que viene modificándose indefectiblemente.

Para Tokonoma 14 escribí un breve ensayo que tematiza en parte aspectos de la película Princess, del director danés Anders Morgenthaler. El slogan de tapa resulta contundente “una película contra la pornificación de la sociedad”. Esta mutación es la que cuenta.
La pornificación necesariamente alude a una parte oscura. “Aquello que no deberíamos ver” y se reconoce en sus múltiples orígenes. Una snuff movie es a su modo una película que participa de esta pornificación, aunque el sexo no sea su eje. Cuando De Quincey imaginó una sociedad o club dedicado a entender el asesinato en su razón estética, sabía que su ejecución seguiría reservando su ritual privadísimo. Cuestión de iniciados.






La pornificación implica accesibilidad, disponibilidad. Pero también alude (y es el caso de la película de animación de Morgenthaler) a una patología de de la voluntad. No hablamos de Sasha Grey y su estetización existencialista del porno, que comparte con su contracara, la militancia post-porno, un reformateo del género en el que todos hacen lo que desean estar haciendo (otro tanto podríamos decir de Cam 4). La pornificación también subraya la condición de aquellos que no pueden elegir. La monstruosa estetización del crimen (la pornografía infantil, sin ir más lejos).

En muchas librerías de saldo de Buenos Aires pueden encontrar las memorias de una de las pornostar más célebres de los últimos 20 años: Jenna Jameson (Como hacer el amor igual que una estrella porno). Volumen de 520 páginas en el cual uno de sus mayores atractivos es la narración del merodeo constante por sitios realmente peligrosos (el charme de la ilegalidad). Coescritas con Neil Strauss sus memorias no aburren, ya que en todo momento exploran minuciosamente (exponiéndolo ante nuestras narices) el morbo seminal que lleva a millones de hombres y mujeres a consumir porno.

¿Son únicamente los cuerpos teniendo sexo aquellos que convocan o implica también a un estado inconsciente de lo social donde se incrementa el sempiterno placer de forzar las reglas?

Gaspar Noé conoce perfectamente este atractivo, tanto como lo conocieron los biógrafos de Nerón o Caligula. Otro tanto podríamos decir de Lars Von Trier. Cuando en el segundo lustro de los treinta, George Bataille volvió insostenible su deseo de un sacrificio humano en el seno de su Colegio de Sociología Sagrada (colegio que, como la historia nos enseña, tanto tenía de sociedad secreta) éste nada tenía de espectáculo público por más que muchos encuentren el génesis de ese deseo en la visión en directo de la muerte del torero Manuel Granero en plena corrida.

Sin embargo, el show sí está muy presente en la circulación por Internet de las fotos de torturas a los presos de la cárcel de Abú Ghraib en Irak sobre la que reflexionó Susan Sontag en un ya célebre ensayo. ¿Acaso en ellas no actúa también otro aspecto del inconsciente óptico que Rosalind Krauss advirtió en buena parte de las vanguardias históricas?

En su momento no faltaron quienes definieron a una serie como Baywatch como porno soft (en la línea de una histórica publicación como Playboy). Lo mismo podrán decir otros hoy de los populares bailes del caño de un programa de Marcelo Tinelli.

Los fans especulan con la aparición de videos como aquel de Pamela Anderson con su entonces marido Tommy Lee de Motley Crue. De hecho, hace no mucho tiempo atrás, después de la difusión de los tan mentados videos de Wanda Nara y Chachi Tedesco, Internet no dejó de hacer circular videos atribuidos a modelos y vedettes que no eran otra cosa que fragmentos de películas porno especulando con el parecido de ciertas fisonomías.

No me refiero a esta expansión del porno sino a un síntoma mucho más peligroso: la naturalización del mismo horror que Cronenberg ficcionalizó en un clásico como Videodrome.

Baudrillard: "¿De dónde proceden entonces la fascinación de tales imágenes? Evidentemente, no de la seducción (que es un desafío a esta pornografía, a esta objetividad inútil de las cosas). Ni siquiera las miramos, a decir verdad. Para que exista mirada, es preciso que un objeto se vele y se desvele, desaparezca a cada instante; por ello la mirada manifiesta una especie de oscilación. Por el contrario, estas imágenes no están tomadas en un juego de emergencia y de desaparición. El cuerpo ya está allí sin la chispa de una ausencia posible, en el estado de radical desilusión que es el de la pura presencia. En una imagen, determinadas partes son visibles y otras no, las visibles hacen invisibles a las otras, se instala un ritmo de la emergencia y del secreto, una línea de flotación de lo imaginario. En cambio aquí, todo resulta de una visibilidad equivalente, todo comparte el mismo espacio sin profundidad."

Si pensamos que el horror es divertido, es que estamos en serios problemas.

sábado, 20 de febrero de 2010

Súper Porno

En el futuro tus deseos serán virtuales” leemos en los minutos iniciales de X1 (al menos de su trailer), presentada como la primera película porno en 3D (sí, sí, aquel viejo sueño de Tinto Brass) que se estrenará oficialmente el 18 de marzo próximo.

¿Virtuales? ¿Qué quiere decir que un deseo es virtual? Por lo menos no parece serlo para el pastor ugandés que proyectó una película porno gay en un oficio religioso a modo de denuncia. “¡Esto es el pecado! ¡Esto es lo que sucederá delante de sus ojos si no se persigue a estos degenerados!” Toda esta semana centenares de blogs replicaron la noticia. Parece que para el pastor con el enunciado no bastaba, no era suficiente: las imágenes funcionaban (en su cabeza) como una prueba, como un documento.

Hasta no hace mucho, el porno era una industria con sus elementos (su orden de producción) perfectamente distribuidos: en los últimos años la ecuación se fue modificando radicalmente. No es que se haya virtualizado (o re-virtualizado), sino que el porno no sucede en el mismo sitio ni del mismo modo. ¿Qué sucede con algo tan central como el casting en una plataforma como CAM 4?

¿Qué sucede con el director? ¡Incluso con la programación! Rebobinemos ¿CAM 4 es porno?
Por lo pronto, disputa a los espectadores-porno. ¿O acaso el motor del porno no radica en el deseo de los espectadores?

Por otra parte ¿qué sucede con el tiempo? Las imágenes del porno siempre funcionaban en un relato pretérito (una serie de escenas de sexo ya filmadas). Pero CAM 4 es ¡en tiempo real! Espectador y espectado experimentan un mismo momento ¿en lugares distintos?

Veamos. Existen análisis (fuimos recolectando varios el los últimos días) que afirman que Second Life se transformó definitivamente por su megaoferta sexual. La gran red social 3D se transformó, para muchos, en el gran juego de sexo virtual. Leemos:

“La industria del porno fue, precisamente, parte de la causa del progresivo deterioro del proyecto. En un mundo virtual donde se podía montar un espectáculo abiertamente explícito casi en plena calle y dónde las ofertas de dudosa catadura convivían con las serias, las empresas preocupadas por su imagen comenzaron a cerrar sus sedes online. En 2008, Linden cambió de manos y el nuevo presidente de la compañía, Marc Kingdon, decidió llevar todos los negocios con contenido para adultos a un nuevo continente llamado Zindra, cuyo acceso está prohibido a los menores de 18 años.”

Quizás el pastor ugandés tuviera razón en este sentido: el porno ya no permanece en el mismo sitio ¿o somos nosotros los que ya no pertenecemos del mismo modo a un lugar específico? Me escribe Napoleón B. :

“Cuando tu novia, amante o amiga vive en otro continente, a miles y miles de kilómetros, y sin embargo está a tu lado en el metaverso, cuando tenemos sexo por medio de nuestros avatares mientras nuestros cuerpos se encuentran tan lejos ¿es el deseo el que se virtualiza o solamente el contexto el que ya no nos interpela del mismo modo?”.

Si el espacio público puede ser intervenido pornográficamente por un hacker (cuando, hace muy poco, se produjo en Moscú ese fabuloso atasco debido a la repentina proyección de escenas porno en una pantalla publicitaria no fueron pocos los que hablaron de porno público), también la intimidad hace mucho que está distribuida de otro modo.

Si CAM 4 es una plataforma de canales públicos, en Chile, el ahora célebre Sandro montó su pyme con un equipo casero y en su propio living. Ponelo.cl es un portal de negocios que, como venimos viendo y como tantos otros, afecta radicalmente las estéticas y los alcances de lo que entendemos por porno.

¿Acaso Bruna Surfistinha no se convirtió en un best seller de la era 2.0? Hoy día, entender la cambiante lógica de las redes –no sólo la dinámica de la web, sino más bien los efectos unplugged de esta dinámica- es un objeto cultural capital. Parece increíble, pero aún existen quienes se siguen resistiendo a aceptar que pasamos una increíble cantidad de horas de nuestras vidas interactuando por medio de la web.

¿O acaso que un chef con Anthony Bourdain promocione sus “comidas porno” no es un síntoma de lo que sugiero? El dúo italiano Il Genio lo expresó del modo más directo que conocemos: lo nuestro (lo de todos) no es más que Pop Porno.

lunes, 15 de febrero de 2010

War Muses

El espectáculo afecta a tus sentidos (que son su alimento).
Canibaliza tu memoria. Establece todo tipo de vínculos y analogías.

Y cada vez más nos preguntamos ¿dónde sucede? ¿cuáles son sus límites? ¿cuál es su cuota de ficción?

Hace poco menos de treinta años Ithiel de Sola Pool diagnosticó un futuro de convergencias mediáticas: “Un proceso llamado “convergencia de modos” está difuminando las líneas entre los medios, incluso entre las comunicaciones entre dos puntos, como el correo, el teléfono y el telégrafo, y las comunicaciones de masas, como la prensa, la radio y la televisión. Un solo medio físico (ya se trate de cables o de ondas) puede transmitir servicios que en el pasado se proveían por caminos separados. Inversamente, un servicio provisto en el pasado por un medio determinado (ya sea la radio, la televisión, la prensa o la telefonía) hoy puede ofrecerse por varios medios físicos diferentes.

Por consiguiente, se está erosionando la relación de uno a uno que solía existir entre un medio y su uso”.

Durante mucho tiempo supimos dónde se desarrollaba el espectáculo ¿y ahora? En una época en la cuales los medios se multiplican ¿en qué sitio suceden los acontecimientos? Eco lo sabe: los soportes, más que almacenar información, la difunden cada vez más rápido. ¿Qué característica única guardan para sí las prácticas artísticas en tiempos de Cultura_RAM (Brea dixit)?

En los sesentas, Oscar Masotta declamaba la superación del pop citando a El Lissitzky y un “adelgazamiento tecnológico” de la materia. “Hoy los consumidores son todo el mundo, las masas –comenzaba la cita- “[y] la desmaterialización es la característica de la época.” Así el telégrafo había “adelgazado” la materia del correo postal, así la radio alivianó al telégrafo, etc. Concluyendo: “perezosas masas de materia son reemplazadas por energía liberada”.

Masotta sugiere que las prácticas artísticas más innovadoras surgieron de esta pérdida de peso.
Para muchos ya, con un iPhone, el antiguo espacio del museo está en cualquier parte; o mejor: en tu bolsillo.
Si la cultura web es pop, nada existe fuera del pop.
No existe ningún después del pop.

¿Escuchaste hablar o leíste sobre la “música reactiva” (reactive music) desarrollada por RjDj? ¿Estamos en condiciones de programar nuestras sensaciones? ¿Seguiremos llamando a estos gadgets drogas digitales? ¿Realmente el software es el futuro de los estupefacientes?
¿Acaso no se difunden cada vez más las drogas para avatares?

¿Cuánto falta para que proyectos como Sonic City realmente exploten?

Ya sabemos: no existe nada por fuera del espectáculo (Jean Duvignaud entendió lo que Debord aplazó: sólo existen espectáculos en guerra). El afuera es un recurso más, como cualquier otro. Ni más ni menos que un concepto.
También sabemos que la virtualidad (digital) no es lo OTRO de la materia, sino una de sus instancias, la que nosotros aún percibimos como de las más sutiles. Toda materia se nos presenta imbricada de virtualidad. Las prácticas artísticas viven este reacomodamiento: lo unplugged tampoco es lo que era.
No existe aún ningún después de lo digital porque su virtualidad es parte fundante de nuestra materia.
Y lo será aún cuando todas las máquinas fallen.


Acaba de estrenarse Buzz. Las redes sociales batallan entre sí ¿qué clase de espectáculo realizan los artistas en tiempos donde las reglas del espectáculo lo implican absolutamente todo?

Sigo leyendo el precioso libro de Jean-Luc Nancy sobre Las Musas.
“Según confiesan los propios fisiólogos, toda partición es insatisfactoria y exige el recurso a una noción de “integración sensorial”. Siempre aparece, por consiguiente, un momento en que la unidad sensual debe restablecerse contra la abstracción sensorial. A esto podrían responder, en apariencia, la unidad sinestética o las “correspondencias” (Baudelaire, Verlaine, Debussy, entre otros), precisamente reivindicadas en una correlación histórica evidente con la posición del “arte” en singular, (…) así como con la postulación del “arte total”.

LDF: "Ahora bien, el pensamiento de Nancy es una filosofía del cuerpo; la publicación de Corpus (1992) lo situó en un territorio clave para la concepción de una corporalidad densa y compleja, que no cae ni en las divisiones dicotómicas evidentes ni en exaltación intervencionista del cuerpo prefabricado (de las modelos a los bodybuilders) que aparece en algunos pensadores posmodernos como Jean Baudrillard o Gilles Lipovetsky. El cuerpo de Nancy se define por una dinámica del “entre“, por una materialidad plástica; Él mismo lo dice: “Un cuerpo es por lo tanto una tensión. Y el origen griego de la palabra es “tonos”, el tono. Un cuerpo es un tono. Ser un cuerpo es ser un cierto tono, cierta tensión. El alma es un nombre para la experiencia que el cuerpo es”. Por lo tanto, esta caracterización táctil que hace Derrida de la filosofía de Nancy resulta ontológica."

¿Acaso no vivimos en una época de nuevas correspondencias?
Es evidente: hasta las musas convergen
.

viernes, 10 de julio de 2009

Porno total

¿Evolución del porno?

Es una sensación extraña y por momentos bastante contradictoria: mientras aumentan las quejas por el default narrativo del género (caída en la que muchos diagnostican su decadencia), en su ¿antítesis? la dimensión porno exhortada por Baudrillard (ese obsceno éxtasis de la información y la comunicación, “pornografía de los circuitos y las redes, de las funciones y objetos en su legibilidad, fluidez y disponibilidad”) no deja de sobredimensionarse.

¿Dije antítesis? No, no se trata de dialéctica. Sino de planos contiguos que se intermodifican sin pausa.

Porno y Tecnología: la multiplicación del malestar en la cultura.
El peor reflejo es responder con ironía, cinismo o (falsa) perplejidad.
El Apocalipsis, mis queridos, pasó de moda.

Es evidente, el porno evoluciona y muta, pero ¿de qué modo? ¿Cuál es su dinámica? ¿Cómo avanza en una época en la que la cultura parece centrifugarse cada vez más en su batalla contra o a favor del entretenimiento?

¿Qué relaciones establecen en este escenario las formas de definirse del porno y sus contexto?

Observemos el escenario: por lo pronto proliferan en la web sinopsis de la progresión pornotecnológica (el porno de la tecnología y la tecnología del porno, yin y yang), simultáneamente a las voces de alarma por el colapso de las redes 3G en Japón debido a las descargas de películas condicionadas.
¡Pero si Alex de la Iglesia, inminente académico, también baja películas porno!
Menos aún debería sorprender que celebradísimas pornostars incursionen en la escritura twitter.

Porno cada vez más como sinónimo de ubicuo. Hoy mismo, abriendo el portal de Youtube nos encontramos con una entrevista de la estrella pop Lady GaGa en Malaga promocionándose desde la imaginería porno, la misma que Kevin Smith transforma en comedia con su última producción ¿Hacemos una porno? (Zach and Miri Make a Porno).

Insistamos con Baudrillard: caminamos por lo que quedó después de la orgía.

Pornografía es el nombre que le dieron a esa zona extraña en que el caos subsiste en el interior del orden” (Walter Kendrick). La cita fue utilizada por el antropólogo Bernard Arcand, para introducirnos en un ejercicio de coordenadas en este caos que precipitadamente se debora lo que quedaba de orden.

Es posible contar el nacimiento de la pornografía de al menos dos maneras que no son históricamente del todo concordantes. Se la puede tratar como una etiqueta, es decir como un reconocimiento social, y hacer la historia del uso de la palabra, o definir las características principales del fenómeno para luego situar su emergencia”.

En un caso y otro ¿no estamos frente a un mapeo de las diferentes configuraciones de dos términos-continente como intimidad e información?

En un posteo anterior husmeamos en las “definiciones activas” sobre el porno en el trabajo teórico y en las prácticas militantes: una vez más, la era de los imparables prefijos. Del post-porno al cyber-porno y de ellos al trans-porno.
No es este el momento de realizar una genealogía cultural de la palabra porno.

Tampoco sobre el soporte, aunque quizás, si de genealogías se trata, no serían inadecuadas unas palabras sobre El Satario, presuntamente la primera película porno de la historia –circa 1908- filmada en Quilmes, así como la cruzada para impedir las bajadas porno en los iPhones. Pero lo dejo para otro momento. Quiero centrarme, con unas pocas líneas, en otro escorzo.

Primero, el porno se resemantiza. Wikipedia, recopilando materiales de la web, nos aporta nuevos materiales sobre la estratégica biografía de la pornostar existencialista Sasha Grey, que rebasa por completo el control de identidad:

“En mayo de 2006, Grey se mudó a Los Ángeles y comenzó su carrera en películas para adultos justo después de cumplir 18 años. Originalmente ella barajó el nombre Anna Karina (el nombre de la ex esposa de Jean-Luc Godard) antes de decidirse por su actual nombre artístico.

Ella declaró que el nombre "Sasha" fue tomado por Sascha Konietzko del grupo KMFDM, mientras que "Grey" representa la novela de Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray y la escala de Kinsey de la sexualidad.”
¿Teoría artística en el porno a los 18 años?
En el número 14 de la revista Otra Parte, Pablo Schanton analizó las tácticas de construcción de la identidad pop de Bob Dylan a Britney Spears ¿estos ejemplos no tienen un regusto ingenuo frente a la alambicada reconfiguración porno de Grey? Hasta parecería cándido insistir en que Francis Ford Coppola también incursionó tempranamente en el género.

Vivimos en tiempos definidos por las Online Communities (Brea dixit). Si las estrellas porno de última generación proponen mediante un complejo constructo, también los usuarios de mundos virtuales manipulan el porno jugando con imaginarios propios de la ciencia ficción más arty.

En otra ocasión escribí sobre un proyecto inscripto en Second Life como Space Colony Necronom IV: el porno según H. R. Giger manipulado por usuarios del metaverso. ¿Cómo definir esta experiencia pornográfica en red con cuerpos de diseño y citas eruditas que ya tiene su no módica tradición?

¿No resulta por lo menos inconveniente –por no decir desfasado- referirnos a la pornografía sin tomar nota sobre cómo el obsceno éxtasis de la información reconfigura los modos en los que entendemos la identidad?

Nunca como ahora el porno anfibio nos dispara tantos ejemplos inexcusables.

sábado, 23 de mayo de 2009

+ PsycoWeb y efecto Pynchon

¿Qué es el yo en la web?
¿Una imagen (fija o en movimiento)? ¿La voz de un texto?
¿Un remix involuntario de pequeños gestos?
¿Una reducción de software?
¿Un fantasma digital?

Hace mucho tiempo (mucho tiempo) Thomas Pynchon decidió ser sólo un conjunto de libros. De textos. Una voz, una forma de narrar. Pero también la ausencia, el desplazamiento (ese mismo retiro al que se llamó Maurice Blanchot). Los libros fueron la materia con la que modeló sus ausencias.
No vemos el cuerpo, pero alguien sigue hablando.
Blanchot envejeció, Pynchon envejece.
Pero ellos son sólo voz.
El salingeriano Zooey, sobre quien escribió hace poco Beatriz Sarlo, también envejece (suponemos).
Tanto como Luther Blisset.
O Karen Eliot.

Tantos cuerpos se sustraen, se autoinvisibilizan, mientras otros tantos (simétricamente) eligen la afasia: hablar sólo por la imagen.
¿Cuánto tiempo perdemos vagando por fotologs y flickrs de quienes jamás conoceremos?

Una vez más: régimen de visibilidad / régimen de enunciado. La infoxicación lo invade todo. Es una de las grandes vedettes de nuestra época.

Son decenas y decenas de personas las que se fotografían todos los días y suben el resultado a la red. No se los pierdan. Vean a Ben. A Noah. Véanla a ella. Y a ella. Y a Amanda. Y a él. Y a Laurel. Y a Michael.
Hasta Puppy es de la partida.
Podríamos seguir y seguir.

¿Hoy el estanque de Narciso son simplemente píxeles?
¿Son la cantidad de visitas a tu blog?
¿Los comentarios encendidos?
¿Son las formas que inventamos para tratar de capturar o exorcizar al tiempo?
¿Cuánto debe el éxito de un yo-web (un yo percibido únicamente desde la red) a la sobreextendida procrastinación?

¿Infoxicación y procrastinación son directamente proporcionales?
¿Cara y ceca de un mismo fenómeno?
¿Fugas y más fugas frente al quantum?
¿Qué retiene, qué se escapa de la imagen?

Hans Belting: “En la actualidad, la fuga del cuerpo puede leerse en imágenes cuyo punto de fuga se encuentra en el mundo virtual. Sin embargo, la fuga del cuerpo presupone que existe algo (se lo puede llamar alma, espíritu o yo) capaz de fugarse de él. Sin embargo, una premisa de esta naturaleza se ve refutada por su contraparte, según la cual, cuando se habla del ser humano sólo son válidas las funciones corporales.

Pero esta premisa también se ve en aprietos para formular una definición segura de lo que es el cuerpo. En estas circunstancias, apocalípticos y futurólogos proclaman, alternando cánticos, el gran cambio hacia la época en que termina la historia de la humanidad.

Sin embargo, olvidan que la imagen estable del ser humano que ahora ven desaparecer, en realidad, nunca ha existido. Si estudiamos los testimonios históricos en imagen, veremos cuan inestable ha sido la imagen del ser humano que representan.

Esta inestabilidad se hace evidente en las imágenes del cuerpo que encarnan al ser humano no sólo de manera variable, sino con frecuencia también antitética. No sólo se dotó a la percepción de una transformación incesante, y con ella a los órganos sensoriales correspondientes, sino que también el tema de la percepción, el tema del ser humano, fue absorbido por esa transformación”. (Antropología de la imagen).

Quiero acercar la cita anterior a la impresión de lectura de un libro como Cuerpos sexuados, de la bióloga feminista Anne Fausto-Sterling: si la percepción de un cuerpo (cualquier cuerpo) se encuentra tan alimentada por la paciente acumulación cultural de todos los prejuicios que nos formatearon durante años ¿no es claro que sólo podemos observar los cuerpos que estamos programados para ver?

Fausto-Sterling: “La pensadora feminista Donna Haraway [autora del Manifiesto Cyborg] ha escrito que la biología es la política por otros medios. (…) Estoy segura que continuaremos defendiendo nuestras políticas con argumentos biológicos. Quisiera que, en el proceso, nunca perdiéramos de vista que nuestros debates sobre la biología del cuerpo siempre son debates simultáneamente morales, éticos y políticos sobre la igualdad política y social y las posibilidades de cambio”.

¿No sería más productivo, entonces, acercarnos al yo de la web mediante esa disciplina que conocemos como biología de la información?

domingo, 18 de enero de 2009

Aquel aroma de lo digital

Ideas, sí, pero para los sentidos.
Sentidos desequilibrados y cuerpos reformulados: la era digital extrema más y más las condiciones de visibilidad y los espacios acústicos, al tiempo que reduce y posterga al tacto, el gusto y el olfato.

Como dice el antropólogo David Le Breton, “a veces el olor sirve culturalmente para pensar el mundo, para actuar sobre él. Lejos de una “visión” del mundo, una “olfacción” del mundo se impone entonces, una odorología antes que una cosmología.” Lo mismo podríamos decir de una “tactología” o una “saborología”.
Los mundos en que vivimos se reinventan con sólo reecualizar nuestros sentidos. Resetearlos, muy bien, pero ¿de qué forma?

Es claro: toda ecología de la información debería implicar un nuevo programa corporal. Al fin y al cabo ¿qué es la ecología sino la construcción cultural de nuestros sentidos? ¿Qué son los entornos sino el alimento de nuestros sentidos? Diseñar entornos no debería ser nada distinto a problematizar una vez más las posibilidades que imaginamos para nuestros sentidos. Una ergonomía de avance: ya no el hombre adaptándose a los entornos propuestos por la máquina (clásica dinámica de la Revolución Industrial, tristemente vigente por más de tres siglos) sino su exacto inverso: esa otra intervención tecnológica en el cuerpo que va más allá de la ortopedia.

¿Una biónica proyectiva?

En un artículo publicado en la revista ADN del diario La Nación de ayer, Marc Auge escribe “la consecuencias tecnológicas de la ciencia son como una segunda naturaleza. Las imágenes y los mensajes que nos circundan y nos dan seguridad nos alejan del nuevo orden de las cosas sin darnos necesariamente medios para comprenderlo. Y ese es el riesgo relacionado con lo que hemos denominado “cosmotecnología”.

Cosmotecnología y percepción ¿una welstanchauung como prótesis de cuáles sentidos?

Un cyborg no es más que un administrador y un téster: un índice de las posibilidades tecnológicas en un momento dado. Señala esa ecualización: el acuerdo (el contrato) de nuestro cuerpo con su “anexo” tecnológico. En las redes sociales, el otro es sólo una imagen, una voz, un texto.

No huele, no tiene volumen ni textura, es casi un concepto, una idea.

La virtualidad expande y comprime a un tiempo. Dispara y limita. ¿Por qué la virtualidad debe ser una condición monopolizada por la visión y la audición? ¿No observamos una conexión pobre de los sentidos cuando la virtualidad se impone? En el mejor de los casos se trata de “sentidos imaginarios”, del mismo modo en que nos referimos al cybersexo como “sexo mental”.

¿El cyberespacio no es más que postergación o suplantación? Roy Ascott comentaba tiempo atrás:

Siempre hay escenarios apocalípticos cuando aparece una nueva tecnología. Pero nada prueba que un tipo de vínculo vaya a sustituir al otro: se van a ir sumando. De esta manera, estaremos más conectados con más personas de distintas maneras y de una forma más honesta.

Estamos viviendo -como continuación de una tendencia que empezó con los reality shows confesionales de la TV- un momento en el que la gente quiere abrirse y mostrar aspectos ocultos de sí misma. El lugar donde esto más ocurre es, por supuesto, en los espacios sociales de Internet. Es una tecnología que recién está empezando a perfeccionarse, pero que será muy poderosa en un ciberfuturo. La gente es mucho más libre allí, al poder sacarse la armadura de su cuerpo y la de los otros.”

¿Pero no se trata sino de una idea de cuerpo?

Es una condición clave de la anfibiedad: la constante interacción entre la web y el mundo unplugged no debería jamás convertirse en una postergación, en una demora, sino otro desafío para el diálogo de integración virtual / no virtual. Anfibiedad y postautonomía no son más que dos caras de la misma moneda.

Seguimos interrogando a nuestras condiciones de conocimiento. Las prácticas artísticas jamás perdieron (por suerte) su innata curiosidad física: la información en la forma, los espacios de fisicidad. Hoy más que nunca lo más interesante de las artes lo detectamos en la reconquista del mundo de los sentidos. No alcanza con pensar al mundo. Ni con verlo, ni oírlo.