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lunes, 7 de junio de 2010

Nunca Nada Es Suficiente

Seguimos aprendiendo a compilar lo que aprendemos de Internet. No desde la web, sino de la red en sí misma, en tanto presencia y funcionamiento. Cada cual tiene su ranking.

En lo más alto del mío, en mi top 5, se mantiene la certeza de que NUNCA NADA ES SUFICIENTE.

Lo que me seduce de la web, más que su inmediatez o revolución en lo comunicativo, es la cada vez más expansiva disponibilidad. Es el linkeo, sí (la conexión ininterrumpida y la resignificación de lo que entendemos por homogéneo y heterogéneo), pero por sobre todo la certeza de que siempre es mejor conocer OTRO MAS de aquello que buscábamos.

Eduardo Rey me contaba, días atrás, una historia rescatada por Pascal Quignard sobre una hambruna en el Imperio Romano.

Sobre cómo la falta de alimento había convertido a toda una población en caníbales. Sentí que estaba volviendo a revivir la película The Road, “la última película de Viggo Mortensen”, dirigida por John Hillcoat (tan cercano a Nick Cave) y basada en una novela de Cormac McCarthy. ¿Qué sentido tiene la búsqueda de originalidad? La realidad construye sus novedades sobre lo que ya sabíamos.

Los finales (el final como entidad) perime no tanto por su certeza progresiva sino expansiva (hacia los costados). Cada vez entendemos mejor que todos los poemas del mundo no son suficientes, todas las canciones del mundo tampoco lo son, todas las películas del mundo nunca nos alcanzan.
Internet nos sigue enseñando que, tan cercana a cada cosa que busquemos encontraremos otra más o otra más y otra más que la antecede o le es simultánea.

Hablé de mi ranking. Internet mantiene viva la sensación de que este ranking puede cambiar y cambiar y cambiar. Creo que esa es una gran diferencia con el pensamiento moderno, aún más, con el gusto moderno: con la tan idiota pretensión de ser (culturalmente) el primero en algo, de detentar alguna especie de origen.
¿Escucharon la versión de The Dark Side of The Moon de Flaming Lips? ¡Ni siquiera nos era suficiente con la versión de Pink Floyd!
¿O acaso un buen cover no reinventa una canción?
Sin dudas es posible que todo haya sido dicho, pero ¡todavía podemos volver a decirlo todo y resultará tan fabuloso como antes o mejor! Claro, es imperioso volver a inventar otros modos de decir lo mismo. Digámoslo así: lo nuevo es simplemente decir lo que ya sabemos pero de otro modo.

Creíamos que alguien había inventado un sonido. En Internet encontraremos a tantos otros que estaban en lo mismo antes o al mismo tiempo. Hace unos meses Pablo Schanton citaba a Stephin Merritt, de Magnetics Fields cuando éste confesaba: “ Por alguna razón soy completamente incapaz de hacer algo nuevo con la canción pop. Qué deprimente”.

En la misma columna titulada Exceso de composición, también subrayó lo dicho por Andrés Calamaro en el site Efe Eme: “Ya no estamos en el siglo XX y no dejo de sentir que el modelo de canción de rock podría terminarse. Concluir como ocurrió con el tango canción, que tiene principio y tiene final. (…), así como las grabaciones de los Beatles terminan en Abbey Road”.
Necesito cambiar el escorzo y preguntarme ¿cuánto tarda en cansarse un espectador o un compositor o un creador cualquiera de una forma de observar una forma cultural?

¿Por qué la temporalidad de un contexto histórico debería agotar una forma?
¿Cuántas veces escuchamos que la novela está muerta? ¿Qué el cine murió? ¡Qué los blogs murieron! Sigo creyendo que hay algo muy idiota en el parricidio, por más instalado que esté en la memoria genética de nuestra cultura.

¿Tan rápido nos cansamos de leer, de ver, de escuchar? Quiero decir: de no saber inventar otros modos de leer, ver y escuchar lo mismo. Si no fuera por los muchachos de Cahiers du Cinéma, Hitchcock quizás hoy estaría muerto.

Otro tanto me sucede con la creencia de que la abundancia atenta contra la calidad. No puedo más que recordar a Anthony Burgess mofándose del grupo del grupo de Bloomsbury (al que pertenecieron entre otros Virginia Woolf y Hilton Strachey) y su militancia crítica contra la prolificidad. “¡Basta de Estreñidos!” solía clamar.

No tenemos de qué preocuparnos. Todos somos capaces de escribir un buen verso. Incluso un verso genial. Pero muy pocos son capaces de escribir diez buenos poemas.

martes, 25 de mayo de 2010

Cultivando aún más la Divina Paranoia

Tu vida como procrastinauta

Nuestra vida es un índice.
Y digo índice en tanto listado de contenidos de un libro.

Libro peculiar, ya que se trata sólo de una metáfora que se va escribiendo en la inmediatez del tiempo virtual. Paso a explicarme.

Es un buen ejercicio graficar a nuestra vida como un archivo. Un archivo de archivos. Cuanto más avanza la virtualidad digital en nuestra cotidianeidad más elementos generamos (disponemos a voluntad de terceros) para ser estudiados. Nos determinamos en el consumo de información que realizamos y se encuentra a disposición de los demás (el bendito índice).

No abundemos más con lo mismo, con el sobreextendido uso de las redes y su consabida procrastinación. Pasamos horas y horas dando vueltas en la web y lo cierto es que todo queda registrado. Alguien puede leer tu vida con la minuciosidad del que sabe que es lo que hacés hora por hora.

Muchos ustedes conocerán el rigor maniático del escritor Martín Kohan que anota qué hace cada una de las horas de su vida en una agenda: una vida escrita en tiempo real. No es el único: cada uno de nosotros va desplegando que es lo que hace minuto a minuto de su vida cuando ésta transcurre en la web (que no es un tiempo para nada menor). Hablo del registro del memorial.
No tenés más que buscar en el historial de tu navegador (ya sea el Mozilla Forefox, el Google Chrome, el Windows Explorer, el Opera o el que elijas). Es la herramienta que deja cuenta con absoluta precisión de qué es lo que hacés cuando estás en la web.
Hablo de esto.

Y ahora, hoy, con las máquinas móviles, con los iPhone, más aún con el iPad,
Este “estar el la web” se acrecienta de manera notable.

La red es nuestra sombra. Nos sigue, está en nuestra mochila o en nuestro bolsillo adonde quiera que vayamos. Aquello que anunciaron Eva & Franco Mattes en su proyecto Vopos, ya es parte de nuestra cotidianeidad. Y no es que estos artistas italianos sean visionarios, sino que hace tiempo nos advirtieron: “cuando ustedes se den cuenta, el archivo de sus vidas ya estará bien almacenado en disposición de otros.”
¿Tenemos que ponernos paranoicos?
No es esa la clave o no debería serla. Lo que sigo pensando es que tenemos que modelar la paranoia en nuestro favor.

Como hijos y producto de la cultura contemporánea, somos adictos a la información. A todo tipo de información. Y ésta no es otra cosa que uso del tiempo, modelación de conductas sociales.

Hasta no hace mucho, un buen modo de indagar en la sociabilidad y productividad cultural de un individuo era someterlo al test del Hombre bajo la lluvia. Ya no debería ser necesario. Ahora pueden saber cómo somos, en qué nos definimos, con sólo analizar cómo procrastinamos. La procrastinación, por supuesto, es compulsiva. Parte de un deseo continuo de información, de la información como una droga a la que todos somos adictos.

Un deseo pornópata de verlo todo, de entenderlo todo, de enterarnos de todo. De la vida de nuestros amigos y enemigos, de las noticias del mundo, de todo aquello que siempre quisimos saber y antes no sabíamos cómo buscar, dónde buscar.

Digo información y me refiero a toneladas y toneladas de información baja. De información basura, de descarte. Todo eso que no nos interesa recordar, que se desecha en el mismo instante. Es la información, una vez más, trazando una nueva morfología del deseo. Un deseo que es siempre cultural y que la procrastinación no hace más que alimentar y acrecentar.

Pero hay algo que nuestras conductas procrastinantes parecen distraer y es que la virtualidad digital es inscriptiva: genera archivos.
Todo lo que pasa por un software en red queda inscripto en algún lado.

Somos lo que consumimos, la información que consumimos. Es decir, somos también esa información que alguien puede leer. El hábito (porque este archivo es cronológico, se desarrolla en el tiempo, dibuja una agenda que no controlamos, o no controlamos del todo) que nos transforma en información.

Mircea Eliade: En toda sociedad tradicional, cualquier gesto responsable reproducía un modelo mítico, trashumano y, por consecuencia, se desenvolvía en un tiempo sagrado. El trabajo, los oficios, la guerra, el amor, eran sacramentos. Volver a vivir lo que los dioses habían vivido in illio tempore traducíase por una sacralización de la existencia humana que completaba de ese modo la sacralización del cosmos y de la vida. (…) La verdadera “caída del tiempo” comienza con la des-sacralización del trabajo: sólo en las sociedades modernas ocurre que el hombre se siente prisionero de su oficio. Y es porque no puede “matar” su tiempo durante las horas del trabajo – esto es, el momento en que goza de su verdadera identidad social- por lo que se esfuerza en “salir del Tiempo” en sus horas libres; de donde el número vertiginoso de distracciones inventadas por las civilizaciones modernas”.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Porno 5.0

¿Por qué los pornofans vienen inclinándose más y más por la incesante avalancha videos caseros (con todo el trash que éstas conllevan) que por las esmeradas actuaciones porno profesionales?

¿Es realmente paradójico que la actriz porno Tila Tequila provoque más morbo en sus supuestos videos caseros que en sus actuaciones profesionales?
¿Vivimos en la era Blair Witch Project del porno?
¿La ficción de intimidad puede más que la ficción como política?

Sin embargo, en el que quizá sea ¿el otro extremo? también arrasan (como es tradición) las porno-parodias: Devil´s films ya tiene su magrittiana versión de “This isn’t Twilight – The XXX Parody” (Esto no es Crepúsculo. La parodia XXX), con la pornostar Jenna Haze en el papel de Kristen Stewart. ¿Por qué el porno tiene que traducirlo todo? ¿Por qué busca la complicidad de la parodia?
¿no es desnudar el ridículo erotismo velado de esas películas?

¡Si hasta se parodian parodias porno! Si Kevin Smith es el autor de Zach & Miri make a Porno, el porno argentino contrataca con una versión cordobesa titulada Natatcha y Nino hacen una Porno (con Natacha Jaitt y Nino Dolce). ¿Trompe l’oeil de géneros? Smith parodia al porno, esta nueva reversión porno parodia ¡una parodia del porno!

¿Es parte del gen porno?
¿De una lengua porno que se va infiltrando, como su primo hermano el trash, acá y allá, en tanto jerga mutante?

En otro posteo nos preguntábamos cómo reinventar la obscenidad. Ya sabemos, es la pregunta pop por excelencia. No sólo en las estrategias de provocación de la infatigable Lady Gaga (¡que posó de hermafrodita!) sino de los Rammstein, que por el contrario, decidieron llevar el límite a lo menos sutil y más explícito (sin ir más lejos, su single se titula German Pussy).

Si ellos calzan el uniforme rocker por default (tanto cuero, tanta pose) el síntoma se extiende a sus propuestas porno. Es claro: cada pop tiene su porno: Madonna, Pet Shop Boys y Babasónicos, cada uno con su escuela.

¿Y la sobreabundancia porno no conquista, como nunca, la política en todas sus esferas? Leímos no hace tanto los análisis de Ciudad Tecnicolor sobre el porno-fascismo. Con las nuevas sobre Alessandra Mussolini, nieta del Duce, el juego no hace más que literatizarse.

Sí, sí. El porno está en todas partes. Hasta formatea los móviles. Leemos: “La compañía MiKandi ha lanzado la que publicita como la primer AppStore para móviles exclusivamente destinada al mundo pornográfico.

En principio para Android gracias a su plataforma abierta y no para iPhone, mantenido tan casto y puro -cerrado- como de costumbre, aunque se avanza que también podría llegar a los terminales jailbreakeados.” Una central porno en tu bolsillo.

¡Si hasta los trailers de videogames aceptan abiertamente las estrategias del porno más obvio! Veamos sino la propuesta del juego de carreras Blur, de Bizarre Creations (Gotham Project).

¿El porno vive una nueva etapa?
¿Acaso no vivimos en El Porno en la Era de la Información?
¿Porno intoxicado o infoxicación del porno?

Elemental, Watson: el porno no será jamás decisión unilateral del pornógrafo, de su industria y actrices y actores (y ahora menos que nunca), sino también y por sobre todo lo que obtenemos de la cantidad de efectos colaterales que provoca culturalmente. Con esto digo: si existe una cultura porno –y cada vez más politizada- se debe a las secuelas culturales que estallan muy por fuera de un ghetto de consumo (y producción).
El porno en estado web (incluso por fuera de la web).


Sin ir más lejos la blogósfera, en el vértigo de millones de incontrolables y proliferantes posteos-termómetro, pone en escena recorridos que nos sirven para husmear como nunca antes en “estados de cuestión”, que muchas veces resultan más precisos (y preciosos) que cualquier encuesta (despejado el vicio de unos pocos interrogantes mercadotécnicos para enfrentarnos a los disparadores menos previsibles). No existe mejor muestra que este posteo construido como una proliferación de links a otros posteos.
Porno desde la blogósfera.

martes, 4 de agosto de 2009

Más orgías

Sobre políticas de curadores de datos, semiótica del remix, trash jongleurs y el affair Kutiman

Si de lo que hablamos es de ciberculturas (ese espacio semántico donde los significados de cyber y cultura se resignifican mutuamente) los curadores de datos se reservan las prácticas más estratégicas.

De hecho, les corresponde no sólo advertir la diferencia en los materiales más diversos (al fin de cuentas, en gran medida actúan como coolhunters de prosumidores presumiblemente talentosos) sino la pericia de navegar en un universo (digital: la web) donde lo que prolifera es, ante todo, la basura (y como sabemos, en cantidades incuantificables.)

Es que ya no se trata sólo de data curators sino también (más específicamente) de data curators trash.

La orgía sin fin: no, no es un título de Vargas Llosa, sino más bien otra perversión para Baudrillard. Hace veinte años escribía “hemos recorrido todos los caminos de la producción y de la superproducción virtual de objetos, de signos, de mensajes, de ideologías, de placeres.

Hoy todo está liberado, las cartas están echadas y nos reencontramos colectivamente ante la pregunta crucial ¿QUÉ HACER DESPUÉS DE LA ORGÍA?.

Finalizando la primera década del Siglo XXI sabemos: no existe el fin de la orgía. Al menos no lo vemos. Vivimos en el fenómeno de la orgía interminable, la orgía de los prosumidores.

No pocas veces, la basura cultural determina el futuro de los imaginarios que son los que direccionan los usos de la tecnología. Si la (cada vez menos) paradoja del prosumidor estriba en la progresiva indiferenciación de consumo y producción ¿no deberíamos investigar ya los imaginarios en tanto interminables remixes de cada uno de sus elementos?

¿Existe dinámica más potente para la imaginación tecnológica que los fanfictions? Ya sabemos: sin imaginación no existe tecnología.
Vivimos la orgía como aprendizaje sin pausa.

En toda cibercultura, indagamos tanto en la tecnología de la cultura como en la cultura de la tecnología (los resultados de este tropos delimitan su morfología).

Hace un tiempo (desde la nota en Wired) que decenas y decenas de blogs no hacen otra cosa que analizar el uso de internet que hizo Kutiman (y su thru-you) ¿y acaso Kutiman no es un claro referente –y hasta un arquetipo- de lo que puede ser un data curator trash?

No dejen de ver sus video-remixes acá.

¿Por qué no concebir un data curator trash –que no es otra cosa que el quizá más genuino narrador de nuestros tiempo- como un cyborg de Hunter Thompson? ¿Por qué no un data curator bonzo, hiper-infoxicado?

Al fin de cuentas, su materia es la intimidad expandida de la web 2.0 (el espectáculo de la subjetividad virtualizada); pero más exactamente la virtuosa manipulación a la que somete a sus materiales (ya no sólo sonidos y sampleos, ni siquiera imágenes, sino artistas mayoritariamente desconocidos).

Observa, clasifica, archiva, samplea y edita una y otra vez infinidad de material trash. Al punto que no sólo se trata de un data curator trash sino también de un trash jongleur.

“El término jongleur es de difícil traducción porque tiene el significado de juglar (en el sentido de malabarista), pero también el de quien posee (prescindiendo de esta actividad específica) una particular habilidad técnico-manual, de improvisación y destreza ejecutivas” (Gillo Dorfles).

Quizá con John Cage supimos que la música jamás puede reducirse a la ejecución de uno o más instrumentos. Lo que importa en Kutiman no es tanto la música (al fin de cuenta básicamente sin variaciones funk bastante standars) sino la gracia de una finísima edición con tantas filmaciones caseras de no mucha calidad.

Quiero decir: no sólo es el disfrute que hacemos de la fetichización de su habilidad técnica, sino que simultáneamente advertimos con fascinación las posibilidades de la manipulación de información en la web, donde el trash se dispara en otras dimensiones.

Háganme caso: tómense unos pocos minutos y no se pierdan esta inesperada versión de Bohemian Rapsody (¡yo que creía insuperable de la Flaming Lips!), este video-remix de Caribean Pirates, esta insoportable utilización de los espartanos 300, o esta excesiva confluencia entre Capsule, Daft Punk y Beastie Boys.

Al fin de cuentas ¿qué es un data curator de la cultura web sino un semionauta?

La “hoja de ruta” podría ser entonces el emblema de una “segunda modernidad” que sucedería a esa fase de transición que fue el posmodernismo. Esta segunda modernidad reagrupa hoy a navegantes de la cultura que toman como universo de referencia las formas o la producción imaginaria. Su método (la producción de formas mediante la recolección de información), utilizado más o menos conscientemente hoy en día por numerosos artistas, evidencia una preocupación central: afirmar el arte como una actividad que permita dirigirse, orientarse, en un mundo cada vez más digitalizado.” (Nicolas Bourriaud).
Un semionauta de la odisea trash: de los sentidos saturados como sinfonía de sensaciones.

Una de las tantas tareas del arte es la detectar y remixar las poéticas de la web. Por lo tanto el curador de datos como productor artístico no debería sino evolucionar en un cultor de la más expandida fanfiction (funfiction) cultural.

¿Acaso los devotos de Otaku (la versión más geek de los japonólogos) no son a su modo eximios data curator trash?

viernes, 5 de junio de 2009

Pornografía digital ilimitada

Sucede que es la realidad la que está pornografizada.
Si en los tiempos modernos, el inconsciente óptico (Rosalind Krauss dixit) fue el fértil campo de batalla de un eros irrefrenable, la virtualidad digital de nuestros días no es más que su continuidad e imperio.

Pero el código fuente que todo lo atraviesa, que despliega su hegemonía sobre toda información a nuestro alcance, conoce otro atávico dominio que no es sino su doble: Tánatos jamás fue tan anfibio.

Aclaremos mandos: existe una pornografía que podríamos denominar clásica, que ya no es más que otro de los ejemplos de los reinos de la infoxicación. Admite un contrato pasivo en el cual el usuario (consumidor) sólo produce en tanto voyeur. Clásica, aunque informatizada: indica la muerte de la vieja industria pornográfica (cuyos últimos capítulos de soporte fueron en VHS y el DVD) y su mudanza a los miles y miles de pornowebsites.

Se despliega en géneros-tags de toda índole (colegialas, bondage, orgías, interraciales, amateurs, asiáticas, pornostars, lesbianas, gay, manga),

cada cual un segmento de disciplinarios mercados-imaginarios en pugna: el deseo de todo voyeur tiene sus reglas, dogmas, mandatos.
Allí no hay imaginación, sino sólo formas preconcebidas, estereotipados kamasutras.

No se pierdan el reportaje de Vanesa Gringoriadis a la Princesita Hardcore Sasha Grey en el número de la Rolling Stone (Argentina) de junio. Dave Navarro (ex Jane’s Addiction, Red Hot Chili Peppers) es su co-manager y la dirigió en su película, Broken.

Sasha es empresaria, actriz de Hollywood (Soderbergh), lectora de Nietzsche y Brecht y fan de Godard, pero ante todo es una estrella pop.
A su lado, la Cicciolina (tan retro-kitsch) es una encantadora figura del museo del varieté. Sasha es la última encarnación del más clásico porno.

Sobre este clasicismo se vienen montando más y más emergentes del post-porno, invariablemente político y activista: la política porno desembarcando en la institución arte. Agitporn (o porno revolucionario: Bruce Labruce), porno queer (“Dominatrix Waitrix”), porno experimental (Shu Lea Cheang), pornoterrorismo (LXS Zombies y la Chica Dálmata), pornolabs (La Revuelta Obscena).
El mundo del arte ya tiene a su reina porno-clásica-crítica: Annie Sprinkle. Ex actriz porno devenida teórica-crítica-performer que analiza-disecciona sus antiguas prácticas con herramientas del arte contemporáneo.

Son los mismos moldes, intervenidos, saturados, desbordados. Otras subjetividades en un casting inédito para los géneros que conforman el género. No es casual que esta explosión-apropiación suceda tan justo en la era de las webcams porno.

¿No es risible que avatares-escorts en Second Life anuncien en sus perfiles “tengo cámara web”? ¿No da la sensación de que las cámaras de vigilancia a distancia se entrometen sin descanso en los metaversos como si controlaran las mercaderías en un supermercado?

Todas las variantes del post-porno adolecen de la misma histeria de identidad; al fin de cuentas ese universo trazado por una de las novelas argentinas de Gombrowicz (La Pornografía) sigue mutando.

Hace tiempo, el escenario se transforma tanto como se reelabora el cuerpo (física y conceptualmente).

Rosa María Rodríguez Magda: “El sexo se percibe no como un destino biológico sino como un espacio abierto, modificable y elegible, los tratamientos hormonales o la cirugía así lo posibilitan, (lo transexual es una metáfora sociológica, en el sentido de Baudrillard, y el pensamiento queer protagoniza un inusitado apogeo).

Desde un aspecto terapéutico o estético, las prótesis, los implantes, la nanotecnología, transforman a los individuos en un híbrido de máquina y fisiología. El cuerpo se convierte en un kit dispuesto al bricolage, algo que sólo tras su transformación se adecua a quien realmente deseamos ser. (…)

El ciberespacio nos habla de una zona real que existe sólo en el interior de los ordenadores, esa velocidad de la fibra óptica encaja mal con nuestras lentas traslaciones físicas. Es por ello que desde hace mucho la ciencia ficción ha creado un imaginario, que ahora es compartido como horizonte de referentes por toda una generación.”

El cybersexo parece dar un giro.
No evoluciona desde la fotografía o el cine, no es esa su tradición.

Por el contrario, es mucho más antigua, milenaria. El cybersexo redescubre la máscara, se desentiende de la identidad, la pone entre paréntesis, desata la esquizofrenia. Interroga al cuerpo desde el software.
Tanto que infatigablemente perturba: los metaversos comienzan a restringir la sexualidad (Linden Lab avanza en este sentido) al tiempo que Tánatos irrumpe victorioso y sin límites conocidos.

Juan Soto Ramírez: “Así como los animales se vuelven más humanos por la antropomorfización de sus “comportamientos”, los prototipos digitales adquieren características más humanas en el momento en que se establece un perfil de su personalidad. Los etólogos, que aún siguen discutiendo sobre la condición innata o instintiva del “comportamiento” animal, son expertos en humanizar a los animales y los etnólogos por su parte, esa extraña clase de antropólogos, son expertos en humanizar humanos.

Los miembros de las compañías que diseñan personalidades virtuales son una especie de etólogos pues se dedican, entre otras cosas, a humanizar prototipos digitales no sólo creando sus historias personales sino dotándolas de movimiento. El caso de Kyoto Date, una cantante “sintética” de 17 años, es tan sorprendente como el de Webbie pues causó furor en Japón apareciendo en programas de televisión y hasta se hizo de una buena cantidad de seguidores en todo el mundo. Digital Beauties, un libro publicado por Taschen en el 2002, del germano brasileño Julius Wiedermann, es un catálogo en donde están reunidas las mujeres digitales más hermosas del planeta, de acuerdo con la selección del periodista, claro está.”


Los cuerpos digitales no envejecen del mismo modo.
Se niegan a morir. Se apoderan del código fuente.
Tanto, que poco a poco las fronteras (siempre culturales) se confunden.

domingo, 31 de mayo de 2009

Odisea Trash: retinas polucionadas

El trash está en tus ojos. No por fuera.
Residuos de percepción que no son sino retales de vida.
Chatarra óptica que tus ojos acumularon.

En “La velocidad de liberación”, Paul Virilio, luego de invocar a Treinisch (Hay que sacar provecho del poder del ojo humano), focaliza: “Si hasta hace poco había un artesanado de la visión, un “arte de ver”, nos encontramos hoy en presencia de una “empresa de las apariencias sensibles” que bien podría ser la forma de una perniciosa industrialización de la visión.

La policía de la visión parece decir: “no es que vemos mucho o más. No se trata de eso. Sino que (sobretodo inconscientemente) invertimos más y más tiempo en repasar formas y formas y formas que no son más que basura”.

¿Debord no fue el Papa Negro de esta siniestra profecía?:

El capitalismo especular todo lo cubre: el espectáculo lo devora todo”. Lo primero en devorarse, claro, son tus sentidos.

¿Acaso no viene a coincidir esa “industrialización de la visión” con las alarmas ululantes de “la denigración de la visión” que Martin Jay denuncia en Ojos Abatidos (Downcast Eyes)?
¿Acaso las terroríficas industrias culturales, imparable Godzilla avisorado en tiempo y forma por el (entonces) dúo dinámico Adorno + Horkheimer, no se alimentan de nuestro formateo perceptivo?

El periodismo sería exactamente eso: pura atmósfera industrial. Humo de fábricas. Es ni más ni menos en este paraíso de la producción en el cual irrumpe uno de los más sutiles virus de la industrialización de la visión: la delicuescente procrastinación.

J. L. Brea: “Producción de producción. Producción de experiencia, de subjetividad, producción de comunidad, de afecto o de concepto, de pasionalidad o sentido, producción de deseo, producción de significado…, todo es producción. Nada escapa ya a su inscripción en tal proceso. O, digamos, la producción ha expandido su campo para abarcar todas las modalidades de activad – o pasionalidad- que conciernen a lo humano. (…) Definitivamente. Nada precede a la producción, todo lo que pudiéramos decir de lo humano se inscribe de lleno en uno u otro proceso –por el que es producido-. “Producir para ser producido”, escribiría Descartes. Es el tiempo en que todo escenario del darse de lo humano comparece como resultado y efecto, como consecuencia, de una producción”.

La procrastinación invade y vulnera (quiere vulnerar) la producción. ¿De qué modo? Pervirtiéndola. Desplazándola a otros recorridos. Desobjetualizándola. La procrastinación no es sino otra paráfrasis de la Odisea: Ulises diversificándose en la pura viralidad del camino, desatendiendo su meta.

Si la Odisea puede resumirse en la lucha y obliteración de esa bestial procrastinación (perderse, siempre perderse, demorarse, dar vueltas en un eje de inutilidades) en la Era de la Infoxicación las voces de las sirenas se replican a sí mismas una y otra vez.

No en vano Brea señala dos letras de Radiohead:

I lost myself, I lost myself”. (Karma Police)

Strobe light and blown speakers / Fireworks and hurricanes / I’m not here / This isn’t happening / I’m not here / I’m not here.” (How To Disappear Completely).

No estamos vacíos. Es que la basura es invisible y la acumulamos en toneladas. Nuestro aparato perceptivo consume y consume y consume más y más y más trash. Eso es infoxicación: la seducción de la basura. Eso es procrastinación: perdernos a nosotros mismos (disolver nuestra producción) en la basura.

Una vez que nuestra mirada está industrializada, se reconoce apta para comenzar a acumular.

Pausa. Giremos y veámoslo de este modo.
Uno: ¿es posible desindustrializar la visión?
¿Qué quiere decir eso?

¿No estaríamos reemplazando una industria por otra no necesariamente mejor? ¿No se trata en todo caso de operar críticamente sobre esa industrialización?

Cuando me refiero a poetizar la infoxicación, cuando me sumerjo en trashilandia, es porque necesito volver a insistir con lo mismo: nunca estuvimos vacíos, no existe la percepción incontaminada.

Dos: Glimbo era un guerrero. Cierto día, perdido en el bosque, le resultó imperioso reconocer su posición, entender dónde estaba. Trepó al árbol más alto. Desde allí se maravilló con la interminable visión. Una vez regresado a su tribu, fue amonestado por los sabios: “esa visión no existe. Es falsa. Sólo existe lo que ahora ves, tu mirada de hombre.”

Un árbol puede ser tecnología, ampliar tus sentidos.
Un árbol puede estar lleno de alimañas.

sábado, 23 de mayo de 2009

+ PsycoWeb y efecto Pynchon

¿Qué es el yo en la web?
¿Una imagen (fija o en movimiento)? ¿La voz de un texto?
¿Un remix involuntario de pequeños gestos?
¿Una reducción de software?
¿Un fantasma digital?

Hace mucho tiempo (mucho tiempo) Thomas Pynchon decidió ser sólo un conjunto de libros. De textos. Una voz, una forma de narrar. Pero también la ausencia, el desplazamiento (ese mismo retiro al que se llamó Maurice Blanchot). Los libros fueron la materia con la que modeló sus ausencias.
No vemos el cuerpo, pero alguien sigue hablando.
Blanchot envejeció, Pynchon envejece.
Pero ellos son sólo voz.
El salingeriano Zooey, sobre quien escribió hace poco Beatriz Sarlo, también envejece (suponemos).
Tanto como Luther Blisset.
O Karen Eliot.

Tantos cuerpos se sustraen, se autoinvisibilizan, mientras otros tantos (simétricamente) eligen la afasia: hablar sólo por la imagen.
¿Cuánto tiempo perdemos vagando por fotologs y flickrs de quienes jamás conoceremos?

Una vez más: régimen de visibilidad / régimen de enunciado. La infoxicación lo invade todo. Es una de las grandes vedettes de nuestra época.

Son decenas y decenas de personas las que se fotografían todos los días y suben el resultado a la red. No se los pierdan. Vean a Ben. A Noah. Véanla a ella. Y a ella. Y a Amanda. Y a él. Y a Laurel. Y a Michael.
Hasta Puppy es de la partida.
Podríamos seguir y seguir.

¿Hoy el estanque de Narciso son simplemente píxeles?
¿Son la cantidad de visitas a tu blog?
¿Los comentarios encendidos?
¿Son las formas que inventamos para tratar de capturar o exorcizar al tiempo?
¿Cuánto debe el éxito de un yo-web (un yo percibido únicamente desde la red) a la sobreextendida procrastinación?

¿Infoxicación y procrastinación son directamente proporcionales?
¿Cara y ceca de un mismo fenómeno?
¿Fugas y más fugas frente al quantum?
¿Qué retiene, qué se escapa de la imagen?

Hans Belting: “En la actualidad, la fuga del cuerpo puede leerse en imágenes cuyo punto de fuga se encuentra en el mundo virtual. Sin embargo, la fuga del cuerpo presupone que existe algo (se lo puede llamar alma, espíritu o yo) capaz de fugarse de él. Sin embargo, una premisa de esta naturaleza se ve refutada por su contraparte, según la cual, cuando se habla del ser humano sólo son válidas las funciones corporales.

Pero esta premisa también se ve en aprietos para formular una definición segura de lo que es el cuerpo. En estas circunstancias, apocalípticos y futurólogos proclaman, alternando cánticos, el gran cambio hacia la época en que termina la historia de la humanidad.

Sin embargo, olvidan que la imagen estable del ser humano que ahora ven desaparecer, en realidad, nunca ha existido. Si estudiamos los testimonios históricos en imagen, veremos cuan inestable ha sido la imagen del ser humano que representan.

Esta inestabilidad se hace evidente en las imágenes del cuerpo que encarnan al ser humano no sólo de manera variable, sino con frecuencia también antitética. No sólo se dotó a la percepción de una transformación incesante, y con ella a los órganos sensoriales correspondientes, sino que también el tema de la percepción, el tema del ser humano, fue absorbido por esa transformación”. (Antropología de la imagen).

Quiero acercar la cita anterior a la impresión de lectura de un libro como Cuerpos sexuados, de la bióloga feminista Anne Fausto-Sterling: si la percepción de un cuerpo (cualquier cuerpo) se encuentra tan alimentada por la paciente acumulación cultural de todos los prejuicios que nos formatearon durante años ¿no es claro que sólo podemos observar los cuerpos que estamos programados para ver?

Fausto-Sterling: “La pensadora feminista Donna Haraway [autora del Manifiesto Cyborg] ha escrito que la biología es la política por otros medios. (…) Estoy segura que continuaremos defendiendo nuestras políticas con argumentos biológicos. Quisiera que, en el proceso, nunca perdiéramos de vista que nuestros debates sobre la biología del cuerpo siempre son debates simultáneamente morales, éticos y políticos sobre la igualdad política y social y las posibilidades de cambio”.

¿No sería más productivo, entonces, acercarnos al yo de la web mediante esa disciplina que conocemos como biología de la información?

martes, 5 de mayo de 2009

Bondage feeling

- Si la política no se ocupa de describir críticamente los excesos del arte ¿por qué el arte debería ocuparse de las exageraciones de la política?

- Durante siglos y siglos el arte fue uno de los instrumentos claves en la historia de la relación de los sentidos con la memoria, al punto que no faltó quien afirmara que la práctica artística debería describirse como una “versión sensible” de los hechos. Una traducción, una reserva, un código, un testeo ininterrumpido de los mecanismos de percepción de nuestra experiencia. Incluso ya en tiempos de autonomía artística. El arte siempre reelaboró la historia de los sentidos del mundo ¿o acaso no conocemos buena parte del pasado por lo que el arte nos cuenta?

-Siempre exigimos que el arte “diga” algo más de lo que ya dice. Y cuando creemos que no dice lo suficiente, lo hacemos decir aun más. Estamos enfermos de voluntad por multiplicar los discursos.

Hoy todos quieren ser críticos o curadores: los artistas, los historiadores, los periodistas, los galeristas, los escritores, ¡hasta muchos bloggers!. Es una de las mayores guerras culturales de esta época. Cada cual intenta imponer su sentido, su versión, su “clima”.

- Es la fisonomía del exceso de la contemporaneidad. Cada período lo tiene. En el último número de Otra Parte, Speranza glosa sigilosamente a Danto cuando subraya a Warhol preguntándose y afirmando, en 1963, acerca de la invasión arrolladora del arte pop: “¿Por qué un estilo habría de ser mejor que otro? Uno debería ser capaz de ser un expresionista abstracto una semana, un artista pop o un realista la siguiente, sin creer por eso que está dejando algo atrás”.

- Justo estaba leyendo una conferencia de Gilbert Durand en la que examina la “presión imaginaria” a la que estamos expuestos.

Ahí dice que “Paul Cézanne al comienzo del siglo XX, Vicent Van Gogh a fines del siglo XIX, no tenían más que malas litografías o raros grabados de algunas obras maestras de la pintura italiana como único “museo imaginario” (Malraux). Incluso en los aspectos escolar y pedagógico, los niños de mi generación no conocieron más que el Malet e Isaac miserablemente ilustrado o el Manual de Historia de Uby”. Hoy podemos investigar cada milímetro del Jardín de las Delicias en una calidad envidiable con sólo teclear unas pocas palabras.

- Disponemos de los pasados y de presentes (supuestamente) muy alejados al nuestro de otra forma. No pasa un solo día en el que no descubra en Youtube situaciones sobre las que había leído o conocía de oídas pero a las que jamás había tenido acceso.

Mi hermana ayer bajó la discografía completa de David Bowie: le llevó apenas unas horas, mientras que en su momento invertí un exceso de tiempo y recursos y no logré resultados ni lejanamente comparables.

- ¿El vintage no es uno de los puntos claves de esto? Sigo pensando que mientras el retro trata de recuperar el pasado, de volver “conceptualmente” el tiempo atrás (con toda la carga de nostalgia que esto conlleva), el vintage sólo utiliza pasados que tiene a mano como si fueran una provincia más del tiempo presente.

- Lo descolocado, como categoría, ya no implica únicamente a lo virtual, como pedía Virilio. Por el contrario, señala que los límites entre lo físico y lo virtual siguen registrando nuevas sacudidas. ¿No estaremos en los albores de un nuevo capitulo del Tao de lo virtual? ¿No será que lo físico tiene su cuota de virtualidad y al revés?

- Una polémica envejecida. En “Lo real y lo virtual”, Maldonado embistió contra la imputación de virtualización que Baudrillard adjudicó a la guerra del Golfo. ¿Pero es la misma razón virtual la de los medios, que los herederos de los teóricos frankfurtianos siguen denostando, que la de la web participativa, donde la viralidad transforma los controles en simulacros de video-games? Me gustó eso de “poéticas de la infoxicación”: Cézanne accedía a malas reproducciones, y en la red observamos que artistas de los más mediocres colgaron imágenes en alta definición de sus obras, síntoma que se multiplica hora tras hora.

- ¿Las instituciones no son acaso las que regulan ese flujo? ¿será por eso que todavía tantos reclaman una reelaboración de la autonomía de los mundos del arte? ¿Qué hacemos con ellas? ¿Las dinamitamos en un gesto radical como el que inauguraron para las vanguardias los futuristas o las protegemos como la última frontera frente a una barbarie que no conoce límites?

jueves, 16 de abril de 2009

Demoníaca

No estamos saturados: somos saturación.
Con Anla Courtis y otros amigos exploramos hace meses uno de los desiertos más extensos de Second Life. En una de los grandes depresiones de arena, los avatares acoplaban.

La cercanía de los cuerpos virtuales (esas representaciones gráficas antropomórficas) generaba estáticas de lo más intensas. Los mismos cuerpos distorsionaban.
Algo que a My Bloody Valentine, los hermanos Reid o a Sonic Youth les encantaría.

Uso esta imagen como ejemplo: el contexto satura en nosotros, tanto como nos fuimos convirtiendo en saturadores de contextos. Y el proceso está muy lejos de su fin. Si sigo insistiendo en la necesidad poetizar la infoxicación no es por otra razón que resulta cada vez más evidente que nuestros modos perceptivos son vehículos de la saturación.

Todo lo que llamamos (por facilidad, pereza o desconcierto) “estético” se encuentra saturado. Pensemos solamente en el conocimiento artístico.

Incluso en la época de las neovanguardias (esa franja que alertó a Peter Bürger) con cincuenta nombres propios construías un atendible panorama. Hoy podríamos multiplicar esta cifra por diez y seguiría sorprendiéndonos todo lo fabuloso que tenemos que excluir.

Cada vez existe menos decantación, poseemos menos herramientas para lograrla. La información no se concentra ni se sintetiza (no se compacta) sino que se expande indefinidamente. ¿Qué hacemos cuando navegamos en la web sino acumular, archivar y linkear?
La intensidad resulta cada vez más apolínea. El extraviarse cambia de signo.

Toda percepción implica un uso específico de información, algo que los conductistas estudiaron exhaustivamente. Así lo que llamamos belleza, por ejemplo, para ellos no es más que otro uso perceptual de la información.

Entonces -una vez más- ¿qué sucede cuando esa percepción se advierte infoxicada?

Hace casi treinta años, el implacable Gillo Dorfles alertaba sobre las tensiones entre lo que definía como temporalidad artística y temporalidad demoníaca (“peligrosas desviaciones cronoestéticas”.) Ya no un problema teológico-histórico, sino otra consecuencia material de la expansión del horror vacui.

“La posibilidad de ahondar en este tema me fue sugerida por una observación de Enrico Castelli: “el carácter apocalíptico del mundo actual surge de la pérdida inconsciente del intervalo, de un consumo sistemático de la disponibilidad, de una supuesta plenitud del tiempo que no es otra cosa que la tentación demoníaca.’ (…) Consumo de disponibilidad: las palabras mismas nos remiten al concepto de entropía, de una tendencia al desorden, de una muerte del sistema y de un consumo del tiempo disponible, que trae aparejado el advenimiento de un tiempo exhausto, imposible de restaurar.

Así, la pérdida del intervalo coincide con el incremento sistemático del consumo y la disminución de su disponibilidad ”.

Quantumología: aumentar la señal de entrada en un sistema hasta que no se produzca el incremento en su efecto. Vivimos en ese tope: Memory Almost Full.
Por esto, Dorfles (tanto antes de la irrupción de la web en nuestras vidas) observaba el crecimiento apocalíptico no ya en las dinámicas de las hordas bárbaras (la información de masas) sino en el creciente deseo de “una especie de temporalidad plena, no escandida por intervalos, que, si se prefiere, también podemos definir como tiempo demoníaco. El tiempo de Fausto, el trabajo baunásico”.

La última edición de la Bienal de San Pablo se centró en esto: ¿cómo crear un intervalo?

¿Cómo enfrentarnos a la imposible e ininterrumpida catarata de información? Ahora me pregunto ¿cómo reutilizar la saturación? ¿cómo asimilar la distorsión? (L. Lamborghini dixit). ¿de qué forma reecualizar el flujo fáustico?

La apuesta topográfica es clara: cuantos más mundos proliferan (altos, bajos, medios, insondables), mientras más salvajemente crece la disponibilidad ¿ganamos o perdemos visión?

Ahora pienso que este posteo debería haber comenzado con un epígrafe de Rilke, con ese precioso verso de sus Elegías de Duino

Porque lo bello no es nada más que el comienzo de lo terrible, justo lo que nosotros todavía podemos soportar (…)