¿Currículum virtuae?
Soy para los demás, y en gran parte, la información que sobre mí se encuentra en la web. Estoy distribuido en unos pocos formatos (textos, imágenes, videos). No tengo el control de esas referencias.
Elijo no tener Facebook: es una declaración de principios. Mi sociabilidad digital se plasma en este blog. En sus protocolos. Que sea Blogger y no Wordpress es parte de mi política.
Blog siempre es blogósfera, del mismo modo en que no concibo un libro sino una biblioteca (digo también hemeroteca). Leo muchos libros al mismo tiempo. Leo muchos blogs simultáneamente. Escribo mucho más manuscribiendo en cuadernos. Sin embargo, en este momento elijo ser el que encontrás en la web.
Aunque sin dudas soy mucho más el que se lee en mis textos impresos. Sobre todo en los libros.
Soy una colección de datos (tipográficos, visuales).
Otros son canciones o películas.
Artes del deslizamiento (de sentido, de la mirada): nuestra experiencia web se sostiene en elecciones de información (una lista que nos propone Google a partir de la referencia en la que inscribimos la búsqueda). Este blog nace de la cercanía: el listado horizontal que Google nos arroja interconecta de por sí elementos absolutamente diversos.
Lo que sigue es deslizamiento de archivos: me paseo por lo que encontró Google como lo hago por una exhibición de arte. Pieza por pieza.
Si en este blog existe un yo (eso que sostiene la voz de la escritura) es en la observación de esta distribución de información (en esta topología). En los primeros posteos nacía de una experiencia exógena a la web. Desde hace tres años y medio mi experiencia blogger no son otra cosa que procedimientos de lectura ¿qué otra cosa es la lógica web que el recorrido analítico de los listados de búsqueda?
Google más como mapa que como brújula. Google como GPS de información. Antes de Google amaba a Kartoo ¿alguien se acuerda ahora de Kartoo?
Este blog es un formato expandido. Ya: me refiero a lo que hago en este blog. Desde hace tres años y medio sigo este procedimiento: 1) Colecciono links, con información que me parece interesante revisar (referida a las estéticas de la misma web, a los imaginarios de la cultura web –a la que entiendo como una de las ramas de la imaginería pop-, a las artes visuales en tiempos de Google). 2) Escribo un texto que contenga esos links –los textos de este blog tienen la función de distribuir links- 3) Acompaño esta línea con imágenes que casi en todos los casos provienen de internet 4) Abro a diálogo. Aclaro: no acepto trolls porque no los entiendo como diálogo. Puedo alegrarme: en todos estos años casi no fui visitado por ellos. 5) Los posteos tienen una extensión de alrededor de 4000 caracteres.
Información es tiempo. Es navegación y elección. Mi yo-web es tiempo. Tiempo frente a una laptop, tiempo de dar vueltas por la virtualidad. Tiempo que en nada se diferencia a mi percepción del tiempo.
Mi actual escasez de tiempo no proviene de la web. Al revés, mi blog ilustra ese déficit. Si soy –en la web- un Gólem de información digital, ésta poco tiene que ver con mi intimidad no virtual. No estoy agregado a los castings de Cam4.
Hace ya rato que el Cippodromo radiografía esta (mi) ausencia.
No me cansé de internet ni mucho menos.
Menos todavía de escribir (no sabría qué hacer de mi vida si no pudiera escribir). 
Este blog no está abandonado. Una expresión amable (a modo de síntoma) sería “momentáneamente ralentizado”. Soy la misma continuidad de información que se exhibe momentáneamente lenta.
Anfibiamente lenta, jamás perezosa.
Me agotó dejar tantas pistas (concentradas) en la web. Hago trampa: ralentizar es toda una declaración. Una topología que requiere otros lapsos.
Slow Web.
¿Un posteo en una noticia sobre qué?
Abogo por disociar posteo de noticia. El mundo se sostiene en la incesante fábrica de noticias. ¿Noticia para quién? ¿Para qué?
La experiencia de este blog nació en la búsqueda de una erótica Google. De una erótica de la información en la era Google. Una erótica de los listados.
¿Hasta qué punto nuestra libido no imita a Google?
viernes, 11 de febrero de 2011
Erótica Google
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rafael cippolini
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10:28:00 p. m.
Etiquetas: aceleración, comunidades virtuales, Descontextos, inconsciente informático, política de fines, rechequeando identidades, sujeto pop, tiempo virtual
jueves, 28 de octubre de 2010
La abuela de la tecnología que rige al mundo sigue llamándose ficción
La tecnología existe ante todo para ratificar la ficción
¡La caverna de Platón fue el primer gran reality!
Si me fascinan las tecnologías (especialmente las digitales) es porque las observo desde una perspectiva estética. No es que me interese especialmente el diseño en su seducción visual, sino que me entusiasma seguir rastreando el origen de toda tecnología en una obra de ficción previa.
La tecnología existe para ratificar una ficción. Esa es su función más atractiva.
Generamos tecnología para que una narrativa de ficción transforme su protocolo. Ya vimos Skype a fines de los sesentas. Ya existía en 2001 la Odisea del Espacio. La función de la estética (en tanto gnoseología) es reeducar nuestros sentidos. Lo que llamamos tecnología también debe ser analizado estéticamente.
Lo que llamamos ficción (el concepto de ficción) es un invento moderno. Igual que el concepto de tecnología. No existe mayor epistemólogo que Giambattista Vico. La ficción es la que garantiza una tradición.
Y la sensación de perduración y progreso que guían lo que llamamos Humanidad.
Las catástrofes también suceden antes en la ficción: se las llama distopías.
Fue al comienzo mismo de las vanguardias. No sólo los Futuristas, sino también Picabia y Duchamp comenzaron a retratar máquinas como si fueran obras de arte. Al contrario que sus colegas soviéticos, a los citados europeos no les importaba tanto que sus máquinas no funcionasen. Al fin de cuentas eran pura representación. Las máquinas se volvían menos invisibles que nunca. Se transformaban en puro fetiche, puro deseo.
Warhol deseaba actuar como una máquina. Ser observado como una máquina. ¡Edipo Kraftwerk! El tiempo pasa y nos vamos volviendo cada vez más máquinas. Máquinas sobre el escenario. 
Máquinas observando a máquinas.
Cuando ingresamos a un Metaverso como Second Life sabemos que seremos observados como un diseño, como una pura representación gráfica: como el producto de una máquina.
Alberto Ginastera pidió a Marta Minujín un diseño de puesta para su Bomarzo (ópera inspirada en la novela de Manucho Mujica Láinez). Minujín le presentó una invasión de televisores (televisores en vez de músicos, televisores en vez de público). ¿Televisores en vez de Ginastera? En los estadios, el público casi no ve a los músicos sino a través de enormes pantallas.
Aprendimos a no tenerle miedo a la mediación porque crecimos con la televisión. Si Debord hubiera tenido la suerte de crecer con la televisión hoy utilizaríamos mejor gran parte de nuestras paranoias.
El arte creció con la televisión y al revés también: la tele tomó bastante del arte. Si hubiera tomado más del naciente arte contemporáneo, la televisión sería ahora una experiencia interesante. Por ninguna otra razón, antes de cerrar definitivamente el Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella Romero Brest intentó convertirlo en un estudio de experimentación televisiva.
Esto sucedía en 1969.
Por la misma época que el hombre pisaba la luna.
Y nosotros lo veíamos por televisión.
Y seguimos dudando si esas imágenes eran realmente lunares.
¿A qué llamamos ficción?
A las narrativas fuera de tiempo.
Al fin de cuentas, hablar de lo que sucede en la televisión supone al menos una tercera parte de los contenidos de la sociabilidad contemporánea. 
¿Una pintura no era acaso –desde el renacimiento, al menos- una pantalla? Un cuadro es una pantalla, esto lo supo muy bien Rhod Rothfuss. Las ventanas fueron las primeras pantallas. Bill Gates y Microsoft no se confundieron cuando bautizaron a su bebé.
¿Existiría el Pop sin la tele?
Mejor dicho ¿existiría el pop sin la reformulación de los imaginarios televisivos?
Tom Verlaine nos enseñó que sus iniciales eran la clave de su banda, pioneras del punk si las hay. No es raro que uno de mis grupos predilectos de los últimos años se llame TV on the Radio. Entre unos y otros, Phychic TV, Genesis P. Orridge y el T.O.P.Y.
Nuestra educación sentimental se funda en estos rayos catódicos.
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rafael cippolini
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3:36:00 a. m.
Etiquetas: anfibiología, desarticulabilidad, Descontextos, fantastico freak, Infostranenie, mitologías, redireccionamientos, sujeto pop, tiempo virtual
lunes, 26 de abril de 2010
Y también somos el estilo de nuestro disco rígido
Es bien claro: somos la información que acumulamos en nuestro disco rígido.
La que no borramos. La que persiste por más tiempo. 
Esa cantidad de carpetas llenas de archivos que vamos creando en nuestra memoria virtual y terminan resultando nuestro diario íntimo.
Nuestro cofre de pertenencias.
Nuestra caja negra de voces.
Todo ese cúmulo de elementos que nos define.
Cada computadora es una guardiana de nuestra subjetividad. De nuestros modos de relacionarnos con el mundo.
¿Acaso no se la denomina “personal computer”? 
No es difícil darnos cuenta que cada disco rígido posee su estilo. A su modo, los ordenamientos y clasificaciones por las que optamos diariamente van construyendo una instalación.
También un laboratorio (un sitio de pruebas).
Pienso ahora en las sondas espaciales Voyager o en las Pioneer navegando en la galaxia, por sitios bien lejanos, portando discos de oro con una edición de tesoros de la humanidad. Nuestra computadora también es un almacén de información valiosa para cada uno de nosotros (a su modo una autobiografía en otros datos) que reacondicionamos día a día.
Finalmente un hacker (o mejor dicho, un cracker) no es más que un saqueador de nuestras narraciones (de los elementos que la constituyen).
Claro, durante muchos siglos las narraciones del mundo era tantas menos. Tantas.
¿Demasiadas menos?
Pensemos en el tan detallado diario de Mister Samuel Pepys, a fines del siglo XVII (una avanzada de los relatos de intimidad).
Pensemos también en la dinámica de los salones literarios. En los clubes de caballeros ingleses del siglo XIX (Terry Eagleton los instituye como el núcleo originario de lo que llamamos crítica).
Voces demasiado solas, demasiado únicas, demasiado privadas.
Ya entonces las voces se multiplicaron como en un alud.
Vamos absorbiendo más y más y más voces.
¿La mayor culpa la tiene la demografía? ¿La alfabetización? ¿La imprenta? ¿Los museos? ¿Los medios masivos? ¿Internet?
Es un hecho: cada generación de artistas tiene que convivir con más y más narraciones disponibles (en algún tiempo le bastaban un puñado de mitos). Información a compartir: narración.
En el precioso documental It Might Get Loud de Davis Guggenheim, escuchamos la voz en off de Jack White sentenciar: “Debes unirte a la familia. Debes ser parte de ella. De la familia de narradores. (…) A la gente se le ocurren ideas y trucos nuevos para contar la misma historia de forma diferente. Todos hacemos lo mismo. Buscamos compartir algo con otro ser humano”.
Tanto se escribió en los últimos años sobre el Yo como espectáculo en el horizonte de la web 2.0 y sus culturas. Pero lo cierto es que todo artista tiene que convivir hora a hora con tantas narraciones que afectarán la suya que ya resulta imposible avanzar sin atrincherarse en el terremoto imparable de voces.
Tan cierto como que cada cual elige las voces que desea oír (leer, ver). Digo voces y digo imágenes (fijas, en movimiento). Entre narraciones y narraciones y narraciones y más narraciones. 
Cada Fotolog es una narración, cada Flickr lo es, también cada blog y cada nueva entrega de Buzz. Incluso los videos propios que subimos a Youtube o Vimeo (o a cualquier otra plataforma similar). Narraciones que tienen mucho de diario discontinuo, de fotografías e instantes casuales.
Estuvimos hablando mucho de este tema días atrás en la ciudad de Rosario, en el encuentro organizado por La Hermana Favorita.
En otro pasaje de la película, Jack White habla de su descubrimiento y devoción por el bluesman Son House. “Me identificaba de mil maneras posibles. No sabía que eso fuera posible. Sólo cantar y aplaudir. Significaba todo. (…) Un hombre contra el mundo en una canción. Oí que todo desaparecía. No importaba que aplaudiera fuera de tiempo. No importaba que no tuviera instrumentos. Lo único que importaba era la actitud de la canción”.
Un artista es una voz, un conjunto de imágenes, de palabras, de sonidos, de objetos. Un conjunto de objetos como los que dispuso en una vitrina Inne Martino en Monoambiente. Estás viendo una pared de mi casa, en Pasaje Pam, de Rosario. Libros, discos, frases. Formas.
(Algunas de las imágenes de este posteo son de su blog, así como la última es de Virginia Negri).
Esa es la cuestión. Narramos con lo que tenemos, justo cuando eso que acumulamos casi sin darnos cuenta nos define, y en todo momento habla por nosotros.
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rafael cippolini
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10:13:00 a. m.
Etiquetas: anfibiología, cultura rock, Descontextos, estética(s) del sentido, Paisaje e Ideología, Punkitectura, sujeto pop
martes, 2 de marzo de 2010
Arte para Zombies
Un posteo de imaginación vintage
En casi todos los sentidos, la desbordante presencia de la web en nuestras vidas vuelve a señalar el triunfo de la cultura pop sobre los imaginarios reinantes.
Hasta el punto de que hablando de cultura web estamos refiriéndonos, por elevación, a la cultura pop.
(¿No es acaso lo que nos separa tout court de Paula Sibilia que sigue referenciando a la imaginación técnica en Walter Benjamin?).
Pero atención: lo que entendemos por cultura pop no es un concepto acabado, cerrado, delimitado. Muy mal hacemos si creemos que su epicentro es o fue el arte pop (la filosofía visual de los tiempos Warhol y todo cuanto inspiró). Precisamente, la eclosión de la cultura web viene a confirmarnos que la cultura pop sigue definiéndose en una perpetua mutación.
Esa mutación estética que no es más que ideología.
Nuestra ideología.
Casualmente, buscando un viejo texto de Pablo Schanton, volví a encontrarme con un blog (éste) en el que se publicaron las notas de aquel proyecto de Daniel Melero que conocimos con el titulo de Recolección Vacía (hace ya muchos años de esto).
Me interesa ahora rescatar dos párrafos que parecen (junto a varios otros) resistir maravillosamente bien al paso del tiempo (lo que implica: cuidar otros pasados para recordarnos que este presente puede formatearse de otro modo). El primero dice:
“La artesanía es un zombie del Arte. Toma una forma que en su momento fue arte con el fin de reproducirla infinitamente como un clon de menor resolución que el original. Me imagino que alguna vez hubo un coya que hizo una vasijita realmente increíble y admirable. Hoy existe un mercado de vasijas coyas. Con el rock' n' roll sucedió lo mismo, e incluso con cierta música tecno que ya está hiperclonada.”
Lo mismo sucede con la cultura pop. Convertida en cierta artesanía de diseño (valga el oxímoron, es indudable que existe una cultura pop reconstruida a partir de clisés) bien puede ser un zombie del arte.
Pero el fracaso de esos clisés (esos objetivos traicionados, esa comunicabilidad interferida) nos abre a territorios de aprendizaje que siguen siendo nuestra mejor droga.
A ver ¿con qué metáforas pensamos la web? (Y cuando escribo “pensamos” también digo “imaginamos”). Insistimos en que las metáforas que sostienen la cultura web provienen del glosario de la ciencia ficción (y hay que ver hasta qué punto este vocabulario y sus consecuencias siguen interalimentándose).
Y cuando digo imaginamos también quiero decir interactuamos.
¿De qué modo utilizamos un programa, incluso un hardware? (ese uso que no es más que estética y por lo tanto política en estado puro).
Segunda cita de Recolección Vacía:
“Hace casi cuarenta años Robert Moog insistió en la necesidad de aplicarle un teclado al sintetizador oponiéndose a Don Buchla, mi ídolo, que había inventado un instrumento con sensores, unas placas que con sólo tocarlas emitían sonidos.
Por supuesto, Moog respondió al mercado que siempre tiende a la estabilidad y a la necesidad de los viejos tecladistas que exigían afinaciones estables (que la escala se mantuviera todo el tiempo perfectamente temperada ya que la belleza musical dependía de la relación entre alturas tonales impecables). Buchla prefería sus sensores análogos cuyos sonidos jamás llegaban a ser los mismos, ni a estar afinados según los parámetros académicos. ¡Imagínense los problemas que le hubiera agregado este hombre a un Rick Wakeman que pegaba sus perillas con poxipol para que sus ejecuciones en vivo reprodujeran con una exactitud total (nunca la conseguía, claro) lo que había tocado en los discos! Estos músicos no soportan lo impredecible y lo combaten influyendo en el mercado, además de difundir las ideas de control, reproductibilidad y exactitud como valores a los que la tecnología debe responder. Es una lástima; si el sintetizador modelo Buchla hubiera vencido en el mercado, la música habría sido otra.”
Lo que sigue resultando tan atractivo del low tech es su aún pregnante aroma a pequeño David frente al demoledor Goliat.
Low tech no es solamente modestia de recursos sino resistencia a un status quo de uso. Es otra imaginación, del mismo modo que los imaginarios de Don Buchla y de Robert Moog fueron por completo contrapuestos. Dos ideas muy diferenciales de música. Lo mismo podríamos decir de la web: ¿de qué forma la usás?
Si existe hoy un estilo, ese es de los fundamentales.
Tu estilo web.
Son los tantos futuros del pasado en nuestro presente. Si adoramos a Kraftwerk (cita obligada del arte contemporáneo electrónico –sí, sí: los suyos no son sólo recitales sino muestras sonoras de arte-) también celebramos esas otras estéticas donde el tiempo vuelve a enrarecerse: La Roux, pero por sobre todo Chew Lips y Telephate.
Capsulas de tiempo.
Nunca deberíamos olvidar que en su origen las computadoras portátiles formaron parte de una cultura tan psicodélica como de garage. (Más credo estético).
Un magma que jamás debería escindirse.
Nota Bene: Estuve buscando en mi hemeroteca ese número (ya museográfico) de Expreso Imaginario en el cual Damián Tabarovsky expande su no tan velada Oda al Mini-Moog. No lo encontré. Sin embargo, vuelvo a festejar la referencia.
Wendy Carlos forever.
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rafael cippolini
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8:19:00 a. m.
Etiquetas: aliens terráqueos, cultura rock, cybergéneros, Descontextos, Inactualizaciones, mitologías, Paisaje e Ideología, sujeto pop, tecnología y técnica, vintage
sábado, 20 de febrero de 2010
Súper Porno
“En el futuro tus deseos serán virtuales” leemos en los minutos iniciales de X1 (al menos de su trailer), presentada como la primera película porno en 3D (sí, sí, aquel viejo sueño de Tinto Brass) que se estrenará oficialmente el 18 de marzo próximo.
¿Virtuales? ¿Qué quiere decir que un deseo es virtual? Por lo menos no parece serlo para el pastor ugandés que proyectó una película porno gay en un oficio religioso a modo de denuncia. “¡Esto es el pecado! ¡Esto es lo que sucederá delante de sus ojos si no se persigue a estos degenerados!” Toda esta semana centenares de blogs replicaron la noticia. Parece que para el pastor con el enunciado no bastaba, no era suficiente: las imágenes funcionaban (en su cabeza) como una prueba, como un documento.
Hasta no hace mucho, el porno era una industria con sus elementos (su orden de producción) perfectamente distribuidos: en los últimos años la ecuación se fue modificando radicalmente. No es que se haya virtualizado (o re-virtualizado), sino que el porno no sucede en el mismo sitio ni del mismo modo. ¿Qué sucede con algo tan central como el casting en una plataforma como CAM 4?
¿Qué sucede con el director? ¡Incluso con la programación! Rebobinemos ¿CAM 4 es porno?
Por lo pronto, disputa a los espectadores-porno. ¿O acaso el motor del porno no radica en el deseo de los espectadores?
Por otra parte ¿qué sucede con el tiempo? Las imágenes del porno siempre funcionaban en un relato pretérito (una serie de escenas de sexo ya filmadas). Pero CAM 4 es ¡en tiempo real! Espectador y espectado experimentan un mismo momento ¿en lugares distintos?
Veamos. Existen análisis (fuimos recolectando varios el los últimos días) que afirman que Second Life se transformó definitivamente por su megaoferta sexual. La gran red social 3D se transformó, para muchos, en el gran juego de sexo virtual. Leemos:
“La industria del porno fue, precisamente, parte de la causa del progresivo deterioro del proyecto. En un mundo virtual donde se podía montar un espectáculo abiertamente explícito casi en plena calle y dónde las ofertas de dudosa catadura convivían con las serias, las empresas preocupadas por su imagen comenzaron a cerrar sus sedes online. En 2008, Linden cambió de manos y el nuevo presidente de la compañía, Marc Kingdon, decidió llevar todos los negocios con contenido para adultos a un nuevo continente llamado Zindra, cuyo acceso está prohibido a los menores de 18 años.”
Quizás el pastor ugandés tuviera razón en este sentido: el porno ya no permanece en el mismo sitio ¿o somos nosotros los que ya no pertenecemos del mismo modo a un lugar específico? Me escribe Napoleón B. :
“Cuando tu novia, amante o amiga vive en otro continente, a miles y miles de kilómetros, y sin embargo está a tu lado en el metaverso, cuando tenemos sexo por medio de nuestros avatares mientras nuestros cuerpos se encuentran tan lejos ¿es el deseo el que se virtualiza o solamente el contexto el que ya no nos interpela del mismo modo?”.
Si el espacio público puede ser intervenido pornográficamente por un hacker (cuando, hace muy poco, se produjo en Moscú ese fabuloso atasco debido a la repentina proyección de escenas porno en una pantalla publicitaria no fueron pocos los que hablaron de porno público), también la intimidad hace mucho que está distribuida de otro modo.
Si CAM 4 es una plataforma de canales públicos, en Chile, el ahora célebre Sandro montó su pyme con un equipo casero y en su propio living. Ponelo.cl es un portal de negocios que, como venimos viendo y como tantos otros, afecta radicalmente las estéticas y los alcances de lo que entendemos por porno.
¿Acaso Bruna Surfistinha no se convirtió en un best seller de la era 2.0? Hoy día, entender la cambiante lógica de las redes –no sólo la dinámica de la web, sino más bien los efectos unplugged de esta dinámica- es un objeto cultural capital. Parece increíble, pero aún existen quienes se siguen resistiendo a aceptar que pasamos una increíble cantidad de horas de nuestras vidas interactuando por medio de la web.
¿O acaso que un chef con Anthony Bourdain promocione sus “comidas porno” no es un síntoma de lo que sugiero? El dúo italiano Il Genio lo expresó del modo más directo que conocemos: lo nuestro (lo de todos) no es más que Pop Porno.
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rafael cippolini
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10:04:00 a. m.
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lunes, 15 de febrero de 2010
War Muses
El espectáculo afecta a tus sentidos (que son su alimento).
Canibaliza tu memoria. Establece todo tipo de vínculos y analogías. 
Y cada vez más nos preguntamos ¿dónde sucede? ¿cuáles son sus límites? ¿cuál es su cuota de ficción?
Hace poco menos de treinta años Ithiel de Sola Pool diagnosticó un futuro de convergencias mediáticas: “Un proceso llamado “convergencia de modos” está difuminando las líneas entre los medios, incluso entre las comunicaciones entre dos puntos, como el correo, el teléfono y el telégrafo, y las comunicaciones de masas, como la prensa, la radio y la televisión. Un solo medio físico (ya se trate de cables o de ondas) puede transmitir servicios que en el pasado se proveían por caminos separados. Inversamente, un servicio provisto en el pasado por un medio determinado (ya sea la radio, la televisión, la prensa o la telefonía) hoy puede ofrecerse por varios medios físicos diferentes. 
Por consiguiente, se está erosionando la relación de uno a uno que solía existir entre un medio y su uso”.
Durante mucho tiempo supimos dónde se desarrollaba el espectáculo ¿y ahora? En una época en la cuales los medios se multiplican ¿en qué sitio suceden los acontecimientos? Eco lo sabe: los soportes, más que almacenar información, la difunden cada vez más rápido. ¿Qué característica única guardan para sí las prácticas artísticas en tiempos de Cultura_RAM (Brea dixit)?
En los sesentas, Oscar Masotta declamaba la superación del pop citando a El Lissitzky y un “adelgazamiento tecnológico” de la materia. “Hoy los consumidores son todo el mundo, las masas –comenzaba la cita- “[y] la desmaterialización es la característica de la época.” Así el telégrafo había “adelgazado” la materia del correo postal, así la radio alivianó al telégrafo, etc. Concluyendo: “perezosas masas de materia son reemplazadas por energía liberada”.
Masotta sugiere que las prácticas artísticas más innovadoras surgieron de esta pérdida de peso.
Para muchos ya, con un iPhone, el antiguo espacio del museo está en cualquier parte; o mejor: en tu bolsillo.
Si la cultura web es pop, nada existe fuera del pop.
No existe ningún después del pop.
¿Escuchaste hablar o leíste sobre la “música reactiva” (reactive music) desarrollada por RjDj? ¿Estamos en condiciones de programar nuestras sensaciones? ¿Seguiremos llamando a estos gadgets drogas digitales? ¿Realmente el software es el futuro de los estupefacientes?
¿Acaso no se difunden cada vez más las drogas para avatares?
¿Cuánto falta para que proyectos como Sonic City realmente exploten? 
Ya sabemos: no existe nada por fuera del espectáculo (Jean Duvignaud entendió lo que Debord aplazó: sólo existen espectáculos en guerra). El afuera es un recurso más, como cualquier otro. Ni más ni menos que un concepto.
También sabemos que la virtualidad (digital) no es lo OTRO de la materia, sino una de sus instancias, la que nosotros aún percibimos como de las más sutiles. Toda materia se nos presenta imbricada de virtualidad. Las prácticas artísticas viven este reacomodamiento: lo unplugged tampoco es lo que era.
No existe aún ningún después de lo digital porque su virtualidad es parte fundante de nuestra materia.
Y lo será aún cuando todas las máquinas fallen. 
Acaba de estrenarse Buzz. Las redes sociales batallan entre sí ¿qué clase de espectáculo realizan los artistas en tiempos donde las reglas del espectáculo lo implican absolutamente todo?
Sigo leyendo el precioso libro de Jean-Luc Nancy sobre Las Musas.
“Según confiesan los propios fisiólogos, toda partición es insatisfactoria y exige el recurso a una noción de “integración sensorial”. Siempre aparece, por consiguiente, un momento en que la unidad sensual debe restablecerse contra la abstracción sensorial. A esto podrían responder, en apariencia, la unidad sinestética o las “correspondencias” (Baudelaire, Verlaine, Debussy, entre otros), precisamente reivindicadas en una correlación histórica evidente con la posición del “arte” en singular, (…) así como con la postulación del “arte total”.
LDF: "Ahora bien, el pensamiento de Nancy es una filosofía del cuerpo; la publicación de Corpus (1992) lo situó en un territorio clave para la concepción de una corporalidad densa y compleja, que no cae ni en las divisiones dicotómicas evidentes ni en exaltación intervencionista del cuerpo prefabricado (de las modelos a los bodybuilders) que aparece en algunos pensadores posmodernos como Jean Baudrillard o Gilles Lipovetsky. El cuerpo de Nancy se define por una dinámica del “entre“, por una materialidad plástica; Él mismo lo dice: “Un cuerpo es por lo tanto una tensión. Y el origen griego de la palabra es “tonos”, el tono. Un cuerpo es un tono. Ser un cuerpo es ser un cierto tono, cierta tensión. El alma es un nombre para la experiencia que el cuerpo es”. Por lo tanto, esta caracterización táctil que hace Derrida de la filosofía de Nancy resulta ontológica."
¿Acaso no vivimos en una época de nuevas correspondencias?
Es evidente: hasta las musas convergen.
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rafael cippolini
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9:43:00 a. m.
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martes, 9 de febrero de 2010
Future Fashion Now
La escena es absolutamente lisérgica (tanto como podría serlo un animé facturado por Nickelodeon): es una historia de amor, pero también una estudiantina, que a su vez es una obra de arte, tanto como una publicidad y un bastión fashion
¿acaso el pop del siglo XXI no lo es todo simultáneamente?
Las próximas generaciones no admitirán las diferencias.
¿Acaso ese cybercupido descendiente de Pokemón -y por lo tanto de los tamagoshi- no pertenece ya a una tradición que remixa decenas de referencias culturales en unos pocos minutos?
El sincretismo es feroz.
Superflat First Love (video al que me refiero, y que les recomiendo ver haciendo clic acá) es una obra por encargo que el mega-star Takashi Murakami realizó para Luis Vuitton. La lengua de Murakami ya no es (exactamente) el animé, sino algo que va un poco más allá (y más acá): él sabe que nuestro inconsciente imita al animé.
Hace mucho que vengo insistiendo con la necesidad de estudiar minuciosamente las múltiples mutaciones estéticas de la ciencia ficción para poder abordar una antropología de la web.
Los imaginarios que delinean la red de redes no conocen otro origen (¿acaso los paraísos artificiales de la psicodelia no son el reverso de la ciencia ficción?). Por supuesto, lo que entendemos por ciencia ficción se viene transformando tanto, que quienes se formaron con la ciencia ficción clásica, como Pablo Capanna, ya no la reconocen en ella.
Sin embargo, la ciencia ficción no sólo es una ficcionalización de los imaginarios de la ciencia, sino también un fashion de la ciencia. Recomiendo y mucho leer este artículo de un blog que sigo, el de Proyecto Líquido, que describe el momento en el cual De la Tierra a la Luna de Jules Verne dispara un quizá inesperado nuevo mundo: la ciencia ficción de indumentaria.
Es precisamente este artículo el que cita un momento clave en el desarrollo en cuestión: cuando el imprescindible Gilbert Rohde, convocado por la revista Vogue estadounidense en 1939, propone su Future Man (ver foto). Una producción impecable: el futuro de la moda.
¿Acaso el fashion de Barbarella – no sólo el de la película de Roger Vadim, estrenado en 1968 (año de expansión psicodélica si los hay) sino también el del cómic de Jean Claude Forest creado seis años antes, no traza ya las coordenadas para el encuentro definitivo de todos estos intereses que aún seguimos observando, en cierto modo, como diversos? Pop en estado puro.
Muchos pueden recordar a Rohde como un clásico del modernismo, pero lo cierto es que ayudó a proyectar un fashion de la ciencia ficción que todavía sigue su curso. Así como la ciencia ficción diseñó su historia antes de que existiera el término (el año pasado falleció su creador, Forrest Ackerman, aunque el género como tal ya existía, con su fisonomía autónoma, desde 1927 por obra y gracia de Hugo Gernsback, creador de Amazing Stories) de modo similar desde Rohde pudo leerse a una película como Metrópolis (1926) de Fritz Lang, como una avanzada del fashion.
No son pocos los cruces, todo ya estaba ahí. Como vimos; Metrópolis se adelanta sólo un año a la revista de Gernsback, en la que comenzó a publicarse otro clásico de clásicos, Buck Rogers (una historieta, como la posterior Flash Gordon, en donde los vestuarios eran una parte clave de su atractivo). ¿Cómo el mismísimo Osamu Tezuka, padre del animé y entre tantas otras maravillas, de Astroboy, no iba a ser fan declarado de la película de Lang, de la que haría una versión libre estrenada postmortem, en el 2001?
Más pop en estado puro.
Ahora bien ¿puede verse Superflat First Love como una historia de ciencia ficción? Como Pablo Capanna me pregunto ¿es ciencia ficción tanta narrativa contemporánea heredera de los relatos de William Gibson, Bruce Sterling o Neal Stephenson y que se promociona como tal? 
Seguramente poco guardan de los modelos originales, pero es difícil argumentar que no son consecuencia de la misma corriente.
Un río que desbordó tanto que ya nos cuesta reconocer las orillas.
Hernán Ortiz: “Gracias al programa espacial norteamericano, la tecnología y la moda se fusionaron para desarrollar el traje espacial. 
La tarea de los diseñadores fue predecir cómo las superficies de la tela, capas, forros, metales y plásticos reaccionarían en el espacio exterior, teniendo en cuenta los cambios en la masa corporal (que requerían el ajuste automático de las telas) y los problemas de confort, bienestar físico y movilidad. A medida que se hacían más sofisticados, los trajes espaciales, al igual que el diseño de Rohde, regulaban la temperatura corporal, y estaban equipados con transmisores para enviar información sobre los signos vitales del astronauta. (…)
Yves Saint Laurent, André Courrèges, Pierre Cardin y Paco Rabanne fueron pioneros del aspecto de la “era espacial”. Esto les permitió expresar una imagen ultra-moderna y progresiva del futuro muy acorde con la cultura joven y callejera de los 60s. Paco Rabanne, arquitecto apodado por Coco Chanel como “el metalúrgico”, era reconocido por utilizar materiales experimentales y alternativos. (…) Recientemente, en el libro Tomorrow Now: When design meets science ficción (Mudam, 2008), Paco Rabanne dijo que no se considera futurista y que: “una moda de ciencia ficción tendría que estar hecha de tecnología imaginaria que no existe”.
Chrismas on Mars.
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rafael cippolini
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viernes, 22 de enero de 2010
Mega Porno
Más porno alien, más porno avatar: la arrasadora película de James Cameron ya tiene su versión XXX en marcha. No hay más que pasearse un poco por la blogósfera: ¡hay quienes ya se lamentan porque no será en 3D!![]()
La productora Hulster a sugerido un título: “This Aint Avatar XXX”. Seguimos observando como crece una tradición trash: el merchandising más extremo y más obvio de las superproducciones de Hollywood es… cine paródico. Aunque bien ¿cuál es la parodia? ¿No deberíamos hablar de mimetismo obsceno?
Sigo creyendo que tanto el porno como el trash (escorzos del mismo objeto) resultan el ejemplo más acabado del estado de las estéticas que definen nuestra época (un tiempo mediado por la web). Abdican de “lo novedoso”, asumen sin pudores su cualidad de producto, funcionan como una representación de la representación (Baudrillard: continuamos rumiando –lo admitamos o no- tus hipótesis sobre la sobreexpansión del simulacro).
Antiguo seguir hablando de la “muerte del autor”. Un concepto que pertenece a otros tiempos.
Hace rato que un autor no es mas que un clon de otro clon de otro clon. La diferencia sólo es una variable de la repetición.
El pornotrash (tautología pura) es viral. Replica, expande. El porno es información (visual, económica, corporal). ¿Quieren estadísticas? No pierdan un segundo más: hagan clic acá. No se pierdan este video. Las encuestas son pura estética: pornografía deificada.
Dije: porno avatar. Sexo software: el erotismo como gadget.
Hoy por hoy: ¿Existe algo más mecánico, robótico, que la representación de sexo avatar? Cuerpos que repiten una acción como si fueran juguetes de cuerda. Al Marqués de Sade sin dudas le divertiría esta culminación digital de los eternos autómatas.
Escuchaba en Second Life, donde proliferan las versiones del planeta Pandora (¡avatares de avatares!): los adictos al sexo del Metaverso buscan y exigen, cada vez más, animaciones de mayor complejidad. 
Si el cuerpo se digitaliza ¿cuál es la frontera? ¿Cuál será el verosímil?
¿Cómo afectan los imaginarios de tratamiento digital a nuestras sensaciones?
Hace un siglo atrás, el mandato de la ideología del progreso comenzaba a empujar a las artes visuales en la aventura de la no figuración, de la no representación.
Nuestra época es la pesadilla de Platón: experimentamos la representación a la enésima potencia.
Mega Porno.
Hace cuarenta años, en su célebre Theatrum Philosophicum, Foucault arengaba: “Invertir el platonismo ¿qué filosofía no lo ha intentado? ¿Y si definiésemos, en última instancia, como filosofía cualquier empresa encaminada a invertir el platonismo?”
A más de un cuarto de siglo de fallecido el pensador galo, no vivimos en ningún status quo que el enunciado. Imposible arqueologizar algo que se antoje como original. La pornografía y el trash están más allá de la parodia: la absorbieron de tal modo, tanto la estilizaron (en su brutalidad) y la distorsionaron, que nos resulta sumamente dificultoso establecer la diferencia.
¿Cómo acercarnos teóricamente a estas coordenadas?
¿Cómo encarnar la situación? ¿No es finalmente la maquinaria pop la que se pone, una vez más, en juego?
Leemos en el impecable Furia & Clase, de LDF (Luis Diego Fernández):
“Estoy seguro que Gwen Stefani estaba chequeando The Superficial cuando una casta algo insólita (e irregularmente, filosofal) de pornógrafos se dio cita en el mismo lugar en el que se encontraba la diva pop. A saber, sin órdenes particulares: Michael Ninn –pornógrafo fashion-, Bruce La Bruce –pornógrafo gay y punk-, es decir, queercore-, Tanya Hyde –pornógrafa fetish- y Jules Jordan –pornógrafo gonzo, californiano, ass adict-. También, por cierto, otros pornies más cult, como Georges Bataille, Leopold Von Sacher Masoch o hasta el propio divino marqués (de Sade, obvio). Por el corredor lateral, donde desfilan las musas inasibles pero, radicalmente, carnales, aparecían figuras y seres de “poca definición”.
El estilo de LDF atrapa a la perfección el clima de lo que intento describir (brillante la cita a Merovingian y Perséfone; cuestión de gustos, mi imaginación me lleva más al desparpajo de Lady Gaga –sensualidad trash de la nueva década- que a la proliferante Gwen).
En la era web, el porno lo invade todo: en ella (parafraseando a Gombrowicz) no existe pensamiento que no sea porno.
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rafael cippolini
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9:16:00 a. m.
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sábado, 16 de enero de 2010
Virtualmente irresistible
Ecologías de la virtualidad
Estamos en Wonderland y amamos este sitio extraño porque en él nada es verosímil. Perdón: porque todo lo que estamos conociendo es perfectamente verosímil, pero de otro modo. ¡Bienvenidas sean estas sensibilidades de las que aún tan poco sabemos!
Y no es que Wonderland sea el paraíso ni mucho menos. Es simplemente un planeta que empezamos a descubrir, a medida que lo inventamos.
¿Por qué confiamos tanto en el estado actual de nuestros sentidos cuando sabemos que no es más que un reformateo cultural entre otros? Hay algo en lo que coinciden nuestras percepciones en el mundo físico y el mundo digital: cuando te miro no estoy viendo nada distinto a una construcción cultural.
Por suerte seguimos aprendiendo de la biopolítica.
Cuando Thimoty Leary afirmaba que Silicon Valley no era sino el reverso de la cultura del ácido, sabía perfectamente de lo que hablaba.
Me sumerjo en el concepto de cosmopolitismo pop, de Henry Jenkins
No son otros los imaginarios que moldean la web. Empatía semiótica: más de una generación está más familiarizada con los personajes de Pokemón que con los de los Hermanos Grimm o los de Hans Christian Andersen.
Jenkins: “Los etnógrafos han descubierto que el mismo contenido mediático puede interpretarse de maneras radicalmente diferentes en los distintos contextos regionales o nacionales, toda vez que los consumidores lo interpretan sobre el telón de fondo de los géneros más familiares. Incluso en un mismo contexto, determinados sectores pueden sentirse particularmente atraídos por los contenidos mediáticos extranjeros, mientras que otros pueden mostrar indignación moral y política. La mayoría negociará con esta cultura importada de maneras que reflejen los intereses locales de los consumidores mediáticos, más que los intereses globales de los productores mediáticos”.
Pero ¿qué sucede cuando una buena parte de nuestro tiempo transcurre en un sitio que denominamos ciberespacio? Una vez más ¿volviste a preguntarte cuántas horas diarias estás conectad@?
¿Qué sucede cuando gran parte de nuestra sociabilidad se modela virtualmente (en la web) en imaginarios globales que compartimos mientras nos los apropiamos de los modos más diversos?
Sí, sí: una vieja tradición y culto que inauguró el siglo XX, pero que aún asusta.
(¿Quién no quiere ser un producto de Lewis Carroll y la psicodelia?).
Leo (fuera de contexto) una cita de Janon Lanier (New York Times) en Melpómene Mag y no puedo sino pensar: “cuánto debemos proteger aún nuestra virtualidad. Pues ésta también determina nuestra calidad de vida”. Como novísimos parias: avancemos por el desierto. 
Lo que conozco de vos es lo que me muestra la web. Ergo, las ecologías de la virtualidad son prioritarias en nuestra sana sociabilidad. Una digitalizad enferma es aquella que se esfuerza por duplicar todo.
James Cameron lo sabe: un avatar debería cambiarte la cabeza. Reconectarte con lo que creías que eras de otro modo.
No deja de resultar curiosa la inversión: si para los hinduistas el avatar es la materialización de un dios (Vishnú, principalmente) en nuestro marco terrestre, para la cultura web, contrario sensu, es el modo más efectivo que conocemos para virtualizarnos en un entorno digital, de proponer nuestra presencia en la red, que es tan entorno nuestro como los objetos físicos que nos rodean cotidianamente. 
Las consecuencias son radicales: el concepto de “espacio público” se viene trastornando por completo (y por suerte). No estamos construyendo una zona para que sólo la habiten nuestros cuerpos. Lo que llamamos representación cobra otro sentido. Si las posibilidades del Photoshop nos permiten rediseñar la información visual que nos define, más que nunca podemos explorar por fuera de los imperativos modelos de belleza con los que nos bombardean a diario.
Los metaversos lo dejan perfectamente en claro: los sims más interesantes son aquellos que abdican de replicar una instancia física. ¿Acaso no nos fascinan las ciudades inventadas, o en su defecto, lo que no tienen de verosímil los espacios preexistentes? Adoro Buenos Aires, la ciudad en la que vivo. No necesito ninguna réplica.
Marín Ardilla: "somos habitantes de la virtualidad desde que somos homo sapiens-demens. Somos virtualidad porque no sólo morimos sino que también sabemos que vamos a morir. Vivir en el mundo imaginario no es un atributo que corresponda a etapas pasadas de la humanidad, a los pueblos “primitivos”. La imaginación no es una fase evolutiva inferior frente a la conciencia científica y/o racional. Homo sapiens-demens (arcaico o moderno) está constituido por una estructura antropológica de lo imaginario. Lo virtual es un elemento de la estructura antropológica y, un elemento de la estructura de la realidad".
Publicadas por
rafael cippolini
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11:20:00 a. m.
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lunes, 21 de diciembre de 2009
Porno life
Virtualidad, información, identidad
No existe plataforma que no se imponga como una declaración estética: Facebook pone en órbita una estética, lo mismo que Fotolog, Flickr, Blogger, Second Life o incluso Taringa!.
Las estéticas no son sino las formas en que administramos nuestro tiempo y los materiales que les proponemos.
Aclaremos: estéticas de tuneo, de múltiple articulación de tres términos: virtualidad, información e identidad (de hecho el par intimidad / sociabilidad se deduce de las combinatorias iniciales).
Decime de qué forma te componés (te inventás) digitalmente mediante el ars combinatoria de estas tres dimensiones e intentaré adivinar cómo afectan estas estéticas tu vida unplugged.
¿Realmente es más peligroso Facebook que Fotolog? ¿Por qué la gran inflación de crímenes y asesinatos parecen merodear tanto más los usos del primero que las opciones del segundo?
En los últimos años no dejamos de leer y escuchar sobre ese desajuste de información entre virtualidad y mundo físico que tuvo como saldo demasiados hechos horrendos. Y una y otra vez nos asalta el mismo interrogante: ¿qué clase de información es la que está en juego?
¿Qué es lo que estas estéticas de software ponen en escena? ¿El relato –en imágenes, preferencias y mini-historias- de una vida –a medias inmediata, a medias ficcionada por una edición amateur?
Veámoslo de este modo: lo que exhibimos, ante todo, es una mirada, un modo de observar(nos).
¿Qué otra cosa es Flickr, Fotolog o Facebook? Para la gran mayoría de los usuarios, una simple indicación: así queremos que nos vean, que nos miren.
De hecho, lo que nos atrae observar es cómo se miran y como ven a sí mismos los otros. Cómo se sostiene y muta esa mirada a lo largo de un extenso número de días. Una mirada de almanaque, de diario personal en imágenes.

Un blog puede aproximarse a lo mismo con palabras (también Twitter) pero la visualidad sigue triunfando, ampliamente.
El interrogante reina ¿cómo me vas a ver? ¿De qué modo actúa tu percepción sobre mí?
¿Qué ves? ¿qué te dejo ver? ¿qué te permito ver? Lo sabemos: la imagen siempre oculta.
Todo foco es exclusión, elabora un “fuera de cuadro”, se determina a partir de todo lo que dejamos afuera. Pero en todos los casos no es más que narración: relato en imágenes, en una trama dispersa, presuntamente desarticulada pero continua.
Tu frecuencia, tu insistencia, tus dubitaciones, todo puede deducirse paranoicamente de tu perfil digital.
Claro, en todos los casos se trata de percepción pautada por la tecnología (por las estéticas de la tecnología).
Si puedo explicar la forma en que veo / miro, en que narro desde imágenes, ante todo es porque conozco, más no sea intuitivamente, las limitaciones del software que estoy utilizando.
¿Por qué triunfan Fotolog y Flickr? Porque Youtube o los textos de un blog (o los ínfimos de Twitter) exigen otro uso de tiempo.
El trasfondo siempre es porno: deseamos ver más de lo que vemos en el mundo físico.
Siendo como es la virtualidad, una radicalización de nuestro mundo material, intentamos hurgar justo ahí donde la virtualidad eleva la promesa de manifestarlo todo a toda velocidad.
Porque, como resulta evidente, las estéticas deben ser ante todo veloces. Mutantes, vertiginosas. El mundo en estado Twitter (ahora sí): estímulos incesantes en un planeta en el cual la ansiedad y el aburrimiento compiten sin piedad.
Publicadas por
rafael cippolini
a la/s
12:34:00 p. m.
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