Animal de software (v.2.)
Para los apocalípticos cool, Wikipedia es la perfecta ilustración del teorema de los infinitos monos. 
Hace muy poco, en Buenos Aires, Jimbo Wales, el creador del proyecto enciclopédico más consultado en la red, volvió a insistir con su visión de perspectiva para la web: “la tendencia dominante en Internet son los contenidos creados por los usuarios”.
Sí, sí, muy bien, pero ¿qué usuarios? Y por sobre todo ¿de qué modo? ¿con qué protocolos? ¿bajo qué formas? El matemático francés Émile Borel tenía más o menos mi edad cuando publicó Mécanique Statistique et Irréversibilité, en 1913. Si hoy ese libro resulta una y otra vez citado, es porque ahí Borel escribió “que si un millón de monos mecanografiaban diez horas al día sería extremadamente improbable que pudiesen producir algo que fuese igual a lo contenido en los libros de las bibliotecas más ricas del mundo y aún así, en comparación, sería aún más inverosímil que las leyes de estadística fuesen violadas”.
Tras algunas variaciones posteriores, este enunciado, que pasaría a la posteridad como El teorema de los infinitos monos, desajustaría un poco más su sentido hasta afirmar “que un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado casi seguramente podrá escribir finalmente cualquier libro que se halle en la Biblioteca Nacional Francesa. En una nueva exposición del mismo teorema, más popular entre los angloparlantes, los monos podrían escribir las obras de William Shakespeare.” Como habrán notado, en ambas citas no hice otra cosa que tomar en préstamo contenidos de Wikipedia.
Veamos esto. No mucho antes de la visita de Jimbo Wales, mientras preparábamos un ensayo que todavía no terminé para el nuevo número de la revista Tokonoma, Anla Courtis me narraba con minucia sus impresiones sobre la escena japanoise, después de haber compartido escenario en la isla con grupos y solistas como Kawabata Makoto, Matsunaga, Rokugenkin, Yoshimi o el dúo Incapacitants. 
Sobre éstos últimos, subrayaba que todo nacía de su gestualidad, de sus movimientos espásticos. Una práctica cuya esencia son los movimientos corporales. Para el accionismo japanoise el sonido es siempre consecuencia de la gestualidad física, entendida como una fuerza propia, autosuficiente.
Para muchos esto está bastante lejos de ser simple de entender. Luego de que Jackson Pollock se convirtiera en un clásico moderno, no faltaron los apocalípticos cool que dieran pinceles y óleos a chimpancés con el supuesto fin de demostrar que un simio podía hacerlo incluso mejor.
El mismo Marshall McLuhan escribió alguna vez que las poéticas del siglo XX no hubieran sido las mismas sin el arrullo industrial del tipeo de las máquinas de escribir. Casi al mismo tiempo Truman Capote, molesto por la supuesta velocidad de escritura de Jack Kerouac, se quejaba de que éste no fuera un escritor, sino un mero tipeador.
Pues bien: démosle aún más razón a Darwin. Un mono es otra versión de nosotros mismos. No importan tanto las estadísticas de la Web 2.0 sobre la cantidad de blogs que se abren diariamente, sino las tribus que se siguen diseminando a un ritmo vertiginoso. El mundo se está llenado de monos. Parecería que no sólo tenía razón Pierre Boulle (autor de la novela en la que se inspiró la película El planeta de los simios), sino también Will Self cuando hace once años publicó Great Apes.
Los apocalípticos cool no dejan de recibir disgustos. Incluso aquellos tecnófilos que en su momento se jactaron (y aún siguen ufanándose) de haber utilizado antes que nadie la “plataforma blog” (ahora ¿eso es gesto o contenido?) hace rato comenzaron a denostarla. El nuevo aluvión zoológico comenzaba a invadirlo todo. Para ellos, si llegan los monos, concluyó la vanguardia. Por supuesto: la tecnofilia está repleta de apocalípticos cool. 
Ahora bien, atención. El mono no es la masa. No. Sino aquel que tiene otro código. El portador de otro tipo de barbarie, más animal. (A propósito: si viven o están en Buenos Aires no se pierdan la muestra de Verónica Gómez en Appetite. “Aunque me lavase con agua de nieve me hundirías en el lodo.”)
Ahora bien (de nuevo) ¿de qué clase de monos se trata? ¿Deberíamos inaugurar nuevas pautas zoológicas para clasificar sus acciones? Monos anfibios quizá, una especie curiosa que ecualiza de manera inédita gestualidad, virtualidad y linkeos sorpresivos (¿una confirmación estadística sorprendente?). También monos zen, monos ergonómicos que evolucionaron y tanto desde sus primeros viajes espaciales. Monos arduinos en los que los apocalípticos cool sólo verán atávicos simios que observan perplejos lo que no comprenden, como aquellos de la obertura de 2001 Odisea del Espacio. Insisto ¿son los mismos monos? 
Weles: "¿Porque ser abierto? Permitanme responderles con una analogía. Si alguien les pide que diseñen un restaurant no piensa que todos los clientes deben estar en una jaula porque en un restaurante hay cuchillos para cortar carne pero se pueden usar para acuchillar gente. Este pensamiento genera una idea de mala sociedad. y esto es EXACTAMENTE el pensamiento racional contrario al que tenemos en Wikipedia por eso le damos las herramientas a la gente para poder editar o crear en Wikipedia."
Y por esto debe ser todo abierto, pero si alguien genera problemas lo abordamos por separado y esa es nuestra “idea filosófica”.
WANG TA-HAI (1791): "Este animal abunda en las regiones del norte y tiene cuatro o cinco pulgadas de largo: está dotado de un instinto curioso; los ojos son como cornalinas, y el pelo es negro azabache, sedoso y flexible, suave como una almohada.
Es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben, se sienta con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas esperando que hayan concluido y se bebe el sobrante de la tinta. Después vuelve a sentarse en cuclillas, y se queda tranquilo."
Addenda. ¿Qué fue lo que sucedió con ésto? "El "Infinite Monkey Project" ("Proyecto Mono Infinito") propone una técnica similar a la de "Cadáver exquisito", un juego grupal muy utilizado en los talleres literarios, en el que cada persona aporta palabras que son sucesivamente ensambladas para formar una composición. (...) Todas las canciones creadas serán recopiladas en un CD, y aquellas personas cuyas palabras aparezcan en las letras de los temas compuestos, recibirán una copia gratis del álbum y cobrarán dinero por los derechos de autor. (...) En Europa, una iniciativa llamada "Infinite Monkey Project" busca crear canciones a partir de mensajes de texto. La idea pertenece a la empresa de software para teléfonos móviles Tegic, quienes desde su página web, invitan a los usuarios de celulares a mandar palabras que, luego de una selección, conformarán el tema musical. El proyecto ya funciona en Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia y España."
domingo, 9 de noviembre de 2008
¿Salimos muy monos?
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rafael cippolini
a la/s
6:16:00 a. m.
Etiquetas: aliens terráqueos, confusión, cybergéneros, Descontextos, Error, fantastico freak, kamishibai + japón, mitologías, Paisaje e Ideología, Software tribal, tecnofobia(s), transorientalización
viernes, 6 de junio de 2008
Elemento Asobi: entretenimiento puro (remix # 1)
¿No es genial poder experimentar varios presentes simultáneos? ¿reinventar el vértigo de varios aquí y ahora así como Fernando Pessoa vagaba heteronómicamente por la literatura siendo muchos? ¿O como lo hacían los artistas del ala Kosice de Madí en los cuarentas o cincuentas, reformateándose y remixándose para cada exhibición? Sólo un imbécil podría señalar esa multiplicidad como una farsa. De todas las posibilidades que nos ofrecen las prácticas artísticas, ésta es sin dudas una de las que más me interesa.
¿Y no se trata de una estrategia de sobrevivencia básica en los mundos virtuales? Cuando ingresamos a Second Life el contexto digital nos dispara a modelar ese más allá electrónico delimitado en píxeles: nuestro avatar no es otra cosa que una nave de exploración, no sólo del entorno software, sino de nuestra propia forma, social e individual. Muchos usuarios tienen más de un avatar, cada uno con una personalidad diferenciada.
Más que nunca, como el Bob Dylan de Todd Heynes, cada uno de nosotros es una pequeña multitud. Es una de las tantas respuestas que ensayamos ante los repartos diferenciados de ficción de nuestro tiempo. La década del 90 comenzó a generar síntesis increíbles: el grunge podía ser punk, glam, heavy, dark, hippie; una saturación y licuado de estilos de estar en el mundo. Lo escuchamos y utilizamos todo sin culpa. Y esta no sólo es una característica de la tan sacudida cultura rock: en la practica de las artes visuales contemporáneas, un artista como Oto Borús en un mismo día es historietista, pintor, músico de bandas disímiles como Hipnoflautas y Capitanes del Espacio, diseñador de sistemas post-hidrocinéticos y actor de cortometrajes, del mismo modo que el hiperglosado Danto hace años señalaba “puedes ser un artista abstracto a la mañana, un hiperrealista por la tarde y un minimalista por la noche”. 
Nuestro operar es asobi, término japonés que señala en un mismo vocablo al juego, al arte y al entretenimiento como única entidad. Es en un sentido muy similar que la cultura hacker se expande mucho más allá de sus históricas fronteras de ghetto para refundirse en la cultura pop.
Hace poco, en un ensayo muy recomendable, Cecilia Pavón señalaba:
“(…)Pero fueron necesarias unas pocas décadas para que las cosas cambiaran, y madre e hija desearan vestirse con la misma marca de jeans y escuchar juntas a Mariah Carey. Mientras tanto, en las casas dejaban de tener importancia los equipos de música y empezaban a ganarla las computadoras, que interconectadas formaban una comunidad compleja llamada Internet. Y si lo que definía el pop era la escucha en comunidad, ¿existe una forma más radical de estar incluido en una comunidad que aquella propuesta por la Web 2.0? 
Desde ese punto de vista, la cultura de Internet es tan pop como la música de Madonna, o mucho más pop, o radicalmente pop. O también podría decirse que se trata de un desarrollo más exitoso de la misma práctica subcultural llevada adelante por la música pop. Porque la Web 2.0, Internet en la que interactuamos todos los días, creando contenidos (por ejemplo, cuando hacemos un comentario en un blog) y alimentando así un archivo imposible de dimensionar, puede ser leída, al igual que el pop, como el desarrollo de la subcultura de los círculos cerrados de hackers que interactuaban -al igual de muchas otras subculturas- en la costa oeste de Estados Unidos durante los años setenta.”
Pero es muy claro que la cualidad asobi tiene un dinamizador que es quien articula la conjunta evolución del activismo hacker y la visión pop y es el tercer elemento elegido por Linus Torvalds (creador del sistema operativo Linus) para señalar la tercera fase-categoría de su enunciado rector: “La ley de Linus establece que todas nuestras motivaciones se pueden agrupar en tres categorías básicas. Y el progreso consiste en ir pasando de una categoría a la siguiente como fases de un proceso de evolución. Las categorías son, en este orden, “supervivencia”, “vida social” y “entretenimiento”. (…) Puede parecer una elección extraña, pero por entretenimiento entiendo algo más que jugar con la Nintendo. Es el ajedrez. Es la pintura. Es el ejercicio mental que comporta cualquier intento de explicar el universo. (…) Es algo intrínsecamente interesante y capaz de plantear desafíos”.
Ayer merendé con Anla Courtis (ex Reynols) que me pasó dos de sus últimos discos. Dos joyas que participan completamente de la dimensión asobi que con este posteo comienzo a diseccionar: Live at Kanadian es un tesoro japonés, registro de una jam que realizó en Osaka con el imprescindible Seiichi Yamamoto y la celebrísima Yoshimi (sí, la misma a la que los Flaming Lips le dedicaron su Yoshimi battles the pink robots) y la edición estadounidense de Unstringed guitar & Cymbals, piezas noise ejecutadas con una guitarra sin cuerdas que Anla compró en el Ejército de Salvación de Pompeya (un formato rock nacional pero de otra galaxia.)
Intensidad, conocimiento, formalidad límite y entretenimiento: la cultura pop, el hackerismo y las prácticas contemporáneas de arte resetean nuestra cotidianidad en una inédita proliferación asobi.
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rafael cippolini
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10:55:00 p. m.
Etiquetas: asobi, cultura rock, Cyberculturas 98.5%, régimenes de ficción, Second Life, transorientalización
martes, 16 de octubre de 2007
“Tokio como software” y además
“¿Es posible acceder a Second Life desde Second Life? Es decir ¿un avatar tiene acceso desde su lugar a un universo virtual como el de Second Life?” La pregunta me la hizo Sergio Pángaro hace dos días en la ciudad de Rosario.
El interrogante por este juego de cajas chinas -de mamushkas o babushkas informáticas- es crucial y podríamos reformularlo así ¿puede la virtualidad generar virtualidad desde la virtualidad? (Como puede verse en la imagen, en Second Life encontramos muchos video games; incluso, mi avatar tiene una notebook mientras que en Real Life no tengo ninguna.) Y linkeada a esta pregunta ¿de qué forma y bajo cuales políticas se relacionarán en el futuro cercano distintas plataformas de virtualidad?
Ya sabemos: Linden Lab e IBM trabajan en conjunto en la elaboración de avatares que puedan ser utilizados en más de un programa, lo cual es completamente lógico: no dentro de mucho podremos navegar entre mundos virtuales de la misma manera que navegamos en el Google o en la Blogósfera: la web imita al Big Bang. Desconocer este avance (incluso negarlo) ya resulta tan absurdo como hace un siglo atrás resultó rehusar el teléfono o la radio. Hoy nos parece ridículo, pero entonces no fueron pocos los que desconfiaron de estos aparatos.
Mientras termino un ensayo –muy a destiempo- para el próximo número de la revista Tokonoma (precisamente “Tokio como software”, sobre las estrategias aplicadas a los imaginarios en el diseño de ciudades virtuales, en este caso la impactante Tokio puesta en órbita por Tetsuya Mizuguchi, Señor Manager de la empresa Dentsu) pienso que cada vez tiene más sentido pensar sobre el futuro del arte y de la literatura (y del cine y del teatro y de la música y de tantas otras disciplinas) en los universos virtuales.
Porque hasta el momento lo que más encontramos son simples traslados y adaptaciones: efectos de simulación. Pero sabemos perfectamente que lo más interesante es abandonar por completo las leyes que rigen estos haceres en Real Life y reinventar sus usos en estos mundos (Second Life no es un mundo, sino muchos mundos en uno; cuando se multipliquen aún más las plataformas virtuales y nuestros avatares puedan viajar entre ellas –incluso generando más virtualidad- el efecto será arrollador).
Siempre el mismo límite ¿inventamos nuevas reglas y estudiamos cómo accionarlas o simplemente reproducimos las mismas viejas reglas?
Ya no se trata de lo nuevo y lo viejo. Los conceptos de fantasma (sobre el que el psicoanálisis ha indagado tanto) o de fantasmagoría (otra vez más fue Tomás Maldonado quien exploró minuciosamente las propuestas de Stanislav Lem) son realmente antiquísimos. Es inútil discutir sobre sus límites conceptuales al tiempo que es imprescindible investigar los efectos de las recientes aplicaciones.
Seré temerario y preguntaré lo más incómodo: ¿podría existir en una plataforma virtual como Second Life un Josef Mengele?
¿Tiene sentido la bioética en universos como el que describimos?
Me aburre profundamente el sexo virtual tanto como me inquietan los futuros desarrollos del sexo mutante (es mi lado Burroughs o Cronenberg) ¿cuál es la función del sexo en la virtualidad? ¿cómo se dispara aquí la líbido?
Sigo insistiendo: todas estas preguntas que se arremolinan en nuestro cerebro cuando nos enfrentamos al devenir de los mundos virtuales generados por la informática repercuten en nuestro mundo unplugged. La virtualidad digital modifica nuestra vida cotidiana. Los efectos aún no son tan notorios, pero lo serán y mucho en poco tiempo. Estoy interesadísimo en rastrear estos cambios. Y sigo creyendo que no existe nada mejor que el arte y la ficción para obtener respuestas.
Vuelvo a lo planteado por Marc Augé y subrayo: vivimos en una guerra de sueños, entre el imaginario individual (los sueños), los imaginarios colectivos (los mitos) y la ficción creativa (las artes): y estoy absolutamente convencido que no existe nada mejor para obtener respuestas críticas y mapas de estas interacciones que las armas que nos proporciona la misma ficción creativa.
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rafael cippolini
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12:34:00 p. m.
Etiquetas: exploraciones, inconsciente informático, kamishibai + japón, Second Life, transorientalización
miércoles, 27 de junio de 2007
Transorientalización Express
En la época de Pierre Loti, Oriente ocupaba un espacio fabuloso en el imaginario Europeo: “lo exótico” y “el exotismo” rankeaban alto en ciertas preferencias medias y populares. En el breve y encantador texto que acompaña Señores Chinos de Sergio Pángaro (libro que acaba de reeditarse por Vestales), Amalia Sato hace referencia a un notable diario de viaje por Oriente escrito por Judith Gautier –hija del impresionante Théofile-, así como sus composiciones de dramas chinos y japoneses sin haberlos presenciado jamás.
Más contemporáneamente Roland Barthes alucinaba con un imperio de signos oriental que disparaba su pasión semiológica a una dimensión limítrofe, radical. Oriente poseía culturalmente –y aún posee, pero no del mismo modo- la magia y los brillos (incluso oscuros) de lo inasimilable. Sato fundó la revista Tokonoma con varios objetivos, sin dudas uno de ellos fue la exploración (mediante ensayos y creación literaria) de la imaginación occidental construyendo una curiosísima traducibilidad de lo japonés y oriental. Ese mismo territorio mental que Alfredo Prior distorsiona y multiplica obteniendo resultados de los más refinados y bizarros. En otra frecuencia igualmente insoslayable, la revista Seda expande búsquedas que aumentan nuestra percepción del conjunto. En 1932 se publicó Viaje a Japón, de Jorge Max Rohde, posiblemente el primer ensayo-diario minucioso de un turista cultural argentino por esas tierras. A fines de los cincuenta y principios de los sesenta, el entonces pintor abstracto Leopoldo Torres Agüero vivió y trabajó en Japón (todavía recuerdo como me alucinó, hace más de veinte años, una pintura suya utilizada como cubierta de aquel primer vinilo tan dark de El Corte); los resultados fueron, por supuesto, inquietantes. Uno y otro realizaban el sinuoso tránsito seguramente con el fin de construir a partir de ese peculiar movimiento una subjetividad diferente.
Por supuesto, otro es el caso y antecedente de mi admirado Kasuya Sakai, argentino de padres japoneses educado en la Universidad de Waseda, artista primero informalista y luego geométrico, difusor pionero de la cultura japonesa en Argentina y luego impecable traductor del grupo-revista Vuelta, de Octavio Paz en México. Todos ellos, lo mismo que Guillermo Quartucci (master absolut en estudios orientales) conformaron un archivo de mixturas argentino-orientales sin precedentes. Ya en mi generación, los contactos fueron más interactivos, con otra dinámica de intercambios. Pienso en la estadía Guillermo Ueno en Tokio, en esa rara avis conocida como Los Tintoreros y en las giras japonesas del fabuloso Alan (Anla) Courtis (ex Reynols) con Makoto Kawabata, líder de los imprescindibles Acid Mother Temple (tampoco puedo dejar de mencionar un disco que estuvo semanas sin abandonar mi reproductor de cds en pleno uso: me refiero a su trabajo con Kouhei Matsunaga, con gemas como Latest Research on Metaphysical Properties in Pochoclo Acaramelado y Telephatic Collaboration Monday September 27 th 2004 at 23:55 Japan / 11:55 Argentina).
Todas experiencias que resultan el absoluto reverso de la invención centrípeta que Renato Ortiz estudia en Lo próximo y lo distante. Japón y la modernidad-mundo (Interzona). Nótese que excluyo deliberadamente (esta vez) la imparable invasión del inconsciente manga y animé y el cine oriental de las últimas cuatro décadas, que ya forman parte fundante de nuestra occidentalidad expandida. ¿Quién no tiene más de un clásico de estas estéticas en su top 10?
Claro, este es un brevísimo y apresurado apunte sobre lo primero que me vino a la cabeza al momento de proponerme un diagrama de cruces y maridajes entre los imaginarios cercanos (valga el peculiar oxímoron) de occidente-oriente y algunas de sus (al menos para mí) cotidianas consecuencias. De anotar materiales acaso inobviables.
¿De qué forma nos estamos orientalizando? ¿Cómo construimos nuestro oriente cotidiano-mental-sensorial? Bueno, esto recién empieza.
Publicadas por
rafael cippolini
a la/s
11:34:00 a. m.
Etiquetas: ensayos + adelantos, exploraciones, kamishibai + japón, mitologías, transorientalización
