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martes, 31 de mayo de 2011

El ritmo de la información

¿Qué otra cosa es un blog que ritmo?

Ritmo de la información que deseamos nos represente en la web durante un una fracción de tiempo -¿acaso el ritmo no es el modo más puro de interrogar al tiempo?-.

Blog es swing en la información o no es.
No importa si se trata tanto de slow tempo o de data en taquicardia.

Nunca dejo de pensar en ese arco que se sostiene entre estas dos aseveraciones: 1) “Si en el transcurso de la jam no sabés qué tocar, simplemente no toques” (Miles Davis). 2) “Sólo escribo cuando no tengo nada para decir. No es mi memoria la que escribe sino los agujeros, mis olvidos” (Marguerite Duras).

Entendamos: no se trata tanto de qué decir, ni de cómo (estos son aspectos secundarios), sino ante todo cuándo.
La web es presencia: tu huella está ahí. Ya no se trata de memoria –la memoria jamás es tan nítida- sino de pruebas, indicios que persisten en la escena del crimen hasta que lo decidas.

Ya escribí sobre los blogs muertos, sobre el cementerio de blogs que encontramos en cada blogósfera.

Debería también referirme a los blogs suicidados.
¿Uno es blogger o bloguista sólo si bloguea? Por alguna razón equiparo y barajo en un mismo mazo los verbos bloguear y rockear. Sostenemos la energía de un pulso.

Se dice habitualmente “fulano de tal mantiene un blog”, como quien sostiene o preservera con su amante. Seamos cursis: los blogs que nos interesan son actos de amor.
¿Qué tiempos tiene el amor?
Un amor que se mide en posteos. La información nos define.

Durante años mis posteos se sucedieron cada 4, 5, 6 días. Y fueron capítulos, jadeos de información poetizada, tamizada por estilos que antes que nada buscaban el swing. Un swing en nunca menos de 4000 caracteres. Ese tempo colisionó hace casi un año. El julio de 2010.

Tanto se estrelló –se deshizo en estrellas improbables- que el mes pasado, abril, no hubo ni un posteo. Y desde hace mucho –muchísimo en tiempos de la web- los posteos fueron mensuales.

Cuando alguien me dice “casi no uso internet” sospecho que me quiere decir: escapo de ese tiempo del mundo. Porque nada marca más el tiempo del mundo –más aún que su temperatura- que la web.

Las velocidades en que vivimos son dictadas por la web. Claro que nunca deberíamos confundir web con hardware ni software, sino con los usos y abusos que se hacen con ellos.

El término cibercultura habitualmente sólo refiere a un porcentaje mínimo de lo que se hace con internet, casi siempre de quienes se piensan como vanguardia y sólo hablan de mercado (a favor o en contra).

Por suerte la palabra tendencia es insuficiente y los geeks de tan diversos ya ni se reconocen entre ellos.

Si por cibercultura tantos reclaman un glosario de data dura –la reificación tan propia de la industria- ya sabemos, todo es viejo de este lado del espejo: ¿quién te marca el pulso? Deshabituarse a los mandatos del consumo, procurarse otros consumos. Que la cibercultura sea una de las hijas de la contracultura y no del márketing (otra expresión de deseo).

Mi swing –el swing del Cippodromo, anche el del Cippodromon- se han vuelto más y más imprecisos. Un posteo fue durante cuatro años un acto reflejo: una compulsión. Cuando esa compulsión se desistematiza, gana en otro tipo de precisión: no puede saberse cuándo sigue.

Es agradable saber que existen tantos y tantos y tantos blogs excelentes y atrapantes que siempre llegaremos tarde a ellos: leemos sus novedades como las botellas arrojadas por un náufrago. Nos alcanza con saber que ese pulso proseguirá, que hay alguien que lo sostiene, que conoceremos más ritmo.

Y el ritmo de la escritura no lo inventaron los beatniks. Ayer releía a Blaise Pascal. No sólo inventó la pascalina -¿hay algo más parecido a una computadora antes de su creación?- sino que da la impresión de que pensaba escribiendo. Ante todo swing.

La escritura también es música. Me gusta mirar a la gente que teclea y mentirme que está ejecutando un instrumento (musical). Que están poniendo en escena su ritmo (y no me refiero al pulso de tipeo, para nada. La velocidad sólo esconde ansiedad). Por alguna razón prefiero las frases que se arrastran y no quieren concluir.

Bloguear es eso: saber que en algún momento lo intentarás con otra frase.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Web Trip

¿The Web is dead? Como toda ecología, la red peligra. No es tanto cuestión de dualismos ni de industrias (otro hardware, otras digitalidades) sino de ideologías: ahí están nuestras cosmovisiones de tránsito.

Como dice Piscitelli, bienvenidos a esta guerra. Como toda Tierra Media, la web necesita de profetas. Chris Anderson (Wired) bien puede ser uno de ellos. De hecho, su creciente popularidad puede ser un síntoma (tómense un rato y lean este reportaje). No voy a comentar la explosiva portada de Wired (que ni siquiera es noticia). Pero sí avanzar en la tautología del título de este posteo: si web es red, web es también tan trip como red.

Qué estemos todos conectados no es necesariamente el paraíso. Que sepamos diseñar nuestro propio manual de viaje y bocetar nuestra personal teoría crítica de navegación quizá tampoco lo sea, pero sin dudas resulta definitivamente más urgente.

La Web es un trip o es más de lo mismo.
Una computadora no debería ser un mueble ni un adorno. Tampoco una corbata ni otro electrodoméstico (una aspiradora de información). Posiblemente sea una mentira o una exageración que Steve Jobs y Woz hayan soñado a las primeras computadoras personales como la droga más demoledora, como la más peligrosa lisergia (la historia cuenta que IBM los rechazó). Sin embargo me entusiasma alimentar ese mito.
Me hace muy bien poder pensarme como una de las tantas fallidas consecuencias de la psicodelia digitalizada.

¿Qué sentido tendrían el Enterprise, el Nautilus, el Mach 5, el Halcón Milenario o el Súper Convertible del Profesor Locovich si su destino fuera exhibirlos en una tarima?

No son monumentos (o al menos no lo son en el sentido tradicional): son proyectiles habitables que nos proponen otra aventura.

El Señor Spock o Han Solo no inventaron sus naves. Rick Hunter no es el creador de los Veritech pero sí quien los llevó más lejos. Un buen piloto reconvierte los usos de su nave. Por ninguna otra razón Duchamp sigue resultándonos tan célebre.

¿Qué tan lejos podés viajar si salir de tu habitación?
Raymond Roussel, gigantesco viajero (¿vieron imágenes de su temprano motorhome?) adscribió al mito de haber recorrido el mundo sin moverse de su camarote (ver al planeta como una sobreextendida sucesión de puertos desde un ojo de buey). Con una laptop o un iPad hace rato que tus viajes pueden elevarse al cubo.

Hoy no propongo otro nonálogo, sino más bien cinco rápidas anotaciones sobre qué sigo entendiendo por viajar en tiempos de web. Voy por los verbos en infinitivo.

1. Resignificar el soporte. Tonta paradoja: lo que nos interesa es la música, no el instrumento. Podés tener tu piano favorito (con el que sentís más empatía) pero lo que más interesa es lo que hacés con él. Que tu fetichismo no te encapsule. La web es parte de tu libido. En el más impecable sentido mcluhaniano, la web es nuestra continuación por otros medios. Como quiso Mara Ballestrini en ¿Paréntesis Gutenberg?, si nuestro cerebro ya es una máquina de remixar, pues entonces ¡remixemos! No te veo sólo en vivo y en directo, sino que te conozco desde la red. Para saber quien sos, te googleo: tu primera carta de presentación es la que veo desde mi laptop.

Con el tiempo sigo completándote desde la web. Si la web es tan intima como cualquier otra prótesis, sería idiota suponer que mi percepción del mundo –y el modo en el que los demás me perciben- no depende de ella.
Imprimile tu estilo.

2. No detenerse, perderse otra vez. No estaciono nada en Facebook. Ni en la decena de portales mas visitados. Al revés, mis apetitos sicalípticos se regodean en las fluctuantes identidades de los blogs, en los jadeos de miles y miles de twitters, en las instantáneas de infinitos flickrs y fotologs. Los gestos pueden repetirse, pueden fatigarnos, pero siempre nos abren a otros y otros que nos dinamitan de placer con sus divinos detalles. Ya sabemos: la diferencia entre un viajero y un turista es que el segundo siempre está pensando volver a su casa. Como Roussel en su primitivo motorhome, prefiero ser mi propio gasterópodo.

3. Wonderland está por todas partes. Y en el lugar menos previsible. Lo más satisfactorio de los atajos son sus defectos medulares: la meta puede presentarse donde menos lo esperabas. Ningún mejor aprendizaje que nuestra intuición de tags.

4. Envejecemos más rápido que los soportes. Es algo que me parece patético muchas ideologías de las ciberculturas. ¡Dale tiempo a la plataforma! Si medimos tanto software y hardware desde nuestra maldita impaciencia o inseguridad de tener algo nuevo que decir cada día, lo seguro es que ya nos estemos privando de fabulosos recursos. Hay que aprender de Keith Richards: seguramente la mejor Telecaster tenga varias décadas de añejamiento. La web nunca nos hace esperar tanto.

5. Erótica de la infoxicación. No voy a redundar porque sí. Te recomiendo estas dos entrevistas a Kevin Kelly (otro Wired) realizadas por Andrés Hax. Ésta es una (click acá) y ésta es otra (click acá).

jueves, 28 de octubre de 2010

La abuela de la tecnología que rige al mundo sigue llamándose ficción

La tecnología existe ante todo para ratificar la ficción


¡La caverna de Platón fue el primer gran reality!

Si me fascinan las tecnologías (especialmente las digitales) es porque las observo desde una perspectiva estética. No es que me interese especialmente el diseño en su seducción visual, sino que me entusiasma seguir rastreando el origen de toda tecnología en una obra de ficción previa.

La tecnología existe para ratificar una ficción. Esa es su función más atractiva.

Generamos tecnología para que una narrativa de ficción transforme su protocolo. Ya vimos Skype a fines de los sesentas. Ya existía en 2001 la Odisea del Espacio. La función de la estética (en tanto gnoseología) es reeducar nuestros sentidos. Lo que llamamos tecnología también debe ser analizado estéticamente.

Lo que llamamos ficción (el concepto de ficción) es un invento moderno. Igual que el concepto de tecnología. No existe mayor epistemólogo que Giambattista Vico. La ficción es la que garantiza una tradición.

Y la sensación de perduración y progreso que guían lo que llamamos Humanidad.

Las catástrofes también suceden antes en la ficción: se las llama distopías.

Fue al comienzo mismo de las vanguardias. No sólo los Futuristas, sino también Picabia y Duchamp comenzaron a retratar máquinas como si fueran obras de arte. Al contrario que sus colegas soviéticos, a los citados europeos no les importaba tanto que sus máquinas no funcionasen. Al fin de cuentas eran pura representación. Las máquinas se volvían menos invisibles que nunca. Se transformaban en puro fetiche, puro deseo.

Warhol deseaba actuar como una máquina. Ser observado como una máquina. ¡Edipo Kraftwerk! El tiempo pasa y nos vamos volviendo cada vez más máquinas. Máquinas sobre el escenario.

Máquinas observando a máquinas.

Cuando ingresamos a un Metaverso como Second Life sabemos que seremos observados como un diseño, como una pura representación gráfica: como el producto de una máquina.

Alberto Ginastera pidió a Marta Minujín un diseño de puesta para su Bomarzo (ópera inspirada en la novela de Manucho Mujica Láinez). Minujín le presentó una invasión de televisores (televisores en vez de músicos, televisores en vez de público). ¿Televisores en vez de Ginastera? En los estadios, el público casi no ve a los músicos sino a través de enormes pantallas.

Aprendimos a no tenerle miedo a la mediación porque crecimos con la televisión. Si Debord hubiera tenido la suerte de crecer con la televisión hoy utilizaríamos mejor gran parte de nuestras paranoias.

El arte creció con la televisión y al revés también: la tele tomó bastante del arte. Si hubiera tomado más del naciente arte contemporáneo, la televisión sería ahora una experiencia interesante. Por ninguna otra razón, antes de cerrar definitivamente el Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella Romero Brest intentó convertirlo en un estudio de experimentación televisiva.
Esto sucedía en 1969.
Por la misma época que el hombre pisaba la luna.
Y nosotros lo veíamos por televisión.
Y seguimos dudando si esas imágenes eran realmente lunares.

¿A qué llamamos ficción?
A las narrativas fuera de tiempo.


Al fin de cuentas, hablar de lo que sucede en la televisión supone al menos una tercera parte de los contenidos de la sociabilidad contemporánea.

¿Una pintura no era acaso –desde el renacimiento, al menos- una pantalla? Un cuadro es una pantalla, esto lo supo muy bien Rhod Rothfuss. Las ventanas fueron las primeras pantallas. Bill Gates y Microsoft no se confundieron cuando bautizaron a su bebé.

¿Existiría el Pop sin la tele?
Mejor dicho ¿existiría el pop sin la reformulación de los imaginarios televisivos?

Tom Verlaine nos enseñó que sus iniciales eran la clave de su banda, pioneras del punk si las hay. No es raro que uno de mis grupos predilectos de los últimos años se llame TV on the Radio. Entre unos y otros, Phychic TV, Genesis P. Orridge y el T.O.P.Y.
Nuestra educación sentimental se funda en estos rayos catódicos.

martes, 31 de agosto de 2010

Esto no es ni un ensayo ni un apunte

Odio que utilicen el espacio de los comentarios para contactarme. A partir de ahora comenzaré a borrar sistemática y militantemente todos aquellos comentarios que no refieran a los temas tratados en los posteos.

Es cierto, muchas veces suelo tardar en contestar los mails. Recibo muchos y cada vez tengo menos tiempo ocioso. No es una buena combinación. Pero es la que vivo y de algún modo soy feliz así.

Paciencia con los mails que me envían. Suelo leerlos todos y tenerlos en cuenta. Hace rato que estoy bastante sobrepasado, y suelo perderme muchas cosas que me gustan e interesan. Incluso de postear, que me hace bien, me equilibra. Puro footing mental. Escribir ensayos es lo mismo, pero con otros elementos. Parcelas de mis formas de estar en el mundo.

Escribo posteos (no son ensayos remozados, sino posteos) que tienen básicamente dos disparadores: links que voy recolectando (adoro navegar por la web) y fotografías que en su inmensa mayoría encuentro en la red y enseguida captan mi atención. Los comentarios de este blog están habilitados abriendo la posibilidad de diálogo sobre lo que me va interesando a cada momento. Son rastros, trato de saber de qué modo consumo información y qué hago con ella.

Victoria Lescano escribió un libro encantador, Prêt-à-Rocker. Su libro anterior también es una maravilla. Me encantó que Damián Tabarovsky acercara nuestras escrituras bajo un mismo síntoma: la información como derroche o don, una hipótesis que ya aventuró en la contratapa de mi colección de ensayos Contagiosa paranoia. (A propósito aclaro: la última versión de un texto mío es la única que tomo en cuenta.

Considero idiota abandonar un texto cualquiera en aras de originalidad, no repetirme o lo que sea. Lo que escribo es un rastro, algo que queda y que reutilizo tanto como se me da la gana. Todo lo que escribo es provisorio. La versión más reciente de cualquier cosa que haya escrito es una versión también provisoria, pero más cercana a mi actualidad. Si vuelvo sobre esas palabras es porque algo diferente quise hacer con ellas).

Mis posteos se repiten. Y siempre incorporo todo lo que me comentan. Me gusta pensar a la blogósfera como una comunidad de conversación. Estoy sumamente agradecido a todos los que me acompañan desde hace mucho tiempo en esta tarea. Diego de Instantes de, Fabiana de Artilunio, Ana de Mao y Lenin, entre algunos otros. Hay quienes experimento virtualmente como muy cercanos sin que nos comentemos mucho, como me sucede con un blog como Ciudad Multicolor (en todos los casos observen mi roll en la columna izquierda.) Me resulta fundante su valentía para avanzar entre conceptos de modo tan desenfadado.

Este posteo está siendo escrito de otro modo: sin la dirección rectora de links ni de imágenes. De las segundas sólo diré que me resultan excelentes disparadores para algunas ideas u ocurrencias que me están revoloteando desde hace un tiempo. Buenísimo el retrato de espaldas de Vicente Grondona de Rosana Schoijett, una amiga cuya producción admiro hace años. No sé si se acuerda, pero nos conocimos en un festipunk cuando todavía éramos teenagers. Me parece buenísima también la foto que mis editores de Caja Negra (Ezequiel Fanego y Diego Esteras) publicaron de la reunión que profesaron en la salida de La Revolución electrónica, de William Burroughs (ahí estoy, en el escenario del desaparecido centro Cultural Moca, junto al dúo de Pablos, Schanton y Martín. Mis reverencias a ambos y a los Cajanegra.

En términos de blogs, especialmente de este díptico titulado Cippodromo y Cippodromon, se trata de un mes muy singular: jamás había posteado tan poco. Al punto en que éste es el único posteo del Cippodromo en agosto. Por otra parte, cada posteo, los ocasionales lectores lo saben, obedece a una hipótesis en sintonía web. En éste no hay hipótesis alguna. Simplemente estoy acumulando algo de lo que dejé en el tintero. Un blog no sólo es una radiografía mínima de un cerebro, sino de la vida a secas. Todo lo insoportable que suelo ser se da cita en esta bitácora.

Ojalá estén terminando bien el mes.
Ojalá tengan un buen balance.
Por lo pronto, este posteo concluye acá.

sábado, 31 de julio de 2010

Webfiction

¿Sólo guerra sucia?
¿Nada más que lucro obsceno?


Cada día son más las denuncias que hacen foco en operadores políticos que utilizan la blogósfera, las redes sociales, Twitter y demás portales web para distorsionar, coaccionar y distribuir falsa información con fines tanto comerciales como políticos.

Un ejemplo, otro ejemplo. Y uno más (no hay político que no difunda su máscara en internet).
Operadores de diversas ideologías que actúan como gerentes de marketing y viceversa. Hace rato que el mimetismo es puro flujo en ambas direcciones. Pero ¿dónde termina la máscara y comienza el rol?

Desde empleados más o menos ocultos de las multinacionales de la comunicación a cibermilitantes de ocasión ganando terreno en una estructura partidaria.

¿Pero es sólo eso?
¿Identidades descartables, trolls politizados?
¿Discursos de sabotaje diseñados a medida?
¿No será que acaso esta nueva fauna de agitación navega en territorios digitales en tanto anfibios que mutan a velocidades impensadas generando otra presencia, otro impacto, otra locación de discurso?
Propagandistas intangibles para audiencias que se miden en bits.
En este escenario anfibio ¿qué grado de irrealidad tiene El Otro, cualquier Otro? ¿Todo el andamiaje especular que furiosamente pronosticaron los situacionistas sigue siendo tan sólo manipulación y sustitución?
¿Sustitución de qué?

¿Qué es lo ficticio?
¿De qué modo se intermoldean identidades, voces y contextos?
¿Vieron este video?

De hecho no es ninguna novedad que la web sigue redefiniendo nuestros conceptos y modos de ficción, al punto que lo formatos ficcionales que alimentaron la ecología de los medios durante medio siglo? Me refiero a ese paisaje virtual que sigue generando sospechas en la veracidad de hitos como la llegada del hombre a la luna o “ese terrible espectáculo que no tuvo lugar”, como denominaba Baudrillard a la Guerra del Golfo .
El deseo, el horror, las estéticas, no existe aquello que no atraviese ni sea atravesado por algún código fuente, que no obtenga referencia en la visualidad digital.








No resulta para nada sorprendente cuando crece el nivel de neurosis generada por las “interrelaciones digitales”. Contactos cada vez más mediados por la web.

Para los aún denominados nativos digitales la intimidad es impensable sin vinculación a alguna plataforma digital. No puedo dejar de pensar en un relato que Nicolás Bacal utilizó para su obra-CD 4440 veces vos.
Copio y pego un fragmento del texto que escribí para el bootleg:

“En octubre de 2008, Nicolás B. recibió un mail de un amigo en el que le advertía: “lo que voy a contar va en forma de ficción porque no quiero, o mejor dicho me cuesta, aceptar lo que pasó”. En una época en la cual una cuota altísima de nuestros modos de relacionarnos están mediados por la web ¿de qué material se componen nuestras ficciones? ¿de qué tiempo? ¿en qué se diferencian ficción y deseo? ¿cómo modifica la ficción a nuestros deseos y al revés?

La era de la información, ya sabemos, también lo es de la desinformación (o información distorsionada). No son otros los conductores preferidos de los neópatas o psicópatas de la red. Pero bien ¿cómo distinguir o radiografiar los límites entre información, desinformación o información distorsionada? ¿Acaso no se mueven como virus informáticos?

Mientras tanto, las teorías conspirativas siguen multiplicándose.
Pronto el concepto mismo de ficción será sospechado de conspirativo.

Con Webfictions o Ficciones de la Red no me refiero a relatos (en cualquiera de sus formatos, textuales, sonoros o en video) producidos para circular en internet, sino a las narraciones que utilizan (a la vez que alimentan) el desajuste entre las percepciones de lo ficcional y no ficcional en la web.

Una vez más ¿dónde comienza y dónde terminan los efectos de la web?

Prosigue el texto que escribí para la obra de Bacal: “(…) Lo cierto es que [el amigo de Nico B.] envió un mensaje de texto a su novia avisándole que estaba esperándola en la puerta de su edificio. Pero en verdad aún le faltaban dos cuadras para llegar, y necesitaba ganar tiempo mientras ella bajaba desde su departamento. [Inmediatamente pensó]: “Me pregunto ahora si buscar ganar tiempo, de la forma en que lo hicimos, es lo más cercano que vamos a estar a viajar en el tiempo”.

domingo, 9 de mayo de 2010

Porno Chino

¿Acaso no son cada vez más las parejas que se filman teniendo sexo? (ver).
¿Acaso no son cada vez más las filmaciones de parejas teniendo sexo que circulan por Internet? (ver).

¿Acaso el porno profesional no imita cada vez más en sus estéticas al porno casual, casero? (ver).

¿Acaso no es un fenómeno no tan distante al de los Fotologs y los Flickrs, donde miles y miles de personas nos abren las puertas de su intimidad? Si el erotismo prometía y se fundaba en un secreto, el porno todo lo habilita.
¿Acaso no crece la oferta de webcams sexuales? (ver).
¿Acaso no se multiplican las oportunidades de portales como CAM4, donde lo no sexual –otras intimidades- exigen un espectador porno? (ver).

Si el porno se define como la posibilidad de ver sexo, es el mismo sujeto porno (quien observa) el que sigue ampliando su apetito.

Todo comienza a verse con ojos –porno. Porque los ojos (nuestros ojos) siguen metabolizando la mediación de la imagen. ¿Acaso pronto no pueden ser masivos los lentes de contacto con realidad aumentada?
La realidad como otro videogame, entre otros. (ver).

Porno de prosumisión. (ver). Porno realizado por productores-consumidores. Si una noticia sobre el porno recorrió los blogs y portales web en estas últimas semanas esta fue los pedidos de los productores y estrellas de “películas para adultos” que, mediante Youtube y otros portales, pedían a quienes quisieran escucharlos que compren porno.
Trabajamos para usted. Queremos excitarlo y divertirlo”. (ver).

Vean este video. Y este. Lean sus reclamos. (ver).

Mientras tanto, las palabras siguen desplazándose: Confucio estaba en lo cierto. Nunca más escindidos los regímenes de visualidad y los de enunciado.

Vivimos el triunfo absoluto de la visualidad: la promesa de verlo todo nos invade. Prácticas como el Found Footage lo aprovechan: las filmaciones de cámaras de seguridad suelen ser un material fabuloso para reconstruir narraciones ahí donde nadie se atrevía a buscarlas. (ver).

La visualidad-junk se recotiza. ¿Acaso no hago nada distinto a proponer ver, ver, ver y seguir viendo?

Si el sexo era la posibilidad de reutilizar todos los sentidos, de perderse en caricias, olores, gustos, hace rato que hasta los sonidos parecen un epifenómeno de lo visual. La visualidad lo domina todo (aunque, con Martin Jay, advirtamos que cada vez se desconfía más en ella; pero esto, también lo sabemos, es transitorio).
¿Acaso el sexo virtual no es el triunfo total de la visualidad? (ver).

La imagen se disocia más y más del resto de los sentidos. Nos hace creer que los reemplaza. Que puede reordenarlos, enseñarnos el mundo (nuestro entorno) sin más que un desdibujado papel del resto.

Maffesoli insiste: la modernidad no ha podido refrenar lo indomable, lo brutal de nuestros más atávicos instintos. (ver). El sexo virtual (las experiencias en una plataforma digital 3D, en un mundo de software) lo reducen todo a un espectador que se quiere protagonista.
Es que ya no existe protagonista que no sea un espectador privilegiado.

Espectador, no necesariamente lector.
No se trata de la evolución de la Galaxia Gutenberg.
¿Acaso existe algo más privado que la lectura?

Mientras que exista representación, mientras podamos advertirla, el reinado de la imagen no será absoluto. El concepto de representación nos recuerda que existe algo más. Que existe algo representado.
Que no se nos valora sólo en tanto imágenes.
Quizá nuestra tarea (nuestro desafío) sea ayudar a nuestros otros sentidos a dar más batalla. (ver.)

Proclamar que todo no puede ser visto. Que el espectador-porno tiene sus limitaciones. Que clausura más y más posibilidades.
Porno sigue siendo, también, ver lo que ya sabíamos que íbamos a ver.
El porno fascina y seduce precisamente por y en su previsibilidad (el kamasutra agotó su catálogo).
Los vanguardistas clásicos clamaron por el erotismo por sobre la pornografía.
Cuando el erotismo no es sino una de las variables del secreto.

Reinventar la privacidad (ya que no existe nada más estratégico que la intimidad). Reinventar sus significados, usos y consecuencias.

domingo, 11 de abril de 2010

Qué bueno hacer found footage con tu cabeza

Ya agotamos al ready-made, a la constitución de un campo (apuntes de delimitación que inauguraron los antropólogos y reactualizaron los sociólogos), como también a ese constructo que alguna vez llamamos “industria cultural”, y asimismo exprimimos las nociones de género hasta convertirlas es un angustiante cementerio de formas.

Habitualmente, cuando los historiadores aciertan tanto con el presente no es que los tiempos envejecieron repentinamente, sino que nos mimetizamos más y más con el Coyote que ya no sabe qué otros probados recursos ACME poner en escena.

Es muy poco divertido observar como tantas miradas hegemónicas siguen aferrándose a instrumentos de museificación del presente, ahí donde todas nuestras conjeturas e hipótesis parecen exhibidas detrás de esterilizadas vitrinas.

Todo concepto no es más que un visor, un instrumento de navegación en una trama cultural, de la que forma parte y es producto. Lo cierto es que toda trama es movimiento, mutación, diferencia, y en algún momento los conceptos comienzan a producir más y más interferencia que no es más que interposición y mala interferencia frente a lo que tratamos de conocer.

Cuando se dice “campo cultural”, por ejemplo, momificamos muchas instancias de interacción con lo que estamos tratando de abordar. Como antiquísimas medusas petrificamos lo que intentamos observar. Cargamos de determinado sentido eso que nuestro deseo convoca.
En el peor de los casos el concepto se transforma en dogma, el regla de autoperpetuación de sí, y es entonces cuando trabajamos para alimentarlo, para engordar su gracia histórica, cuando lo monumentalizamos. Y ya no sirve más que como justificativo, cuando su función más deseada debería ser “poner en cuestión”.
Lo vivimos en carne propia en la lectura de esos documentos burocráticos (cuestionarios de aduanas) que son los papers, que invariablemente llegan más o menos tarde, pero siempre cuando la solidificación está en marcha. Aclaremos: el problema no son los papers, que como todo formulario resultan necesarios, sino su autoritaria circulación por fuera de su circuito.

Es el momento en el cual el concepto se transforma en producto, en el sentido más económico e industrial del término. Algo que constantemente las instituciones reclaman como destino.

Por ninguna otra razón resulta tan imperioso proteger a los conceptos inestables, aquellos que todavía giran sobre sí y presentan inestimables fugas. Conceptos que serían poco confiables en la construcción de un paper. Esos mismos que la gran mayoría de los referís epistemológicos clausuran como “débiles”, incluso improbables.

Fui invitado a presentar (hace muy pocos días, en el marco del BAFICI) el libro de Leandro Listorti y Diego Trerotola sobre el Found Footage, o cine encontrado.

Es súper recomendable. Se trata de la compilación de textos de autores diversos (Wolf, Bourriaud, Bernini, Eugeni Bonet, Oubiña, Oloxiarac, Subero, Marín, Galuppo, Andrés Di Tella, Pfaffenbichler, Félix-Didier y de los mismos compiladores)en los cuales vamos observando cómo la idea del Found Footage va tomando forma en los interrogantes que dispara. Escorzos, escorzos y más escorzos de una presa que todavía advertimos demasiado lejos de ser enjaulada. Seguiré con esto en próximos posteos.

Leandro Listorti: “La génesis del film reciclado es, en efecto, subversiva. Uno de los principales aspectos provocadores es el de llevar adelante una obra en la cual el sentido aparece en una instancia posterior a la del soporte material.

Una persona, por ejemplo, encuentra numerosos rollos de filmaciones caseras sobre un grupo de amigos homosexuales en California en la década del sesenta, y resulta inevitable intentar buscar (y encontrar) una forma para el hallazgo. Se altera entonces el orden establecido que formula una ecuación cercana a idea + operación = resultado, por el de resultado + operación = idea. Fórmula llevada al extremo por los ejercicios de Ken Jacobs o Joseph Cornell.”

Quiero retomar la última fórmula y, una vez más, quitarla de contexto. Porque si es que algo necesitamos es hacer found footage con tantos conceptos desechados. Simplemente encontrarlos, rescatarlos, operar sobre ellos y ¡voilà! que nos enseñen otros caminos.

Que cunda el found footage.

lunes, 15 de febrero de 2010

War Muses

El espectáculo afecta a tus sentidos (que son su alimento).
Canibaliza tu memoria. Establece todo tipo de vínculos y analogías.

Y cada vez más nos preguntamos ¿dónde sucede? ¿cuáles son sus límites? ¿cuál es su cuota de ficción?

Hace poco menos de treinta años Ithiel de Sola Pool diagnosticó un futuro de convergencias mediáticas: “Un proceso llamado “convergencia de modos” está difuminando las líneas entre los medios, incluso entre las comunicaciones entre dos puntos, como el correo, el teléfono y el telégrafo, y las comunicaciones de masas, como la prensa, la radio y la televisión. Un solo medio físico (ya se trate de cables o de ondas) puede transmitir servicios que en el pasado se proveían por caminos separados. Inversamente, un servicio provisto en el pasado por un medio determinado (ya sea la radio, la televisión, la prensa o la telefonía) hoy puede ofrecerse por varios medios físicos diferentes.

Por consiguiente, se está erosionando la relación de uno a uno que solía existir entre un medio y su uso”.

Durante mucho tiempo supimos dónde se desarrollaba el espectáculo ¿y ahora? En una época en la cuales los medios se multiplican ¿en qué sitio suceden los acontecimientos? Eco lo sabe: los soportes, más que almacenar información, la difunden cada vez más rápido. ¿Qué característica única guardan para sí las prácticas artísticas en tiempos de Cultura_RAM (Brea dixit)?

En los sesentas, Oscar Masotta declamaba la superación del pop citando a El Lissitzky y un “adelgazamiento tecnológico” de la materia. “Hoy los consumidores son todo el mundo, las masas –comenzaba la cita- “[y] la desmaterialización es la característica de la época.” Así el telégrafo había “adelgazado” la materia del correo postal, así la radio alivianó al telégrafo, etc. Concluyendo: “perezosas masas de materia son reemplazadas por energía liberada”.

Masotta sugiere que las prácticas artísticas más innovadoras surgieron de esta pérdida de peso.
Para muchos ya, con un iPhone, el antiguo espacio del museo está en cualquier parte; o mejor: en tu bolsillo.
Si la cultura web es pop, nada existe fuera del pop.
No existe ningún después del pop.

¿Escuchaste hablar o leíste sobre la “música reactiva” (reactive music) desarrollada por RjDj? ¿Estamos en condiciones de programar nuestras sensaciones? ¿Seguiremos llamando a estos gadgets drogas digitales? ¿Realmente el software es el futuro de los estupefacientes?
¿Acaso no se difunden cada vez más las drogas para avatares?

¿Cuánto falta para que proyectos como Sonic City realmente exploten?

Ya sabemos: no existe nada por fuera del espectáculo (Jean Duvignaud entendió lo que Debord aplazó: sólo existen espectáculos en guerra). El afuera es un recurso más, como cualquier otro. Ni más ni menos que un concepto.
También sabemos que la virtualidad (digital) no es lo OTRO de la materia, sino una de sus instancias, la que nosotros aún percibimos como de las más sutiles. Toda materia se nos presenta imbricada de virtualidad. Las prácticas artísticas viven este reacomodamiento: lo unplugged tampoco es lo que era.
No existe aún ningún después de lo digital porque su virtualidad es parte fundante de nuestra materia.
Y lo será aún cuando todas las máquinas fallen.


Acaba de estrenarse Buzz. Las redes sociales batallan entre sí ¿qué clase de espectáculo realizan los artistas en tiempos donde las reglas del espectáculo lo implican absolutamente todo?

Sigo leyendo el precioso libro de Jean-Luc Nancy sobre Las Musas.
“Según confiesan los propios fisiólogos, toda partición es insatisfactoria y exige el recurso a una noción de “integración sensorial”. Siempre aparece, por consiguiente, un momento en que la unidad sensual debe restablecerse contra la abstracción sensorial. A esto podrían responder, en apariencia, la unidad sinestética o las “correspondencias” (Baudelaire, Verlaine, Debussy, entre otros), precisamente reivindicadas en una correlación histórica evidente con la posición del “arte” en singular, (…) así como con la postulación del “arte total”.

LDF: "Ahora bien, el pensamiento de Nancy es una filosofía del cuerpo; la publicación de Corpus (1992) lo situó en un territorio clave para la concepción de una corporalidad densa y compleja, que no cae ni en las divisiones dicotómicas evidentes ni en exaltación intervencionista del cuerpo prefabricado (de las modelos a los bodybuilders) que aparece en algunos pensadores posmodernos como Jean Baudrillard o Gilles Lipovetsky. El cuerpo de Nancy se define por una dinámica del “entre“, por una materialidad plástica; Él mismo lo dice: “Un cuerpo es por lo tanto una tensión. Y el origen griego de la palabra es “tonos”, el tono. Un cuerpo es un tono. Ser un cuerpo es ser un cierto tono, cierta tensión. El alma es un nombre para la experiencia que el cuerpo es”. Por lo tanto, esta caracterización táctil que hace Derrida de la filosofía de Nancy resulta ontológica."

¿Acaso no vivimos en una época de nuevas correspondencias?
Es evidente: hasta las musas convergen
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domingo, 27 de diciembre de 2009

Avatar Revolution

Como nunca, el régimen de representación muta.
Durante siglos, la representación jamás sucedía en nuestro plano: no era más que una versión (el mismo término invención sigue denotando su cuota de falsedad).

Una representación (cualquier representación) delimitaba contextos –al punto que durante más de dos siglos la Historia del Arte se articuló en esta diferencia-.

Incluso en una película como Matrix los contextos-dimensiones permanecían bien diferenciados (ingresabas al software o salías de él: su visión de la tecnología –del par virtualidad / materia- no hacía más que proseguir las más ortodoxas coordenadas platónicas).

La tecnología digital vehiculizó siempre la virtualidad como anexo (una continuidad de la materia, una extensión en la cual las fronteras siempre resultaron implacables). Pero ¿esto sigue siendo así?

Es evidente: las relaciones entre virtualidad y representación ya no son las mismas.

El arte contemporáneo (una vez más) resultó el más prolífico territorio de pruebas. De hecho, no hay más que observar de cerca los discursos más conservadores y reaccionarios. ¿Qué es lo que reclaman? La radicalidad de esa separación. La no alteración de las diferencias: el boicot permanente a la predicción de William Gibsonen un futuro próximo ya no vamos a saber cuándo estamos adentro o afuera”.

El continuo resulta horroroso.
Vuelvo a ejemplificarlo del mismo modo: si un relato como La continuidad de los parques resultó en sus días tan efectivo es porque estamos formados culturalmente en la fundante separación de los planos.

Insisto también con la disponibilidad del avatar como nave de exploración anfibia en la identidad de estas fronteras. ¿Qué las sostiene? ¿Cómo defender hoy esta dualidad? El situacionismo demonizó el desbarajuste en los repartos de la ficción: refundó la noción de espectáculo como sustitución.
¿Y si un avatar fuera bastante más que un mero espectáculo?

Virilio: “No tenemos un cuerpo fuera del mundo; tenemos un cuerpo territorial, un cuerpo social (o socius), un cuerpo animal. El primer cuerpo es el mundo. Sin mundo propio, no hay socius ni cuerpo propio. En un primer momento, la técnica se volcó sobre el espacio exterior por medio de las vías romanas, de los grandes canales, de las vías ferroviarias, de las líneas de alta tensión, la infraestructura; y hoy en día va por la colonización del cuerpo animal. El cuerpo territorial es más importante que el social o que el cuerpo animal.

Si no hay territorio, no hay hombres. La primera mortalidad consiste en interrumpir la relación entre el cuerpo propio y el mundo propio. No hay ningún ejemplo de de un ser viviente, de un cuerpo propio, que viva sin un mundo propio.”

Ahora bien ¿de qué está hecho ese mundo?
Hace tiempo creo que el relato y análisis de las prácticas artísticas (las mismas que durante tanto tiempo se construyeron en las preceptivas más tradicionales de representación) debe practicarse desde la (supuesta) ambigüedad de una voz-avatar. Es decir, una voz proveniente de otro contexto. Es un desafío interesante al momento de intentar dejar atrás la voz institucional, es decir, la mayor de las trampas.

Ahora bien ¿un metaverso pertenece al mundo territorial o meramente al mundo de socius? En la respuesta a este interrogante se determina una filosofía de vida. No existe discrepancia ideológica más radical que la que se funda en este dualismo.

Baudrillard fue, ante todo, un moralista (como Sade): ¿cuál es el valor de la representación cuando la virtualidad avanza, invasiva, y tiende a borrar fronteras?

Decíamos hace tiempo que la realidad se encuentra cada vez más photoshopeada (nuestra percepción es la que imita a programas de edición como Photoshop).
¿De qué hablamos cuando hablamos de territorio?
El mercado sigue vendiendo lo inédito con discursos muy antiguos.

Jean Duvignaud: “¿Cómo destruir la explicación vulgar? Se nos dice: un individuo simula un personaje, construye su silueta y su imagen con restos de armas o trajes (como hacen los niños, en quienes el poder simbólico alcanza el paroxismo), se exalta y acaba creyendo que es el personaje que quisiera ser. ¿No habría más bien que considerar en otra forma el asunto de estas ceremonias mágicas o sagradas?”.

Un mundo propio: ¿con qué leyes?
¿Qué funcione de qué modo?

lunes, 30 de noviembre de 2009

Porno 5.0

¿Por qué los pornofans vienen inclinándose más y más por la incesante avalancha videos caseros (con todo el trash que éstas conllevan) que por las esmeradas actuaciones porno profesionales?

¿Es realmente paradójico que la actriz porno Tila Tequila provoque más morbo en sus supuestos videos caseros que en sus actuaciones profesionales?
¿Vivimos en la era Blair Witch Project del porno?
¿La ficción de intimidad puede más que la ficción como política?

Sin embargo, en el que quizá sea ¿el otro extremo? también arrasan (como es tradición) las porno-parodias: Devil´s films ya tiene su magrittiana versión de “This isn’t Twilight – The XXX Parody” (Esto no es Crepúsculo. La parodia XXX), con la pornostar Jenna Haze en el papel de Kristen Stewart. ¿Por qué el porno tiene que traducirlo todo? ¿Por qué busca la complicidad de la parodia?
¿no es desnudar el ridículo erotismo velado de esas películas?

¡Si hasta se parodian parodias porno! Si Kevin Smith es el autor de Zach & Miri make a Porno, el porno argentino contrataca con una versión cordobesa titulada Natatcha y Nino hacen una Porno (con Natacha Jaitt y Nino Dolce). ¿Trompe l’oeil de géneros? Smith parodia al porno, esta nueva reversión porno parodia ¡una parodia del porno!

¿Es parte del gen porno?
¿De una lengua porno que se va infiltrando, como su primo hermano el trash, acá y allá, en tanto jerga mutante?

En otro posteo nos preguntábamos cómo reinventar la obscenidad. Ya sabemos, es la pregunta pop por excelencia. No sólo en las estrategias de provocación de la infatigable Lady Gaga (¡que posó de hermafrodita!) sino de los Rammstein, que por el contrario, decidieron llevar el límite a lo menos sutil y más explícito (sin ir más lejos, su single se titula German Pussy).

Si ellos calzan el uniforme rocker por default (tanto cuero, tanta pose) el síntoma se extiende a sus propuestas porno. Es claro: cada pop tiene su porno: Madonna, Pet Shop Boys y Babasónicos, cada uno con su escuela.

¿Y la sobreabundancia porno no conquista, como nunca, la política en todas sus esferas? Leímos no hace tanto los análisis de Ciudad Tecnicolor sobre el porno-fascismo. Con las nuevas sobre Alessandra Mussolini, nieta del Duce, el juego no hace más que literatizarse.

Sí, sí. El porno está en todas partes. Hasta formatea los móviles. Leemos: “La compañía MiKandi ha lanzado la que publicita como la primer AppStore para móviles exclusivamente destinada al mundo pornográfico.

En principio para Android gracias a su plataforma abierta y no para iPhone, mantenido tan casto y puro -cerrado- como de costumbre, aunque se avanza que también podría llegar a los terminales jailbreakeados.” Una central porno en tu bolsillo.

¡Si hasta los trailers de videogames aceptan abiertamente las estrategias del porno más obvio! Veamos sino la propuesta del juego de carreras Blur, de Bizarre Creations (Gotham Project).

¿El porno vive una nueva etapa?
¿Acaso no vivimos en El Porno en la Era de la Información?
¿Porno intoxicado o infoxicación del porno?

Elemental, Watson: el porno no será jamás decisión unilateral del pornógrafo, de su industria y actrices y actores (y ahora menos que nunca), sino también y por sobre todo lo que obtenemos de la cantidad de efectos colaterales que provoca culturalmente. Con esto digo: si existe una cultura porno –y cada vez más politizada- se debe a las secuelas culturales que estallan muy por fuera de un ghetto de consumo (y producción).
El porno en estado web (incluso por fuera de la web).


Sin ir más lejos la blogósfera, en el vértigo de millones de incontrolables y proliferantes posteos-termómetro, pone en escena recorridos que nos sirven para husmear como nunca antes en “estados de cuestión”, que muchas veces resultan más precisos (y preciosos) que cualquier encuesta (despejado el vicio de unos pocos interrogantes mercadotécnicos para enfrentarnos a los disparadores menos previsibles). No existe mejor muestra que este posteo construido como una proliferación de links a otros posteos.
Porno desde la blogósfera.