Nunca sabemos si vas, venís o flotás: si hay un sitio para tu voz posiblemente sea la del autodesplazado, una voz nómade que parece desconocer tanto la quietud como la fijeza.
Hace rato que tengo la impresión de que debo aprender una y otra vez el arte de dejarme caer. Y que este pequeño vértigo sea todo lo contrario a cualquier marginación en tanto exclusión. 
En otra época pensaba mucho en ese “casi afuera” de Kracauer, del joven Caillois, de Faretta, que me parecía más creíble que Deleuze escribiendo sobre “máquinas de Estado y de Guerra” desde su puesto de profesor en la Sorbona (Badiou lo retrata magníficamente en El clamor del ser). Fui descubriendo que para recuperar a diario la adrenalina de escribir o teorizar debía intentar construirme una interminable sucesión de sitios incómodos. Tipos que admiro, como Gonzalo Aguilar o Raúl Antelo, pueden hacerlo desde la universidad. Ya sabemos, la taxonomía de incomodidad es muy extensa y sigo siendo malinterpretado en estos desplazamientos.
¿La sensación de caos que perciben algunos?
La incomodidad en los demás es un efecto secundario, jamás buscado. Tal como me interesa practicarla, la incomodidad o molestia es un cultivo exclusivamente en mi contra. En su introducción a Visión de paralaje Zizek cita a Alphonse Laurencic, inventor de un estilo de tortura psicotécnica inspirado en obras de artistas de las vanguardias históricas (Buñuel, Kandinsky, Klee y Dalí). Por edad, mi incomodidad se encuentra en el arte y la cultura contemporánea (o posmoderna, como muchos la llaman). Por ejemplo, uno de mis materiales de uso favoritos es la infoxicación, una de las pesadillas de nuestra época. Si existe un alivio o una cura, esta se encuentra en asimilar y alterar la enfermedad. 
¿Una exhibición razonada de las propias enfermedades?
Desde la adolescencia soy un esmerado propagandista de la “acción tauromáquica” que Michel Leiris se exigía como programa literario: investigar ese estado de vulnerabilidad sistemática. Las deficiencias propias sirviendo de combustible (eso que se inflama, incluso explota). Claro, necesité correr el Yo, ponerlo en otro lugar. Como ensayista full time, mi Yo está siempre “en objeto”. Digamos, no es un Yo en el espejo, sino reflejándose en otra cosa. Una versión inmanente y perversa de la noción de San Isidoro de Sevilla: reflejos sobre reflejos sobre reflejos. Bueno, ese destello es de lo más insoportable, de ahí la fatalidad de editarlo, de someterlo a una feliz distorsión.
¿La distorsión como máscara o forma de escape? ¿O las dos cosas?
Más exactamente como una distinta distribución de molestias. Es en este punto en el que me encanta que las piezas no encajen. Pero por sobre todo busco que ese desacomodamiento suceda en todas las oportunidades en un lenguaje muy claro. No me interesa inventar nuevas ininteligibilidades, sino bordear los desajustes que ya existen. No estoy muy interesado ni en los idiolectos ni en las jergas cerradas. Cuando intento un decir sucede en los discursos que ya conocemos. Para reutilizar una figura de Contagiosa paranoia, cavo, utilizo u ocupo una lengua conocida. Nuevamente el topo, el okupa teórico, bastante lejos de los creadores de sectas o logias.
¿Como diría Perniola, Contra la comunicación?
Cuando hablo de lengua me refiero al imaginario como lengua. A la potencia imaginativa de un idioma, no tan lejana a la concepción de mitologías de Barthes. La diferencia es que no veo en estas mitologías (o hablas) a ningún enemigo. La infoxicación está sobrecargada de mitologías que muchas veces funcionan como drogas, o tienen su efecto.
¿Hay algo de jesuítico en tu intención de colonizar, reutilizar o redireccionar imaginarios?
Si fuera así mis manuales de catequesis serían los textos de Enrico Malatesta, o esos castings fabulosos de libros como La intemperie sin fin de Oscar del Barco o una reactualización de La escritura y la experiencia de los límites de Philippe Sollers, sólo por citar libros que fueron importantes para mí en alguna época y vaya a saber cómo siguen funcionando en mi cabeza.
Pensándolo mejor, creo estar más seducido por cierta mística de Saulo de Tarso que por Ignatius Loyola. Mi mensaje sería “desacomódense” o bien “practiquen nuevos métodos de desacomodamiento”.
Pero ¿hay reglas en ese desacomodamiento? ¿O se trata de algo espontaneísta?
Por supuesto que sí. Desacomodarse es un arte. Es obvio que nos desacomodamos con respecto a algo. A ciertas construcciones de realidad, de cotidianeidad. A otras sensibilidades y percepciones. De ahí la importancia capital de la ficción en lo real. Repito: no la ficción DE lo real sino la ficción EN lo real. Tengo en mente la autonomía de la ficción nunca como un feudo, o como un gran depósito segregado. Al revés, como un pigmento indeleble que en proporciones discretas lo cubre todo. 
¿Esa es tu lección patafísica?
Puede ser. Los situacionistas alertaron sobre cómo lo especular devora infatigablemente a lo real, como los medios sustituyen lo real remplazándolo por una epidemia de imágenes manipuladas. Baudrillard fue más sabio en este punto: si los simulacros son manipulación, debemos aprender a utilizarlos. Sólo hay que saber hacerlo. Ya estamos lo suficientemente contaminados para intentar revertir el efecto. Enseñarnos como ecualizarlos, redireccionarlos. No existe realidad por fuera de la ecología de los medios. No olvidemos que Baudrillard fue una autoridad del Collège de ‘Pataphysique.
Lo especular no deja de tener sus imaginarios. Ese es otro de mis materiales predilectos.
¿Las figuras surgidas con las ciberculturas podrían ser uno de los ejes de este nuevo escenario especular?
De hecho lo son. Constituyen una de las bases más potentes nuestra retórica. Prosiguiendo los glosarios de Gilbert Durand, nuestra imaginación simbólica ya no puede escapar del imaginario expandido por el software. No implica intentar apologías al respecto: la sociabilidad de este siglo está mediada y reconducida por la informática. Las próximas generaciones seguirán avanzando en este sentido: ¿qué existe más cotidiano que encender una computadora? A esta altura es tan habitual como hablar por teléfono. El software es parte de nuestro paisaje. Como dice Virilio, somos víctimas del decorado.
Este cuestionario fue originariamente realizado para ser publicado en un proyecto de website (titulado Inercia polar, maquinación del infatigable Leroi) que de momento se encuentra “indefinidamente demorado”.
Kamishibai
-
"Los espectáculos tienen público de todas las edades aunque la convocatoria
infantil resulta determinante. "Deseamos alternar las funciones en espacios
c...
Hace 1 día


80 apostillas:
Todos somos incómodos con nosotros mismos. Depende entonces de cuánto lo aceptemos.
Y cuanto tiempo suceda ésto.
Hola
Siguiendo lo que dijiste en post anteriores, esa incomodidad puede deberse a esos otros yo que también nos habitan.
Un tumulto personal en guerra consigo mismo.
Me encantó el post.
Holaaaaa
Que bueno "el arte de dejarse caer".
Como tirarse en paracaidas.
Si Leiris habla de escribir como torear a mi me gustaría escribir como ser paracaidista.
La incomodidad termina por transmitirse y eso nos convierte en una especie de lectores de la incomodidad.
No es una novedad.
Nos sentimos molestos leyendo muchas cosas diferentes.
Por ahí la diferencia está en que esa incomodidad hacia vos aparece de otra forma.
Hola a todos
Charo
Buena palabra: aceptar. Si, negociar con la incomodidad, ser hospitalario con ella.
Abdul:
Es que la multiplicidad tiende a reprimirse. Posiblemente la incomodidad sirva para avanzar en estas direcciones plurales de búsqueda.
Ana
Todos "llegamosde improviso" desde el sitio que sea.
Lo mismo que decía charo, se trata de adoptar el gesto, de no desecharlo.
Yumber:
Sí, hay incomodidades que se transmiten, que son palpables.
Insisto: no siempre programáticamente.
Hola Rafael
A veces pienso que es exactamente al revés. Que estoy desacomodado y que fracaso en el intento de revertirlo.
Porque al fin de cuentas ¿estoy desacomodado con respecto a qué?
No hay nadie que esté perfectamente acomodado, sino que de alguna forma todos estamos desacomodados.
No busco desacomodarme ni acomodarme, sino siguiendo tus palabras, caerme pero sin hacer mucho ruido.
Que bueno eso de "taxonomía de la incomodidad".
Creo que podría ser perfectamente una metáfora de la vida.
Hola
Gracias a todos por sus comentarios.
Albinas ¿hay alguna forma de escapar de la ortografía? No creo.
El desafío a una regla es el reconocimiento de una regla.
¿Competir con la ortografía?
Bueno, el deseo siempre es caprichoso.
Por otra parte, no creo que exista enunciado alguno por fuera de la autoreferencia. Lo que existen son autoreferencias encubiertas o disimuladas.
La 'Patafísica es una logia, sin dudas, pero jamás excluyente o exclusiva. Todo lo contrario: el Status del Collège lo dice bien claro: todos somos patafísicos. Sólo que una gran mayoría aún no lo sabe.
Agua
El software está tan sobrextendido que nunca tenemos los programas correctos.
¿Qué clase de determinaciones tomamos con respecto a los programas que utilizamos?
Dexter
No se trata tanto de saber cúal es la regla, sino como transigimos con ella.
Coincido.
El software es una invasión.
Ya lo tenemos en el cuerpo.
Cada celular se parece más a una unidad móvil.
Hola Rafael!
Me gustó que nunca tenemos los programas correctos, hoy me siento así, me faltan más programas.
claro mol ya no quedan dudas los celulares son unidades móviles, más aún son nuestras prolongaciones como la pC (personal comp).
tambien me gusta esa sutil distinción de la ficción en lo real impregnandolo todo.
te escribo, salud
Hola Cippolini
Muy buen statement.
Leí tu reportaje en la revista G7.
Es saludable tu diferencia de discurso.
Me da mucha gracia esa insistencia patafísica.
Es marcar la diferencia: unos son licenciados, vos patafísico.
Me parece bien.
Me debo Gilbert Durand, pero concuerdo en que internet y la informática crean figuras culturales que van más allá de lo técnico.
Poco a poco vamos incorporando este index de neologismos a nuestro vocabulario cotidiano.
Hola a todos
Mol: el celular está aún en pañales. Nuestra comunicación ya no es la misma.
Menos aún la forma de relacionarnos con la información.
Pero esto sigue siendo diferencial.
Aún se siguen vendiendo millones de ejemplares de periódicos.
Quiero decir, la incorporación está lejos de ser homogénea.
Albinas:
Si, exacto.
Es densidad de máscara.
Como siempre y en todos los tiempos, pero mejor.
Lentamente por fuera de la inquisición de la identidad.
Agua
(que no tan curioso par conforman con Albinas).
Es cierto, sentimos vértigo a la independencia del programa, a su subjetivación que produce el eco inverso que mencionás: la amenaza de nuestra cosificación.
En cuanto a los arquetipos encubiertos en la versión unplugged, es que progresivamente ya no son mas que facetas de un mismo fenómeno.
Pronto será como decir: mi brazo derecho y mi brazo izquierdo.
Una extremidad unplugged y otra en conexión.
Monic
sigo debiéndote una llamada.
Espero hacerlo a la brevedad.
Beso.
Muy buen post.
Sería genial si de la misma manera en que hablás de los catálogos de raros, hicieras otro de precursores en desarreglos.
Una guía de desarregladores (??) de la historia.
Me encanta tu blog.
Saludo.
Qué palo para Deleuze!
Hoy por hoy Deleuze es establishment, es lo que utiliza como carta de prestigio la media académica.
Es cierto que con razón, pero muchas veces nos olvidamos que fue un profesor francés y no un marginal incorrecto.
Amamos a Deleuze, de todas formas.
Hola Poly
Algo habrá que hacer.
No sé si historiar la figura, quizá desarmarla (desarreglar a los desarregladores).
Hola Nimbo
Me conformo con la moderación.
Que gracioso escucharme decir esto, las proliferaciones deleuzianas comenzaron a aburrir en su hegemonía.
Como si no hubiera otros sistemas de pensamiento.
Hola Rafael
Nada mas quedía dejarte un saludo.
Las Trillizas de Oro.
Les falta Julio Iglesias.
Horacio
Otro saludo para vos.
Esta conducta (llamémosle así), con la que vivís día a día, es principio de amistad. Creo que la relación amistosa se basa en un darle al otro una incomodidad para que pueda preñarla con su pensamiento. Es decir, una contribución al movimiento, que creo ni más ni menos, condición de existencia.
Abrazo, Rafaél.
Pd: el post anterior contó con mi ausencia con el fin de contribuir a una congestión aún mayor al vacío. Ponele.
La incomodidad es múltiple y tiene grados. Quiero decir que todo puede ser incómodo respecto a la circunstancia.
Es un aspecto mimético y funcional
que toma su forma en la coyuntura exacta de un sujeto y su acontecer.
Me salió medio orteguiano este comentario.
Todos somos incómodos para otros.
La incomodidad acontece.
Nuestra felicidad es incómoda para X y X.
Y Q.
No te parece que nosotros también somos parte del paisaje del software?
Tenemos que buscar en nuestra capacidad de descontextualizar, o mejor dicho, recontextualizar, ésta constante lucha contra el lugar común, lo cotidiano, lo obvio.
No es eso lo unico admirable de ese posmodernismo que nunca dejo de ser moderno? Ese ma' si, que sea lo que Dios qiera, total Dios no existe, me tiro a la pileta y después miro si hay agua.
La cosa es mirarnos desde fuera, ironicamente, desdoblados, y en lo posible desternillados ante nuestras habituales obviedades.
Hola a todos
Gracias por sus comentarios.
Diego:
La amistad como incomodidad. ¿Cómo mensurar esa incomodidad? ¿Cómo no sobrepasar el límite de lo soportable?
No digo dialéctico, pero subsiste el par incomodidad / soportable.
Seguramente deberíamos referirnos a este último.
G.
¿Qué es, como nace lo incómodo?
Es el pequeño movimiento del yo. Quiero decir, jamás lo incómodo o molesto como dimensión social, algo generalizable, sino como una sensación impostergable, íntima.
Lean este posteo
malvisto.wordpress.com/2008/03/28/collage-10-mil-palabras
Creo que capta muy bien lo que intento decir.
Divino Trasher
Vuelvo sobre lo que escribí recién y sobre el comentario de Diego.
¿Dónde ubicamos al otro?
O mejor ¿de qué manera nos acercamos, en estas circunstancias, a la otredad?
Por lo pronto (e insisto, sólo en estas circunstancias) como parte de un decorado íntimo.
Mol:
Claro que si.
Dime cómo construimos ese límite y te diré quienes somos.
Sebas
Tus blogs pueden ser eso, también el Cippodromo: un intento por insinuar el giro y mirarnos desde otro escorzo.
Lo mismo, pero de otra forma.
Tag
Hace tantos años se instaló esa dicha ¿posestructuralista? de "el texto es el que habla", o "el texto despide su sujeto" (perdón por las comillas, las detesto, pero no puedo usar bastardilla).
El sueño no programado de alguna de las épocas de Tel Quel pero también de Literal ahora está aquí: voces, voces sin blogs, máscaras.
Me encanta eso. Cada voz / texto tiene un peso, a veces ridículo, otras aceptable.
Y esa breve oscuridad de tener que entender la referencia o quedarse afuera, como en cualquier abracadabra devaluado.
Es parte del juego.
Quizá la mejor parte.
A veces los comentarios de este blog dan vértigo.
Por qué será?
Me gustó mucho este post.
Felicitaciones.
Rafael muchas gracias por el comentario, y por la cita. Todo en uno, qué bueno.
Llevo visitándote un buen tiempo, pero esta vez me pareció brutal, porque justo estaba pensando eso; aunque pensar es demasiado: que me tiene perdido el tema de los decorados. Mi sitio incómodo es el insomnio, y desde allí veo qué pasa con la literatura. Me interesa el tema de la literatura que va hacia su negación, y desde allí se rehace. Era eso.
Y cómo funcionan las citas electrónicas.
un saludo,
Me gustan tus posteos, Andrés.
Es un honor que me hayas citado.
Mis reverencias.
Hola!!
Que bueno que hayan recomendado al Cippodromo y a Mao y Lenin en ADN!!
Una alegría!!
Una tristeza inconsolable lo de Dani The O.
Anita
Lo mismo digo.
Horma
Así es.
No hay consuelo.
No estoy muy de acuerdo con esto que todos somos incómodos para los otros. Me parece que las generalizaciones son excesivas y demuestran, con todo respeto, una soberbia mal entendida. Entender que vos sos "incomodo" para mi por ejemplo, realmente es muy pero muy ... si, eso, excesivo. La incomodidad está en uno MISMO, "un decorado de tu intimidad". Bien, Rafael. Fdo. Ada Inman, dramaturga contemporanea.
Que bueno ese doble uso de la cita.
Convocar al otro, comenzar un diálogo, darse cita.
Traerlo pero no para que nos garantice nadam sino para que converse.
Qué buena definición.
Hubo épocas en que no se hablaba ni de escrituras ni de géneros, sino que todo era texto.
Por suerte los blogs tienen post.
Menos pesados.
Le quitamos densidad a las cosas.
Ada,
Cómo evaluar la incomodidad que causamos en los demás? El reino de la presuposición no es el más aconsejable.
Nos hace crear fantasmas.
Además
tenemos que hacernos cargo de eso en todos los casos?
Guillo
La densidad sigue estando.
Las formas cambian.
Por suerte.
Nimbo
Se trata de dos formas ideológicamente encontradas de concebir la cita,
Sí, Rafael. No se puede ni hay que evaluar la incomodidad que EVENTUALMENTE podemos causar al otro. Salvo, obvio, que el otro sea para nosotros alguien que nos importa. Insisto y perdón si soy vehemente, esto de "soy incómodo para el otro" es no hacerse cargo. Porque en definitiva si soy incomodo para el otro, el que me tilda de "incomodo" es justamente el otro. Entonces, listo, no me hago cargo, total soy incomodo para el otro. Y todo esto nos lleva al "vacio" que nos hace renacer como el ave fenix. Fdo. Adan Inman.
Muy buen post.
A veces trato de conceptualizar el mainstream, y se me ocurre que la posición del otro es políticamente diferencial con respecto a zonas que sentimos mas desplazadas.
En otra época el mainstream era más exposición pero hoy no es así.
Hay muchas figuras indie con mayor exposición que otras de carrera.
Sin contar que el el indie hay también carrera.
En la suposición del otro desnudamos todos nuestros temores.
El software siempre es perecedero.
Como todo pero peor.
Creo que eso distigue a esta época.
Hola a todos
Ada o Adán, simpre tan Minghella
Coincido
el termómetro de la molestia o incomodidad es siempre propio
Tulsa
Ese tema me interesa de sobremanera.
Mainstream / Indie: la necesidad de esas categorías, como underground, o contracultura y su sobrevivencia y mutaciones.
Son viejos trastos mitologizados que merecen nuestra atención.
Preciosa frase:
nuestros temores son la suposición hacia los otros.
Wapo:
Nunca hablamos lo suficiente sobre el efecto de caducidad del software.
Sobre sus tiempos.
No conocía a Dani The O.
Pero estuve buscando cosas de él en la web y me parece un copado.
Que feo que alguien muera tan joven.
Ada Inman
Adan Inman?
Qué incomodidad te genero.
Las palabras generan incomodidad.
Los movimientos la generan.
No solo la intención que nos mueve.
La incomodidad no siempre es intencional.
Posiblemente sí en este caso.
Producimos incomodidad incluso por lo que no somos.
O por lo que creen que no somos.
Defraudar molesta.
Contra nosotros o contra quien sea.
Pienso en esto.
Cuando presentamos una nueva producción, una canción, un texto, una imagen o lo que sea, algo sucede. Defraudar, indiferencia, lo que sea.
Esa molestia rebota en nosotros.
Cuando causamos en los demás cosas que no queremos causar eso siempre es molesto.
La molestia excede la intención y siempre nos toca.
Hola a todos
Cualquier cosa puede ser objeto de molestia, ese no es el punto.
Hablo de otro tipo de pactos con la incomodidad, de un tipo específico de molestia que es consecuencia de lo incómodo.
¿Cuálquier incomodidad? Por supuesto que no.
Se trata de crearnos incomodidades productivas. Nadie dijo que sea fácil.
Recibir a la incomodidad puede tener por fin cambiarle el signo en vez de aceptarla docilmente.
En verdad la recepción de la incomodidad es lo que me interesa.
Insisto, de ciertas incomodidades.
Hay que saber cultivarlas, generarles trato.
Cultivar la incomodidad, de eso creo se trata la amistad: de levantar un decorado íntimo.
Abrazo, Rafael.
Un decorado íntimo de nuevas incomodidades amorosas.
Las hay de las otras, claro.
Nota:
Sobre los comentarios eliminados, nos remitimos a lo aclarado en la nota-comentario de los dos posteos anteriores.
Super interesante este post. Paisaje, visualidad y percepción de mundos. Recuerdo el problema que se le suscitó a los pintores de tradición europea para representar el nuevo mundo. Ellos, habituados a las luces y sombras de sus bosques... se toparon con el desafío de representar las llanuras: una simple línea en el horizonte, donde aparentemente no sucede nada. Y más aún, se vieron obligados a preguntarse: ¿cómo asimilar y ordenar la exuberancia bárbara imposible de la selva tropical?
Gracias Cece
Es el tema de una novela que adoro, Catatau, de Paulo Leminski: Cartesio-Descartes en el Amazonas y un cogito que explota en mil pedazos.
El paisaje como la mejor de las trampas.
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