La diversificación resulta absolutamente total, cualquier cosa puede ser arte. Pero atención: siempre que cumpla ciertos requisitos. El más importante requisito es su autonomía, garante de su protocolo.
¿Garantes quienes? Las instituciones, claro, que tautológicamente garantizan al artista que a su vez valida sus obras (ciertas prácticas artísticas) y también, en vertiginoso círculo autofágico, a las instituciones.
Todos los ataques que se realizan al arte contemporáneo provienen del mismo prejuicio: espectadores que necesitan (otras) garantías.
“¿Quién me garantiza a mí que esta cosa es arte?” me preguntaban, para nada calmas aunque risueñas, unas señoras frente a una instalación de Octavio Garabello Borús en una edición pasada de ArteBA en la que actué como jurado.
La escena se repitió después (casi idéntica) frente a otra instalación, esta vez de Valeria Maculán. Pero ya no se trataba de señoras, sino estudiantes de arte –así se presentaron- que no llegaban a los treinta años. “El arte hoy es una farsa que inventan los críticos y sus cómplices” me afirmaban. “Esto dicen entenderlo muy pocas personas en una suerte de conspiración”.
No debería sorprendernos que alguien como Baudrillard haya manifestado lo mismo en más de una ocasión. Ya escribí sobre esto, pueden consultarlo acá.
Sigo pensando como entonces, que si la paranoia (que como dice un amigo suele ser sabia) advierte una conspiración ahí donde nos cuesta aceptarla, lo mejor siempre es hacerse cargo y aprovechar el síntoma en propio provecho. “Sí, conspiramos ¿y qué?”. Ahora como en ese momento, me parece bueno recordar que conspirar significa, etimológicamente, respirar juntos.
Hay pocas experiencias más gratificantes que reconocer esa sintonía de vida. 
La autonomía redunda en especialización y cuando la especialización se alambica –cuando crea sus propios códigos, y más en una materia como es el arte- se vuelve inmediatamente sospechosa. ¡Pues bien, seamos sospechosos!
En lo personal, que mi actividad sea tildada así es básicamente un potente incentivo.
Hace un tiempo, con un criterio realmente idiota, las autoridades de un popular centro cultural de Buenos Aires propusieron una exhibición en la que cualquiera, con sólo presentarse, pudiera exponer su producción. Esto hubiera sido interesante y valiente hace más de cuarenta años atrás, pero ¿en tiempos de web?. Más aún: soy de los que insisten en recomendar efusivamente la lectura de los libros teóricos de Jean Dubuffet, tales como La cultura asfixiante (en una muy querible edición de De la Flor), o El hombre de la calle ante la obra de arte.
Recién decía que el último garante (y más potente) de la institución arte no es más que el artista, que aún goza de su aura. 
Quienes teorizamos y ensayamos sobre arte –ni que hablar los que practicamos la curaduría- siempre somos (con salvedad de los historiadores de arte, garantes por antonomasia de la autonomía) los más sospechosos y cuestionados. Íntimamente creo que es una de las intensas razones por la cual me dedico a lo que me dedico. Hace rato que pienso que realizar curadurías –al menos del modo en que quiero realizarlas, posiblemente muy diverso a la de la muchos de mis colegas- y entrometerme en los modos de hacer arte desde la escritura suele ser infinitamente menos cómodo que autodefinirse y ser reconocido como artista. Busco esa posición, la disfruto mucho aunque a veces también la padezco.
Los curadores que me interesan son generadores de contexto, y jamás intermediarios de nada. 
Por ninguna otra razón reniego categóricamente del mote “crítico de arte”. Soy simplemente un ensayista interesado en temas culturales y estéticos que se entromete con el arte de las últimas décadas porque admira cierta sensibilidad y sagacidad en las que éste puede manifestarse. Y en tanto tal, soy de los que proponen revisar y hasta fatigar la supuesta autonomía como un bien.
Wu Ming lo señala con contundente claridad en éste texto.
“Si queremos producir una cultura viva tenemos que comprender esta sensibilidad e incentivar intercambios e interacciones. ¿Qué hacer?
Acabamos de ver la primera indicación: cambiar los contextos. Sacar las historias de los libros, transformarlas en cómics, cortometrajes, páginas web, lecturas, conciertos de rock, videojuegos. La paleta del narrador de historias nunca ha tenido tantos colores, ¿por qué tenemos que seguir usando sólo uno?
La segunda indicación no puede ser otra que: crear mundos, como decíamos en el segundo artículo de esta serie.
Henry Jenkins, profesor del MIT y autor de Convergence Culture, sostiene que el comportamiento de un fan es una extraña alquimia entre fascinación y frustración. La mitología griega es tan compleja porque al encanto de las historias principales se unía la frustración por detalles no aclarados, personajes secundarios demasiado sacrificados, ramificaciones posibles pero apenas esbozadas. Pues bien, un mundo nuevo te fascina pero siempre es imperfecto e incompleto, y por tanto genera la sana frustración que empuja a completarlo y a menudo a mejorarlo.”
Pongamos por un momento entre paréntesis lo de “narrar historias”.
En todas las prácticas admiro esa posibilidad del “por fuera” y del fan.
Simplemente entender que si el arte sólo se sostiene en bienales, ferias, museos, becas, residencias, activismo político y galerías aburre.
Y que al mismo tiempo y en estos términos, ser imputando de conspirador tiene su gracia.
sábado 20 de junio de 2009
De mitologías, conspiradores y fans
Publicado por
rafael cippolini
en
12:33:00 PM
Etiquetas: asobi, curadurías, Descontextos, estética(s) del sentido, mitologías, Paisaje e Ideología, polemicas, política de fines, Statements
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42 apostillas:
Sr. Cipp, me ha dejado un link en el post Millones de Canciones, pero no puedo entrar. Puede darme algunas indicaciones para hacerlo, por favor?
Lautaro bF.
Estoy de acuerdo en que no está bueno generalizar con las actividades. Para simplificar hablamos de escritores y de artistas como si fueran todos lo mismo. A veces sus producciones son tan diferentes entre si que apenas se parecen. Ni que hablar de sus ideologías. Está bueno que cada cual trace su mapa.
No es una cuestión de artistas y curadores sino de cómo se posicionan frente a las instituciones en general y a la institución arte en particular. Si son sus servidores pasivos o si tienen una actitud crítica. Cuando te referís a los intermediarios yo entiendo eso, los que son empleados de las instituciones y obedecen sus directivas. Pero está lleno también de artistas que son tan funcionarios de las instituciones como los curadores en cuestión.
Hay que conspirar.
No conocía la etimología, me encanta.
Ahora más que nunca hay que conspirar.
Hola Cippolini
La autonomía se instala por una serie de pactos tácitos, pero que siempre están dictados por la educación.
Como espectadores fuimos educados en la autonomía y esta ya está en nuestra mirada. Es como una naturaleza que le exigimos a la obra.
Hola Lautaro bF
El link es correcto (lo acabo de probar) y va directo a los comentarios del posteo "El porvenir de la narrativa" en el cual le comento lo que sé sobre las actividades del megagrupo SúperSiempre.
Pero para tu comodidad te copio y pego acá lo que ellos mismos informaron en otra entrada del Cippodromo
"Tocamos el 2 de julio en Santiago Arcos Editor, enfrente de la facultad de Filosofía y Letras
19:00 hs. El disco sale el mes que viene. También hay presentación formal del mismo en el Malba el 10 de agosto, 20 hs. entrada libre y gratuita. (se recomienda fumar en casa) Gracias por su interés
COMISIóN DIRECTIVA de SUPER-SIEMPRE"
Hola Bondage Marta
Hay mucho reduccionismo, es cierto.
Para la mayoría de la gente un artista es alguien que pinta un cuadro, o alguien que aparece en la televisión, y no está mal, pero ya sabemos que no se trata sólo de eso.
Ese mismo tipo de reduccionismo lo realiza gente que se supone muy informada. Cada vez que escucho algo sobre la filiación de la curaduría con la sanación o actividades afines, encuentro la misma sospecha y malestar, la misma torpe ironía. No es que me moleste, simplemente señala una imposibilidad de mirada.
Soy consciente que gran parte de lo que se denomina práctica curatorial no me compete, como tampoco lo hace una buena parte de lo que se considera mundo del arte. Como soy de los que creen que jamás las partes hacen al todo, me reservo ese lugar de diferencia y preservación.
Un leve paso al costado.
Hola Saba
Las instituciones no son necesariamente enemigas ni perniciosas. Ese es otro prejuicio. Las instituciones bien pueden ser excelentes aliadas. Todo depende de sus políticas y quienes estén al frente. Una fundación independiente puede ser un bochorno y una delegación estatal un buen refugio, según las circunstancias. Todo depende del trato que se realice con ellas, de qué tipo de acción se planee en conjunto.
Hola Temo
Por supuesto que sí, siempre conspiramos. Pero como lo digo el texto linkeado, muchas veces nos adjudican conspiraciones a las que no pertenecemos.
Hola G.
Es totalmente cierto.
La post-autonomía también. Cuando digo instituciones me refiero a aquellas que garantizan la institución arte. No importa cuan políticamente independientes sean, sino sobre qué idea de arte avancen.
http://www.catedradatos.com.ar/2009/06/15/duodecimo-teorico-comunidades-virtuales-en-facebook-90609/
Mira los videos que hicimos que hicieran a propósito de la arquitectura de Facebook.
Sentimientos, apariencias, engaños, y diversión... eso es la cultura...
Habrá que investigar de dónde sale el oxígeno para acometer tal noble tarea.
Hola Sebas
Veré los videos.
Gracias por la invitación.
Hola Temo
Siempre se trata de encontrar el sitio justo. Aunque a veces no sea el apropiado.
Hola, Rafael:
Me interesa el “por afuera” que mencionás. Lo pongo en órbita con algo que estoy pensando estos días, y que es el valor de lo exótico para uno (será mi próximo post). ¿Qué significa lo exótico, en qué punto lo integramos y qué transformaciones se efectúan?
La curadoría tal vez sea una manera de apropiarse de lo exótico. Decir que es una conspiración de subjetividades me parece correcto, pero aun así, modesto. Me parece que es una confluencia más salvaje, un acercamiento impelido biológicamente; y también, una organización tan autónoma, y que responde a un impulso tan singular, que es inevitable la ambivalencia: el agrado de una afinidad (el respirar juntos/conspiración) y la necesidad de ventilar.
Por otro lado, y te lo pregunto de puro ignorante: ¿por qué el nombre de curadoría? ¿qué es lo que hay que curar/sanar?
Abrazo.
No creo que haya que confundir mundo del arte con arte. Son cosas diferentes. El arte suele estar reñido con el mundo del arte.
Fan y mito hacen una buena combinación. Pura irracionalidad, potencia y falta de límites.
Hola Diego
Es sólo una etimología de origen, curare, que refiere a la preservación, a la acción de preservar más que curar o restaurar. Cuando surge la primera forma de esta figura, conjuntamente con la de museo, a fines del siglo XVIII y progresivamente durante todo el siglo XIX, el curador era el que tenía a cargo un acervo cultural (un conjunto de bienes culturales), en todos los casos con una función pedagógica.
El curador era así un administrador de bienes culturales, quien proponía los planes necesarios para exhibirlos, comunicarlos. Como señalé otras veces, hablamos de tiempos en que el canon estaba en construcción. Actualmente, la figura del curador en muchos casos actúa aún como agente del status quo -es decir, seguiría preservando, pero de otra forma- o bien como cuestionador de ese estado de situación. En ambos casos, como dinamizador del mismo.
Soy de los que creen que así como en una película son imprescindibles un director y un guionista además de los actores, en el mundo del arte sucede algo parecido: en el mejor de los casos debería funcionar así, en una dinámica confluencia de roles. Por eso insisto que el curador, tal como me interesa pensarlo, no debe limitarse jamás al papel de intermediario. Por el contrario, es un creador de contexto indispensable.
Con respecto a la invención de lo exótico, me acuerdo ahora de un ensayo buenísimo de César Aira publicado en Rosario en los noventa. Veré si lo encuentro.
Te mando un abrazo
Hola Liz
El mundo del arte es el escenario del arte. Soy de los que creen que antes de ponerse a discutir qué es y qué no es arte lo mejor es poner manos a la obra y realizar expos, obras, intervenciones y acciones.
Haciendo una paráfrasis de William Carlos Williams, "nunca teorías, salvo en la acción".
Hola Trashermaster
Estamos totalmente de acuerdo.
Hola Rafael
Es una escena que se repite desde hace ciento cincuenta años. "Esto es arte", "esto no es arte", "quién lo dice". Desde los preimpresionistas. Desde que se estabiliza la autonomía del arte. El público no necesita garantía, sino que exige órdenes, mandatos. Una vez que absorbe el mandato, ya lo acepta. Es lo que pasa con la publicidad y la televisión. Metabolizaron el mandato.
Me encanta.
Todas las conspiraciones que recuerdo tienen mucho de secreto.
De oscuro. De solapado.
Y lo que vos planteás, al revés, es una conspiración impúdica, y hasta no planeada.
Hacerse cargo de la paranoia ajena. Lo vinculo con tu "tauromaquia teórica", con tomar el riesgo de ser fichado ahí done te están reinventando.
Llegué tarde a la presentación de Kacero!
Hola Dexter
¿No es fabuloso, por otra parte, que el arte sea esa convención que no se ajusta?
¿Qué no aceptemos jamás una definición, un contrato definitivo?
¿Qué hace tanto tiempo no hagamos más que merodear en torno a un objeto tan resbaladizo?
Precisamente creo que en esa incertidumbre radica su potencia.
Hola Napoleón
Sín ninguna duda está vinculado a la "tauromaquia teórica".
De eso se trata.
También con lo que recién le comentaba a Dexter: con una fina política de definiciones provisorias. Con escaparse de las trapas universales, de las fórmulas que se creen eternas.
Hola L.
Estuvo bien.
Kacero regaló obras entre los asistentes.
Una pieza inolvidable.
Hola Rafael,
Hermoso posteo.
Me gustó encontrar aquí, un espacio donde se articulan en una atractiva convivencia mitologías, fans, curaduría, crítica y la infaltable y productiva sospecha.
Personalmente me pasa que últimamente lo que más me atrae del arte es cómo llego, la más de las veces por "relatos" de fans o de ciertos espacios de la crítica, que no los describen, ni los interpretan ni los digieren para que sean comprendidos, sino que los recubren de "otros lenguajes", los engrosan, les otorgan otra densidad.
Estuve leyendo algunos párrafos en "Nietszche y la escritura fragmentaria" de Blanchot, y me parece que traza algunos sentidos que podrían compartirse con otros escritos aquí en este posteo:
Partiendo de una idea Nietzscheana del mundo como texto, Blanchot escribe:
"No hay hecho en sí, dice Nietzsche, siempre debe comenzarse por introducir un sentido para que pueda haber un hecho". Sin embargo, en nuestro fragmento, Nietzsche destrona al "¿quién?", no autoriza ningún sujeto interpretativo, no reconoce la interpretación más que como el devenir neutro, sin sujeto y sin complemento, del interpretar mismo, el cual no es un acto sino una pasión (…) El interpretar, el movimiento de interpretar en su neutralidad, es algo que no puede tenerse por un medio de conocimiento, el instrumento del cual dispondría el pensamiento para pensar el mundo. El mundo no es objeto de interpretación, tal como no le conviene a la interpretación darse un objeto, aunque éste fuese ilimitado, del cual ella se distinguiría. El mundo: el infinito del interpretar. Interpretar: el infinito: el mundo. Esos tres términos sólo pueden ser dados en una yuxtaposición que no los confunde, no los distingue, no los pone en relación y, en esa forma, responde a la exigencia de la escritura fragmentaria (...)
El texto entonces bien merece ser calificado de misterioso: no quiere esto decir que contendría un misterio que sería su sentido, sino que, si él es un nuevo nombre para el mundo -ese mundo, enigma, solución de todos los enigmas-, si es la diferencia que está en juego en el movimiento de interpretar y está en él como lo que en éste lleva siempre a diferir, a repetir definiendo, si, en fin, en el infinito de su dispersión (y en esto, Dionisios), en el juego de su fragmentación y, para ser más exactos, en el desbordamiento de lo que lo sustrae, afirma ese más de la afirmación que no se mantiene bajo la exigencia de una claridad, ni se da en la forma de una forma, entonces ese texto que ciertamente no ha sido aún escrito, tal como el mundo no ha sido producido de una vez por todas, ese texto, sin separarse del movimiento de escribir en su neutralidad, nos da la escritura o, más bien, por él la escritura se da como aquello que al alejar el pensamiento de todo visible y todo invisible, puede liberarlo de la primacía de la significación, comprendida como luz o retiro de la luz, y quizá liberarlo de la exigencia de la Unidad, es decir, de la primacía de toda primacía, puesto que la escritura es diferencia, puesto que la diferencia escribe."
Besos
No hay nada mas preciado para un fan que un buen mito. El fan es el guardián de la mitología contemporánea.
Hola Fabiana
Blanchot siempre me deja tieso. Me conmueve, me da vueltas. Hay algo que me gustaría llamar "distancia blanchotiana" que es un enigma de lo más productivo. Un enigma que produce. ¿Qué es Blanchot -cómo definirlo-? ¿Desde dónde habla?
Gracias por el texto.
Besos
Hola Dera
El fan sigue siendo menospreciado, hasta por el mercado, que lo respeta un poco más cuando se convierte en coleccionista (antes es un simple número, ningún sujeto). El mito resiste, aunque sigue siendo terriblemente sospechado. Al fin de cuentas, los mecanismos de verosimilitud apenas lo enfrentan, más bien lo esquivan.
Conspirar si, siempre
Si es arte o no a nadie le importa
pero tambien revisemos que hay "arte" en cualquier otro lado
ayer con Pierri Diulio en Destructivo Arte
--¿Habra que shockear hoy?
Maxinma: dejar la palabra "inquietante" solo,para las señoronas del arte que la usan como si fueran punks de la RDL.
Estimular un nuevo pudor, la ola XXX Victoriana!
Hola Rafael,
Coincido con vos en las sensaciones, en los efectos de transitar ese espacio oblicuo generado por los escritos de Blanchot. Esa situación enigmática desde y en la que se posiciona descolocando, ciertamente fascina. Más aún cuando en el caso del texto que cité retoma a Nietzsche.
Te dejo el link del sitio donde lo leí, buscando casualmente un enlace que luego incluí en mi último posteo. No recuerdo cómo llegué exactamente, el motor de búsqueda fue el ensayo y terminé allí.
http://www.con-versiones.com/nota0441.htm
Besos
El problema es cuando los garantes se transforman en usureros.
Hola Vincent
¿Cuál es la distancia entre shockear y perturbar? ¿Y entre perturbar y descolocar? ¿y entre descolocar y recolocar? El arte, en todos los casos, debería ser desplazamiento. En la era de la autonomía artística ¡buenos días señor Kant! lo que ingresa en el círculo del arte ¡hola, Señor George Dickie! Pienso que es un poco al revés, que las cosas que no consiguen entrar al bendito "círculo del arte", es decir, que no son acobijados en las ensoñaciones de su autonomía apenas son vistas, al menos que se transformen en pura provocación. No vi la expo de arte destructivo, pero ya el principio es pobre. Seguramente haya muchas obras buenísimas, pero la política y los Estados (y los brazos armados de los Estados) son sumamente sugerentes en las estéticas de la destrucción. Desde los tiempos del circo romano (y aún antes, tanto antes) pocos espectáculos más efectivos que la violencia y la destrucción. Hipnóticos. Tanto, que hasta huelen a conservadores.
Hola Oscar
El mundo del arte siempre tuvo su cuota de usura. Es parte de su régimen, no vamos a hacernos los escandalizados ahora.
Hola Fabiana
Gracias por el link.
Blanchot sigue siendo una experiencia impostergable.
Sí. Algunos críticos de arte hacen al arte más y mejor que algunos artistas. El desdén hacia los críticos ya es un clisé.
Saludos Rafael!
Hola Celeste
Para mí las causas son evidentes: los críticos ya no trabajan necesariamente con los mismos materiales (su campo de acción es muy distinto, en tanto práctica, al que tenían hace treinta años, sin ir más lejos) ni los artistas se limitan a las mismas herramientas.
En ambos casos son notorios los desplazamientos.
Besos.
Vincent cest Opio
Opio cest chic
chicodelia!!!
Hola Vicent
En la chicodelia tenés mucha competencia.
Conozco muchos y muchas que se afanan en el glamour de su chicodelia.
El arte-en-el-momento pasa por lo que vos decís pero... ¿cuál sobrevive? Es cierto que muchos artistas que hoy reverenciamos fueron despreciados en su momento pero, por suerte, sus obras permanecieron. Las obras de los fans, ¿dónde están? ¿en la web? ¿alcanzará?
Hola Sebas
Suelo aconsejar el giro: revisar la estrategia de un artista a partir de su dimensión de fan. La del fan es la devoción contemporánea más problemática. Necesitamos con urgencia más exploraciones en torno al binomio fan / consumo. Creo que en esta dialéctica anidan más prejuicios que en muchos otros nichos de la teoría cultural.
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